— ¿No sigues enamorado de tu
difunta esposa, Joe? De vez en cuando,
cuando pareces apartarte de mí, me da la sensación de que es por eso.
—Si me he apartado de ti en algún
momento ha sido porque no quería agobiarte con lo mucho que te deseaba... ¡y
porque no quería hacerle un daño potencial al bebé! Cuando esta mañana antes de
volar a Milán tuviste aquel susto, yo me quedé destrozado ante la idea de que
algo os pudiera pasar... a nuestro futuro hijo o a ti. Escúchame, Demetria.
Conozco mi corazón y en este momento te
pertenece a ti... ¡no a la pobre Sophia! Fue una tragedia terrible que ella
falleciera de la manera en la que lo hizo, ¡pero a quien yo amo es a ti! No
debes temer que vaya a mentirte sobre eso.
— ¿Durante todo este tiempo?
—preguntó Demi, apartando la mano de Joe de su cara. A continuación la sujetó con
fuerza—. ¿Me has amado durante todo este tiempo?
—Sí.
La preciosa sonrisa de él, su
deliciosa voz, así como sus increíbles ojos, provocaron que ella se sintiera
débil... e inmensamente feliz.
—Pero cuando te marchaste como
hiciste a la mañana siguiente, ¡me quede muy confundido! —continuó Joe —, Mi orgullo también se sintió herido, por lo
que no intenté encontrarte. Entonces, tres meses después, apareciste
milagrosamente... ¡y me enteré de que la noche que habíamos pasado juntos había
provocado que te quedaras embarazada! ¡Y me dio la impresión de que durante
todo aquel tiempo tú no habías hecho ningún esfuerzo para informarme de ello!
Tengo que confesarte que tuve la terrible sospecha de que el bebé tal vez no
fuera mío.
Te diré que me atormentaba la idea de que hubieras estado con otro
hombre tras la increíble noche que compartimos.
—Te hice sentir muy mal —dijo Demi, suspirando con arrepentimiento—, Pero no
pretendí hacerlo. Realmente quería ponerme en contacto contigo, Joe, pero estaba aterrorizada ante la posibilidad
de cometer otro error después de lo que me había pasado... cuando mi ex hizo lo
que hizo...
Aquella noche me trajo a la memoria muchos dolorosos recuerdos de
mi pasado, recuerdos difíciles que realmente me herían profundamente. Sobre
todo me hizo volver a sentir un viejo sentimiento de no ser suficientemente
buena. Ésa fue la razón por la que huí aquella mañana en Milán. Temí que, a la
luz del día, fueras a rechazarme y, por lo tanto, decidí ahorrarme el dolor y
dejarte yo primero.
Mirando a Joe a los ojos, relajó los hombros levemente.
—Mi madre había muerto no mucho antes
de que yo comenzara a salir con Hayden y mi confianza en mí misma se había
visto bastante alterada por su fallecimiento. Es la verdad. Creo que aquélla
fue la razón por la cual me engañé acerca de él. Simplemente quería que alguien
se preocupara por mí ya que tenía mucho miedo de estar sola. Pero tras estar
contigo jamás podría haberme ido con otro hombre, Joe...
¡jamás!
Él la miró entonces a los ojos
con una gran seriedad y preocupación reflejadas en la mirada. Entrelazó los
dedos con los de ella.
—Escúchame; jamás te rechazaré...
¡y no quiero que vuelvas a sentir que no eres lo suficientemente buena! No
tienes razón alguna para pensar eso sobre ti y no importa lo que pueda decir o
hacer otra persona. Eres una mujer encantadora y cautivadora. Y, aparte de tu
belleza exterior, es sobre todo la intensa belleza de tu alma la que me llega
al corazón, dulce Demetria.
Sin saber muy bien cómo contestar
a una declaración tan maravillosa como aquélla, Demi
se echó hacia delante y le dio a Luca un beso en la mejilla. Percibió la
fragancia a sándalo de la colonia de éste y sintió la suave, pero al mismo
tiempo dura textura de su piel. Ambas cosas creaban una sensual combinación.
— ¡No sabes lo que significa para
mí el oírte decir eso! Ahora... tengo algo que enseñarte.
Tomó su bolso de la mesilla de
noche y sacó de éste lo que pareció ser una fotografía en blanco y negro. Entonces
se la entregó a Joe y, una vez que éste la
hubo aceptado, se colocó un mechón de pelo por detrás de la oreja y sonrió.
—Ésta es una fotografía de
nuestro bebé dentro de mi vientre. Me la dieron en el hospital tras hacerme la
ecografía.
Joe se quedó mirando la fotografía
como si estuviera analizando el significado del universo. Un músculo en la
comisura de sus labios se contrajo levemente y Demi
se percató de lo afectado que estaba.
Ella misma había experimentado la
misma mezcla de sobrecogimiento y euforia cuando había visto la fotografía por
primera vez.
—Me preguntaron si quería saber
el sexo del bebé, pero dije que no... A ti no te importará esperar para
descubrirlo, ¿verdad?
Apartando por fin la mirada de la
fotografía, Joe miró a Demetria y
supo que sus sentimientos eran transparentes.
—No me importa, no. ¡Será mucho
más maravilloso descubrirlo el día del parto! Para mí es un milagro... ver
esto... —comentó, negando con la cabeza casi de manera reverencial—. Es algo
que creí que no vería jamás. Dios es bueno, ¿verdad?
—Sí, Joe
—contestó ella, sonriendo—. Dios es bueno, y yo sé que tengo muchas razones
para dar gracias por lo que tengo. ¿Por qué no te quedas la fotografía y la
llevas en tu cartera?
—Me encantaría —respondió él,
metiéndose la fotografía con cuidado en el bolsillo de la camisa.
— ¿No vas a tener en cuenta, ni
siquiera un poco, el que me marchara como hice aquella mañana? —quiso saber Demi.
—No... —dijo Joe, que pareció estar pensándolo—, Pero sí que
tendrás que recompensarme... y de la manera que yo elija.
—¿Oh?
Ella se percató de inmediato de
que él estaba tomándole el pelo. Sintió como le daba un vuelco el estómago al
sentirse embargada por un delicioso acaloramiento...
Joe se quedó mirando los botones de
la parte frontal del vestido de Demi y, uno
por uno, comenzó a desabrochárselos.
Cuando por fin levantó la vista,
la miró fijamente a los ojos.
—Quiero ver a mi mujer... a la
madre de mi futuro hijo... como Dios la creó.
Respirando
agitadamente, ella apenas se atrevió a mover un músculo. Aunque deseaba a Joe con mucha intensidad, le dio la bienvenida a aquella inesperadamente dulce faceta de éste con un profundo amor y excitación. La veneración con la que le desabrochó y quitó la ropa fue incluso más erótica que si se la hubiera arrancado movido por un apasionado impulso.
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