domingo, 10 de marzo de 2013

De Secretaria a Esposa capitulo 22





Demi se preguntó si Joe estaba todavía enamorado de su difunta esposa. Cuando éste había admitido que la noche en la que se conocieron había estado pensando en Sophia, ella había sentido como el dolor se apoderaba de su corazón. Se planteó si la profunda pena de él por la muerte de Sophia podría haberle conducido a sus brazos...

Joe e había preguntado si se había acostado con él por venganza, pero ella se planteó que tal vez él le había hecho el amor simplemente porque había necesitado un cierto consuelo físico y nada más. No sabía si se había imaginado la fuerte conexión física que estaba tan segura de haber sentido.

Se sintió invadida por el dolor y por una sensación de confusión. Se cruzó de brazos y se acercó a las ventanas francesas del dormitorio, las cuales estaban abiertas. Ni siquiera el embriagador y sensual aroma de los lirios blancos y de las mimosas que estaban floreciendo, ayudados por el cálido aire mediterráneo, lograron levantarle el ánimo. Se quedó mirando por la ventana con la mirada perdida y negó con la cabeza. 

Joe había sugerido que se casaran, pero no sabía qué futuro podía tener junto a él si el corazón de éste todavía le pertenecía a una mujer que ni siquiera estaba viva. Se preguntó a sí misma cómo iba a afectar a su hijo el crecer rodeado de una atmósfera como aquélla.

Cuando ambos habían estado en el patio, antes de que apareciera el ama de llaves, había estado a punto de confesarle que lo amaba. Pero había perdido la oportunidad de hacerlo y después ya no había sido capaz de reunir de nuevo el coraje para confesárselo. En ese momento se apartó de la ventana y se acercó a la cama, donde tomó una almohada de raso y la apretó contra su pecho. A continuación se dejó caer sobre el exuberante cubrecama. No sabía qué debía hacer.
— ¿Demetria?

Asombrada, levantó la mirada y observó que el objeto de sus reflexiones estaba en la puerta del dormitorio. Vio como Joe cerraba la puerta tras de sí y se acercaba a ella.

Pensó que con los bonitos andares que tenía él dominaba toda la habitación. Estaba segura de que podría cautivar a cualquier mujer con el simple magnetismo de su presencia. Tuvo que reconocer para sí misma que siempre le perseguiría un cierto halo de excitación... de peligro... una necesidad de descubrir lo que provocaba que un hombre tan enigmático como él se moviera, necesidad seguida de unas ansias silenciosas y muy intensas de saber cómo sería sentirse bajo sus maravillosos encantos cuando hacía el amor...

Ella sabía todo aquello porque aquéllas eran precisamente las sensaciones que había sentido al haberlo visto por primera vez. Y aquella misma combinación de hambre y placer, combinación que provocaba que sintiera como si se le derritieran los huesos, estaba recorriéndole el cuerpo en aquel mismo momento.

Prácticamente nada más haber visto a Joe, había detectado que había algo bajo la civilizada fachada de hombre mediterráneo de éste que indicaba que poseía un espíritu, una naturaleza, un poco salvaje. Y, aunque él poseía unos arrebatadores atributos masculinos, también gozaba de una gracia que le convertía en alguien aún más fascinante e inolvidable ante sus ojos.
— ¿Qué pasa? ¿Ocurre algo?

—No —contestó Joe, que al llegar junto a la cama la miró con una expresión meditabunda e inquietante—, Bueno... en realidad, sí. Sí que ocurre algo.
Tragando saliva con fuerza, Demi se quedó mirándolo y comenzó a pensar en un abanico de angustiosas posibilidades. La principal era que, después de todo, él quizá ya no la quería a su lado. Se volvió a plantear que tal vez todavía estaba enamorado del recuerdo de su difunta esposa...

—Quiero saber lo que ibas a decirme... cuando estábamos en el patio. No pude relajarme cuando te marchaste ya que las palabras que comenzaste a decir me han estado dando vueltas en la cabeza sin parar y no voy a tener ningún sentimiento de paz hasta que no sepa qué querías decirme.

Apretando aun con más fuerza contra su pecho el cojín color carmesí, Demi miró a Joe con los ojos como platos. Se sintió acorralada. Pensó que podía andarse con rodeos, mentir, o simplemente decir la verdad.
Y eligió hacer lo último.

—Iba a preguntarte... si no sabes lo mucho que te amo.
Alguien exhaló profundamente. Demi no supo si fue él o ella. Pero lo que sí que supo fue que el sonido de aquella exhalación rozó el aire como terciopelo.
— ¿Me amas? —preguntó entonces el padre de su futuro hijo.
—Sí... te amo.

Al no detectar ningún cambio en la seria expresión de la cara de Joe, ella se sintió invadida por un terrible y helador miedo, miedo a que éste estuviera a punto de rechazarla. Sintió como si todas sus facultades parecieran congelarse repentinamente.

Pero entonces él comenzó a sonreír y de nuevo a Demi le impresionó lo hipnótica que podía llegar a ser su azul mirada. No tenía defensas ante aquella expresión que provocaba el más profundo e inigualable placer en su corazón, expresión que la hacía ser más vulnerable de lo que jamás lo había sido en su vida.
—Eso está bien —dijo Joe.
— ¿Ah, sí?
—Sí. Ahora ya puedo relajarme, tesoro mío.

Antes de que ella se percatara de sus intenciones, él se sentó en el colchón y comenzó a acariciarle el pelo. A continuación se quitó los zapatos ayudándose de sus propios pies y Demetria sintió como un escalofrío le recorría el cuerpo de manera casi violenta.

— ¿No te importa? —le preguntó, susurrando—, ¿No te importa que te ame?
Joe se rió y el deliciosamente sensual sonido que emitió le hizo sentir a ella como si estuviera siendo abrazada por unas cálidas y suaves toallas tras haber disfrutado de un baño de agua caliente con sales perfumadas.

— ¿Te haces una idea de cómo se siente un hombre que había más o menos renunciado a la posibilidad de ser feliz al oír a una mujer que le importa mucho decir que lo ama? —preguntó él, apartándole a Demi el pelo de la cara.

 Entonces le acarició la mejilla con mucha delicadeza—. Yo me enamoré de ti el día de la fiesta, mi querida Demetria. Es cierto. Era una fiesta que no quería celebrar... pero al finalizar la velada me sentí contento de haberlo hecho... ya que gracias a ello te conocí.

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