viernes, 16 de noviembre de 2012

Seductoramente Tuya Capitulo 7





—Si no estuviera casado, seguiría teniendo el doble de edad que tú.
—Yo no estoy casado aseguró Sam, mirando a Demi con seriedad.
Todos rieron salvo Joseph y Demi, que no querían herir los sentimientos del niño.
— ¿Intentas ligar conmigo? Dijo ella, dirigiéndose a Sam. Normal en un joven tan atractivo como tú.
Aunque no pareció entender del todo el comentario de Demi, el niño pareció contentarse con haber captado la atención de Demi, la cual se dispuso a saludar al resto. No la extrañó ver al jefe de policía, Wade Davenport y a su esposa, Emily, que era sobrina de Caleb y había ido un curso por detrás de Demi en el colegio.
— ¿Qué tal, Emily? le preguntó.

—Muy bien, gracias Emily sujetaba un bebé de unos pocos meses en los brazos y parecía radiante de felicidad. Ya conoces a mi marido, Wade, ¿verdad?
Demi miró al atractivo y fortachón policía de unos treinta años.
—Hola, ¿algún delincuente peligroso últimamente?
—No desde que te detuve por exceso de velocidad la semana pasada replicó él, sonriente.
—Solo rebasé el límite cinco kilómetros Demi puso cara de puchero.
—Ibas a sesenta en una zona de cuarenta y cinco, y lo sabes repuso Wade. Te perdoné diez kilómetros para que la multa no fuera tan grande. La próxima vez no seré tan generoso.
—Wade, que acaba de salvar la vida de mi nieto terció Caleb. ¿Te parece necesario amenazarla precisamente esta noche?
—No era una amenaza... solo una advertencia.
—Advertencia captada Demi sonrió y le tendió una mano al policía. Controlaré la velocidad a partir de ahora. Sin rencores.
—Por supuesto Wade le estrechó la mano y luego apuntó a un chaval pelirrojo que estaba jugando con una Gameboy en el sofá. Este es mi hijo, Clay. Hijo, recuerda tus modales y saluda a la señorita Lovato.

Clay Davenport, al que Demi le calculó unos catorce años, se levantó a regañadientes por tener que dejar la partida a medias:
—Hola, señorita Lovato dijo estrechando la mano de Demi con solemnidad.
—Encantada de conocerte, Clay contestó ella. Dirigió entonces la vista a Claire, la niña de Emily, cuando Bobbie irrumpió en el salón.
—Hola, Demi. Me alegra que hayas podido venir. La cena está casi lista. Solo tengo que poner la mesa. Dame cinco minutos. Trevor, creo que he oído a Abbie llorar dijo sin apenas respirar.
—Iba a ir ahora a ver cómo estaba respondió Joseph.
—Te ayudo a servir la cena, tía Bobbie se ofreció Emily, al tiempo que le entregaba el bebé a su esposo.
— ¿Puedo hacer algo? preguntó Demi.

—Gracias, cielo, pero esta noche eres nuestra invitada Bobbie negó con la cabeza. Quédate con los hombres un rato y os llamaremos cuando esté todo preparado.
De modo que Demi se quedó en el salón con Caleb, Sam, Wade, Clay y la pequeña Claire. Sam seguía de pie junto a ella, mirándola fijamente.

—Ponte cómoda, Demi Caleb apuntó hacia el sofá. ¿Quieres beber algo antes de la cena?
—No, gracias Demi se sentó en un extremo de un mullido y cómodo sofá. Sam se colocó a su lado. Caleb se hundió en una butaca y Wade optó por una mecedora para él y su hija. Clay se tiró al suelo, totalmente concentrado en la Gameboy.
— ¿Cómo están Tara y Trent, señor Jonas? preguntó Demi, incómoda con el silencio que se había formado—. Hace años que no los veo.

Caleb pareció alegrarse de que le preguntaran por sus otros dos hijos.
—Tara y una socia han abierto un bufete de abogados en Atlanta. Tara se ha casado con un detective privado muy poco ortodoxo, Blake Fox, y esperan su primer hijo pronto.
Aunque Tara había ido varios cursos por delante de ella en el instituto y no se habían llegado a conocer bien, a Jamie no la extrañó enterarse de que se había convertido en una abogada prestigiosa. Siempre había sido ambiciosa, como su hermano, pensó
Demi justo cuando Joseph volvía con Abbie en los brazos. Se sentó en el extremo opuesto del sofá, junto a Sam, balanceando a la niña sobre una rodilla.

—Trent prosiguió Caleb se licenció en la Academia del Aire. Ahora mismo está destinado en California, pero espera que lo manden a Italia pronto.
—No creo que a su madre le haga mucha ilusión.
—Tienes razón Caleb rió. A menudo se queja de que todos sus hijos se hayan ido de Honoria nada más acabar el instituto. Está encantada con la vuelta de Joseph, por supuesto. Así puede ver a los nietos tanto como quiera.

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