miércoles, 28 de noviembre de 2012

Pasion Peligrosa Capitulo 7




— ¿Por qué no?
—Ya he dicho antes que me escapé de la fiesta para estar a solas unos minutos. No quería que nadie me viera.
— ¿Tenías miedo de que alguien pudiera seguirte hasta el solario? —preguntó Joe.
—No —Demi sabía que eso era una utopía—. Pensé que alguien podría ver la luz y sentir curiosidad. Además, era mejor observar la tormenta en la oscuridad.
—Entiendo. ¿Viste el cuerpo cuando te volviste para cerrar la puerta?
—Me resbalé y caí al suelo —asintió—. Por alguna razón miré al techo y descubrí su cuerpo colgando de una de las vigas de hierro.
Demi notó cómo se le quebraba la voz y empezó a temblar a su pesar.
La muerte no le era desconocida. En sus cursos de Investigación Criminal en Heathrow había enseñado a sus alumnos a analizar la escena del crimen y a observar a las víctimas de asesinato con objetividad. Después de graduarse había trabajado como interina en el Departamento de Policía de Worcester para completar su investigación y la tesis doctoral. Y apenas unos meses atrás había asistido a una serie de seminarios dirigidos por un investigador del FBI. Estaba acostumbrada al crimen. Vivía de cara al asesinato.
Pero cuando la víctima era conocida… alguien tan joven…
—Necesitaré tomarles declaración a todos —dijo Joe dirigiéndose a los Pierce, que permanecían apiñados detrás de Demi.
—Por ahora, prefiero que todos ustedes salgan de aquí —indicó Joe—. Necesitamos preservar la escena de crimen en el mejor estado posible.
—Me temo… —Demi hizo una mueca de disgusto— que ya hemos puesto en peligro el solario.
— ¿Alguien más ha entrado aparte de ti? —preguntó Joe.
—Entramos sin pensar en las consecuencias cuando Demi nos contó lo que había visto —explicó Drew—. Ella trató de mantenernos al margen, pero teníamos que asegurarnos de que la chica estaba muerta. Creímos que podríamos ayudarla.
— ¿Cuántos entraron? —preguntó Joe a Demi.
—Todos —admitió con pesadumbre.
—En ese caso, tendremos que comprobar las huellas dactilares de todos —y sacudió la cabeza con evidente frustración— También necesitaré la lista completa de invitados.
Se volvió hacia uno de los agentes uniformados que tenía a su espalda.
Asegúrate de que todas las salidas están cubiertas. No quiero que entre ni salga nadie sin mi permiso. Y no haré ninguna excepción —añadió mirando a los Pierce—. No me importan las excusas que puedan esgrimir.
—No esperará que todo el mundo espere aquí indefinidamente —apuntó Geoffrey Pierce, tío de Drew, con impaciencia—.Tengo cosas qué hacer.
— ¿A estas horas? —Demi le dirigió una mirada sospechosa—. ¿Qué clase de cosas?
Geoffrey no contestó y se limitó a permanecer de pie con aire de fastidio. Era un hombre alto, delgado, de pelo rubio y lacio. Pero no había llegado a la madurez en tan buen estado como su hermano mayor, William. Y no parecía tan compasivo como él. Era un hombre atractivo, al igual que todos los miembros de la saga, pero había algo en su expresión, una cierta crueldad en la forma de sus labios, que lo convertían en alguien siniestro y débil a un tiempo. Drew apoyó la mano en el brazo de su tío.
—El detective Jonas tiene razón, tío Geoffrey. Lo hemos fastidiado todo. Será mejor que no empeoremos las cosas —y se volvió hacia Joe—. Haremos todo lo que esté en nuestras manos para colaborar.
—Cuento con ello —afirmó.
Joe sacó unos guantes de látex del bolsillo de su abrigo y se los puso. Entregó otro par a Demi.
—Enséñame el cuerpo, Demi.
Lo primero que llamó la atención de Joe al entrar en el solario fue la temperatura. La habitación seguía helada pese a que Demi había asegurado que había cerrado la puerta exterior. Podía sentir cómo el frío traspasaba su abrigo, pero recordó que todavía tenía la prenda mojada a causa de la lluvia.
Mientras caminaba detrás de Demi y avanzaban hacia el fondo del solario, se preguntó si habría podido evitar la tragedia de haber aceptado el puesto de guarda de seguridad en la mansión de los Pierce. Probablemente, no. Hasta el momento, parecía que el presunto asesino había sido capaz de deslizarse hasta allí y desaparecer sin ser visto ni por los guardas de seguridad ni por los invitados. Eso sugería a Joe que el sospechoso era alguien que estaba familiarizado con la finca de los Pierce. Alguien que había accedido a la fiesta en calidad de invitado o que se había colado por la puerta trasera con ayuda de un compinche.
Pero eso no limitaba mucho el campo de acción. Habían acudido invitados desde todos los puntos del Estado. Y tan solo en Moriah's Landing la mitad de la población había recibido una invitación o había sido contratada esa noche para cubrir algún puesto específico. La verdad era que el asesino podía ser cualquiera. Joe, algo abrumado ante esa idea, se aflojó el cuello del suéter con un dedo.
El solario estaba repleto de plantas. Algunos helechos habían crecido hasta lo alto de la cúpula mientras que un laberinto de parras nervudas se había enrollado en las vigas del techo y caían hacía el suelo, alejándose muy lentamente de los rayos del sol. Había macetas colgantes que derramaban las hojas como una fronda perezosa y chocaban contra los hombros de Joe, que no dejaba de pensar en arañas. El ambiente dentro del solario era sofocante. Era como si las plantas estuvieran aspirando todo el oxígeno de la habitación.
Demi se había parado frente a él y lo miraba con cierta curiosidad.
— ¿Estás bien?
—Perfectamente —admitió de un modo sucinto.
—Esto está muy cerrado, todo rodeado de plantas —dijo y señaló a su alrededor con la cabeza—. ¿No serás claustrofóbico, verdad?
— ¿Claustrofóbico? —la miró con recelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario