sábado, 17 de noviembre de 2012

Amor Desesperado Capitulo 10 Niley






—Tienes un color de pelo inusual. Un precioso rubio rojizo —comentó Miley, acercándose—. Yo solía ser peluquera, así que me fijo mucho en el pelo. ¿Hace mucho que no te lo cortas?
—Mi padre lo tiene del mismo color —farfulló la voz tras un instante—. No me lo he cortado… —titubeó—. No me lo he cortado desde el accidente.
El tono plano e inexpresivo de la chica le removió las entrañas a Miley.
— ¿Unos tres meses?
—Sí —respondió la chica, sorprendida. Levantó la cara un poco—. ¿Como lo has sabido?
—Sé mucho de pelo —dijo Miley—, Pero lo que me haría falta saber es Análisis.
— ¿Vas a la universidad? —preguntó la chica.
—Sí —sonrió Miley—. Tengo veintiséis años y estoy en primer curso.
— ¿No fuiste cuando acabaste el instituto?

—No —Miley dudó. Ese miedo ya era cosa del pasado, no iba a pasar nada por admitirlo—. Creía que no era lo suficientemente lista.
La chica levantó la cabeza unos centímetros más, y Miley vio las rojas señales de cicatrices en su rostro. Esa visión la entristeció pero, al mismo tiempo, comenzó a hacerse preguntas. ¿Cómo había ocurrido aquello? ¿Qué tipo de accidente la había marcado así?

—Este es mi penúltimo año de instituto, pero no se si podré ponerme al día dijo, moviendo el brazo derecho, escayolado—. Soy diestra.
—Qué mala pata. Seguro que echas de menos a tus amigos.
—Hace tiempo que no los veo —asintió la chica.
— ¿No han ido a visitarte?
—No. Yo no…, no he querido que vieran las cicatrices. Son terribles.
Miley sabía que debería estar estudiando análisis, si quería llegar a entender las ecuaciones algún día.

«Y dejar que esta niña triste y solitaria siga sintiéndose así.»
No habría podido perdonarse abandonar la cocina. El Análisis podía esperar un rato. En cualquier caso, no lo entendía. Miley suspiró y se sentó junto a ella.
—Yo no tengo cicatrices. Tengo una marca de nacimiento justo en mitad de la frente. Es de color morado, del tamaño de una moneda grande. Mi madre me dijo que era un «mordisco de cigüeña», normalmente desaparecen con el tiempo, pero la mía no.
La niña levantó la cabeza, para mirar a Miley.
—No la veo.

—La magia del maquillaje —sonrió Miley, quitándose el maquillaje con la mano.
—Los médicos no saben qué pasará con mis cicatrices. Sólo dicen que tardarán tiempo en curar.
Miley vio las marcas rojas que cruzaban su rostro y tomó un sorbo de zumo para disimular las emociones que la inundaron. Pena. Enfado. Compasión. Intentó imaginarse cómo se habría sentido si eso le hubiera pasado a ella en la adolescencia. Intentó imaginarse qué palabras la habrían reconfortado, y no se le ocurrió ninguna.
— ¿Qué ocurrió? —preguntó.
—Un accidente de coche. El que me atropello estaba borracho. Él está bien.
—Bien hasta que Nick lo atrape. Y lo hará —dijo, sintiendo amargura ante tanta injusticia.
—Sí —la chica la miró y Miley creyó ver un destello de enfado en sus ojos.
— ¿Cómo te llamas?

—Lissa —respondió—. Lissa Roberts.
—Bueno, Lissa. Tengo algo de tiempo libre. ¿Qué te parecería un corte de pelo?
Treinta minutos después, Nick encontró a su clienta en el dormitorio de Miley. En la radio se escuchaba la voz de Fiona Apple. Los zapatos de Miley estaban bajo una silla. En la mesilla había un platillo con migas y una galleta solitaria. Sobre una revista había dos vasos de refresco a medias.

¿Una merienda? se preguntó, echando otra ojeada. El pelo de Lissa parecía distinto y notó, con sorpresa, que estaba hablando. Si creyera en la magia, habría pensado que Miley había embrujado a la chica.
Las dos estaban en el suelo, rodeadas de botes de maquillaje, pintalabios y sombras de ojos. Sentada con las piernas cruzadas, Miley pasaba algo que parecía un pincel por el rostro de Lissa Roberts.
—No será perfecto. No las cubrirá por completo —dijo, mientras disimulaba las cicatrices de Lissa—. Pero si te hartas de la rojez puedes usarlo. Siempre será mejor que intentar respirar a través del pañuelo que probamos antes.
Lissa emitió un sonido que parecía casi una risa. ¿Más magia? se preguntó Nick, mirándolas.
—Quizás debería irme a Turquía —dijo la chica—. Allí siempre van tapadas con un velo ¿no?
Miley  vio a Nick, y le sonrió de medio lado.

— ¡Hola! ¿Qué te parece el pelo de Lissa? Me ha dejado que se lo cortara.
—Está muy bien. Nunca me había dado cuenta del color tan bonito que tiene —dijo, pensando que nunca había visto a Lissa sin que tuviera la cabeza agachada. Su pelo siempre le había parecido apagado y descuidado.
—Estás son mis gafas de sol favoritas, estilo Audrey Hepburn —le dijo Miley a Lissa, colocándoselas sobre la nariz—. Para cuando te atrevas a salir a tomar un helado. O a ir al cine —añadió sonriente. Se volvió hacia Nick—. ¿Has acabado ya con la consulta?
—Sí, la señora Roberts está esperando en el estudio.
—Gracias, Miley —dijo Lissa.

—Ha sido un placer —replicó Olivia—. Me salvaste de estudiar análisis.
La madre de Lissa admiró su corte de pelo, le dio las gracias efusivamente a Olivia y se marcharon. Miley las observó desde la puerta.
— ¿Ganarás este caso? —le preguntó, sin mirarlo. Él notó la tensión de su cuerpo y la emoción de su voz.
—No hay garantías, pero es probable que consiga negociar una buena indemnización para Lissa.
Eso suena como el tipo de respuesta que tienes que darle a tus clientes —espetó ella, cruzándose de brazos y mirándolo a los ojos—. Quiero saber qué opinas de verdad.
El fuego de su mirada hizo eco en él. Estaba enfadada por el sufrimiento de Lissa. Él también, sólo que no dejaba que ese sentimiento lo controlara.
— ¿Quieres saber si voy a machacar a esa mala imitación de ser humano que casi mata a Lissa? Sí, voy a machacarlo.

—Bien —dijo Miley e hizo una pausa, moviendo la cabeza como si estuviera reconsiderando algo—. Después de la escenita de esta mañana en el porche, he intentado convencerme de que eras un cerdo insensible sin un ápice de ternura, romanticismo, o de cualquier otro rasgo positivo.
—¿Y ahora? —preguntó él, desconcertado por su declaración, pero aún así curioso.
—Sigo pensando que puedes ser insensible, y que si tienes un ápice de ternura o romanticismo lo escondes muy bien.

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