jueves, 30 de agosto de 2012

Errores Del Ayer Cap 22



Joe tomó el rostro de Demi entre sus manos.
— ¿Estás segura? Si no, dilo ahora, porque no sé si podré detenerme si cambias de opinión luego.
Demi reconoció el intenso deseo que revelaba su mirada.
—Más vale que no pares, vaquero. Eres tú el que ha hecho que me sienta así, de manera que será mejor que hagas algo al respecto.
Joe sonrió.
—Siempre apago los fuegos que enciendo.
Sus labios reclamaron los de ella en el beso más tierno y conmovedor que Demi había experimentado. Cuando sus lenguas se encontraron, cada célula de su cuerpo despidió chispas de placer. Disfrutó del sabor de Joe, se deleitó con las caricias de sus labios. Una seductora y provocativa excitación la recorrió.
Joe deslizó las manos desde su rostro hasta sus pechos. Cuando le acarició los pezones con los pulgares, Demi sintió que iba a arder.
— ¿Te gusta? —Susurró él junto a su oído—. ¿O quieres que pare?
—Por favor…

Demi apartó las manos.
— ¿Quieres que pare?
— ¡No! Si pararas ahora… no sé si sobreviviría.
Mirándola a los ojos, Joe le quitó lentamente la camiseta y la tiró a la silla. Sonrió y deslizó los dedos por el borde superior del sujetador, pero cuando se lo soltó y deslizó las tiras hacia abajo por sus hombros, la sonrisa se esfumó de su rostro y contuvo el aliento.
Se inclinó para besar cada pecho.
—Eres perfecta. Tan suave. Tan dulce.
Arrojó el sujetador sobre la camiseta y tomó las manos de Demi para guiarlas hacia los botones de su camisa.

—Tu turno, cariño.
Demi los desabrochó rápidamente. Anhelaba volver a sentirlo como aquella primera noche en el porche. Al apoyar las manos sobre su musculoso pecho, el crujiente pelo que lo cubría le cosquilleó en las manos. La sensación provocó destellos de excitación a lo largo de todo su cuerpo.

Cuando Joe le apartó las manos para estrecharla contra sí, la sensación de piel contra piel, el roce de sus pezones contra él le hicieron gemir. Convencida de que su deseo había alcanzado la culminación, dejó escapar un gritito ahogado cuando Joe apoyó ambas manos en su trasero y la alzó hacia sí. La evidencia de su dura excitación presionada contra su bajo vientre hizo que la sangre fluyera ardiente por sus venas.
—Joe…
La pasión de su voz excitó a Joe como pocas cosas lo habían hecho en su vida.
—Cuando dices mi nombre así me vuelves loco.
La besó, dejándole saborear su necesidad, la profundidad de unos sentimientos que ya no quería ocultar. De algún modo, encontró la fuerza para apartarla de sí y quitarse rápidamente la camisa. Luego se inclinó y le quitó las botas. Cuando la tomó en brazos tuvo que apretar los dientes para mantener el escaso control que le quedaba.
Cuando la dejó sobre la cama, comprendió que estaba más excitado de lo que nunca había estado en su vida.
—Querida, no voy a poder aguantar mucho más esto. Necesito sentirte entera y desnuda contra mí.
Mientras deslizaba hacia abajo los vaqueros y las braguitas de Demi por sus piernas, ella gimió su nombre. Nunca le había afectado tanto la excitación de una mujer. Pero lo cierto era que tampoco creía haber excitado nunca tanto a una mujer.

Una sonrisa satisfecha curvó las comisuras de sus labios. La respuesta de Demi a sus más mínimas caricias y la pasión que veía en sus ojos no eran algo que se pudiera simular. No necesitaba cualquier hombre. Lo necesitaba a él.

Aquel pensamiento envió una oleada de calor entre sus piernas. Tuvo que apretar los dientes para contenerse y, levantándose rápidamente, se quitó los vaqueros y los calzoncillos.
El primer impulso de Demi fue de cubrirse, pero la pasión que oscureció los ojos de Joe cuando la miró le hicieron sentirse bella y especial por primera vez en su vida.
Cuando lo vio ante sí completamente desnudo se quedó sin aliento. Joe era la muestra perfecta de un hombre en su plenitud. Sus hombros anchos y musculosos se estrechaban hasta un estómago plano y unas estrechas caderas. Cuando deslizó la mirada más abajo, su pulso se desbocó al ver su poderosa erección. Cuando alzó los ojos hacia él vio que la estaba mirando como si fuera la mujer más deseable del mundo.
En breves momentos pertenecería a Joe en todo el sentido de la palabra. Y él sería su hombre. Al menos por una noche.
Joe dejó bajo la almohada el pequeño envoltorio que había sacado del bolsillo de sus pantalones y se tumbó junto a ella. Cuando la atrajo hacia sí, cerró los ojos.

Nunca había querido satisfacer a una mujer tanto como a Demi, pero su cuerpo palpitaba de anticipación, y la tensión que latía entre ellos había transformado su sangre en un torrente de necesidad.
Demi deslizó sus curiosas manos por la espalda de Joe y éste sintió que sus pulmones dejaban de funcionar.
—Me encanta sentir tus manos sobre mi cuerpo, querida… —cuando Demi llevó los dedos hasta la curva de sus nalgas, un estrangulado y ronco sonido surgió de la garganta de Joe—… pero si sigues así, esto va a acabar muy pronto.

Sin saber cuánto tiempo más iba a soportar la tortura de tenerla abrazada sin dar el paso final, deslizó una mano entres sus cuerpos y apoyó la palma entre los muslos de Demi.
Sentir que ya estaba preparada para él y escuchar su sorprendido gemido avivaron aún más el fuego. Cuando se arqueó contra él, supo que no iba a poder aguantar mucho más.
—Tranquila, querida.
Sacó el envoltorio de debajo de la cama, se ocupó de su protección y luego separó las rodillas de Demi. Tomó sus manos y las sujetó a ambos lados de su cabeza.
— ¿Qué necesitas, Demi?
—A ti…
Parecía un poco indecisa.
— ¿Estás segura?
— ¡Sí!
Ante su apasionada admisión, Joe la reclamó suya de un solo movimiento. Pero su júbilo se transformó en consternación al sentir una inesperada resistencia y ver el destello de dolor que ensombreció la mirada de Demi.
Se quedó paralizado.
— ¿Qué diablos…?
Ella se mordió el labio y Joe sintió que su cuerpo trataba de resistirse involuntariamente a ser invadido. Ni siquiera se le había ocurrido pensar en la posibilidad de que fuera virgen. A fin de cuentas, Demi tenía ya veintiséis años.
— ¿Por qué no me has dicho que nunca habías estado con un hombre? —preguntó, preocupado por el temor de haberle hecho daño.
— ¿Qué te había hecho pensar lo contrario? —la voz de Demi fue apenas un susurro.
Joe vio que una lágrima se deslizaba por su mejilla. Se sintió como un completo asno. Encima de haberle hecho daño, sólo se le ocurría quejarse.
Manteniendo la parte baja del cuerpo quieta, abrazó a Demi y secó la lágrima con sus labios. Ella acababa de darle algo muy especial, y lo último que deseaba era que se arrepintiera de haberlo hecho.
—Lo siento, Demi. No merecías esto… —enterrado en ella como estaba, su cuerpo lo instaba a terminar. Pero él sabía que Demi necesitaba tiempo para adaptarse. Respiró profundamente para tratar de controlarse—. Si me lo hubieras dicho, habría tenido más cuidado.
—Estoy bien, Joe. De verdad.

Cuando estaba alcanzando el límite de su resistencia, Joe vio que los ojos de Demi se suavizaban y supo que el dolor estaba dando paso al deseo insatisfecho.
—Ahora voy a amarte, querida.
Se movió lentamente, atento al menor indicio de incomodidad por parte de Demi. Nunca había estado con una virgen. ¿Cuánto tiempo duraba el dolor? ¿Qué podía hacer para aliviarlo?
Pero cuando ella apoyó las manos en sus nalgas y lo atrajo hacia sí, el control de Joe se esfumó por completo. Se entregó a ella como ella se estaba entregando a él, y cuando sintió que empezaba a ponerse rígida, aceleró sus movimientos.

Cuando Demi gritó su nombre y se sintió envuelto en su placer, experimentó una satisfacción totalmente nueva para él. Solo entonces cedió a la fuerza de la necesidad que latía en su interior y, con un empuje final, fue poseído por el triunfo de su explosión.
—Ha sido increíble —murmuró Demi varios minutos después.
—Desde luego —Joe la estrechó contra su costado y apoyó una mano en su cadera—. ¿Estás bien?
—Estoy muy bien.

—Ojalá me lo hubieras dicho. Podría haberte hecho daño.
—Pero no me lo has hecho Demi le mordisqueó juguetonamente el hombro—. Además, ha sido mi elección.
Sus palabras fueron como una caricia para Joe. Demi había querido que fuera el primer hombre en su vida, y un repentino fuego en su interior le hizo comprender que él quería ser el último. La idea de que otro hombre tocara a Demi intensificó la llamarada de su cuerpo, impulsándolo a volver a hacerla suya para dejar de nuevo en ella su marca.

Cuando Demi deslizó una mano desde su pecho hasta su costado, abandonó toda especulación. Analizaría sus emociones más tarde. En aquellos momentos, la cautelosa exploración de la mano de Demi lo estaba volviendo loco.
—No seas tímida —dijo, animándola—. Te prometo que no voy a romperme.
Cuando ella lo tomó completamente en su mano y empezó a moverla delicadamente de arriba abajo, Joe gimió como si estuvieran torturándolo.
La mano de Demi se detuvo al instante.
— He hecho algo mal?
— ¡No! —Exclamó Joe, y se volvió paro sujetarla contra el colchón—. Lo estás haciendo muy bien. Demasiado bien.
Ella lo miró a los ojos, expresándole su necesidad, rogándole que acabara con aquella dulce tortura.
Su gemido de placer cuando Joe la hizo suya impulsó a este a darle todo lo que tenía. Y cuando sus cuerpos se fundieron para celebrar el gozo de su mutua liberación, ella se entregó a él en cuerpo y alma.

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