domingo, 29 de julio de 2012

La Inocente Novia Del Jeque Cap 23



DESDE el mirador había una vista espectacular del valle de Strathcraig y de las montañas. Rodeado por un espeso bosque, el castillo parecía desde allí un palacio de cuento de hadas. Abajo, en el valle, se veía el lago con forma de lágrima.
El silencio que abrazaba a Demi se vio interrumpido por el ruido del motor de un coche que llegaba

Un par de minutos después, efectivamente, vio llegar la limusina de Joe.
-Supongo que estarás preguntándote por qué quería verte -le dijo nada más subir.
-Sé perfectamente lo que ha ocurrido esta tarde -la contradijo Joe mirándola de manera intimidatoria.

Por un momento, Demi tuvo la sensación de que lo que habían compartido aquel día jamás había ocurrido.
-Yo no he robado nada -se defendió.
-Jamás justificaré un robo, pero, en tus circunstancias, entiendo por qué lo has hecho.
-¡Yo no he robado nada! -insistió Demi.
-Demi... yo mismo vi cómo intentabas robar una joya a lady Selena la primera vez.
-¿Cómo dices? -exclamó Demi estupefacta.
-Te recuerdo que había desaparecido un broche misteriosamente y que no aparecía a pesar de que Selena lo había buscado una y otra vez. De repente, tú lo encontraste como si tal cosa. Yo creo que lo que pasó es que te asustaste porque se había dado cuenta de que había desaparecido y lo volviste a poner en su lugar.
-¿Me estás diciendo que crees que cuando encontré el broche estaba mintiendo? -preguntó Demi consternada.

-En aquel momento, ni se me pasó por la cabeza, pero yo no creo en las coincidencias y te voy a ser sincero: cuando me he enterado de que el colgante de diamantes estaba en tu taquilla, me he acordado de lo del broche. Como tú comprenderás, me parece imposible aceptar que te hayan acusado falsamente de robo.
Aquello hizo que Demi se sintiera como si le hubiera dado un puñetazo en la boca del estómago, mareada y con náuseas porque ella, de alguna manera, había estado segura de que Joe sabría ver la verdad.
Ahora, se daba cuenta de que confiar en él había sido una completa ingenuidad por su parte.
-¿De verdad crees que soy una ladrona?
-Que sepas que no se te ha denunciado a la policía por la situación personal en la que te encuentras -contestó Joe con frialdad-. Quieres irte de casa y para eso necesitas dinero. Hoy sin ir más lejos me has dicho que tenías intención de irte de Strathcraig.
-Sí, es cierto, pero te aseguro que jamás se me pasaría por la cabeza robar una joya para financiar mi huida -se defendió Demi.

Le dolía la cabeza y tenía unas inmensas ganas de gritar y de llorar de frustración, de miedo y de dolor, se sentía horriblemente sola.
No había hecho nada malo, pero todo el mundo estaba convencido de que era una ladrona y la mejilla amoratada no hacían más que reforzar esa teoría porque justificaba que quisiera irse de su casa fuera como fuese.
-Tengo intención de darte el dinero que necesites para irte de tu casa -comentó Joe.
-No, gracias. ¡Jamás aceptaría dinero de ti! -contestó Demi mirándolo furiosa.
-Quiero ayudarte. Entiendo tu desesperación.
Demi  no podía soportar más aquella situación e intentó abrir la puerta, pero no pudo porque estaba bloqueada.
-Es por tu seguridad. Lo que te he dicho puede que no te haga mucha gracia, pero no soy tu enemigo -murmuró Joe.

-¿Cómo que no? Yo confiaba en ti, tenía fe en ti. Ahora me pregunto por qué. ¡No sé cómo demonios he podido llegar a creer que de alguna manera tú sabrías ver que yo jamás robaría nada! Y ahora me encuentro con que me acusas no solamente de haber robado el diamante sino también el broche. ¡Déjame salir del coche!
-Tranquilízate y no digas tonterías.

-¡No estoy diciendo tonterías! -gritó Demi-. No soy una ladrona y no pienso aceptar tu compasión. Supongo que quieres hacerme desaparecer porque te has acostado conmigo. Te aseguro que me voy a ir de Strathcraig, pero lo haré a mi ritmo y con mi dinero. No necesito nada de ti.
-Contrólate -le dijo Joe con frialdad.

Demi tomó aire varias veces, dándose cuenta de que, en realidad, no quería controlarse en absoluto porque, si su rabia disminuía, su fuerza disminuiría también y entonces, aunque odiaba a Joe con todo su corazón, corría el riesgo de mostrar el dolor que le había producido que la tomara por una ladrona.
-Lo creas o no, me importa lo que te ocurra -insistió Joe-, Si no fuera así, no te habría pedido que te casaras conmigo.

-¡No es verdad, no te importo en absoluto! -exclamó Demi.
-Quiero tener la certeza de que estás a salvo y en tu casa no creo que vaya a ser así. La decisión es tuya -dijo Joe dejándole un sobre al lado.-Es estupendo tener mucho dinero y poder irlo regalando por ahí, ¿verdad?-¿Estás dispuesta a denunciar a tu padre por agresión?-No 
-contestó Demi con vehemencia.-Entonces, no hay manera de protegerte de él. ¿Tienes algún familiar que pueda intentar hacerlo entrar en razón o con el que te puedas ir a vivir?Demi negó con la cabeza en silencio.-Tengo un hermano, Daniel, pero se peleó con mi padre hace cinco años, se fue y no sé dónde está. Desde entonces, no se ha vuelto a poner en contacto con nosotros.-¿Te llevabas bien con él?-Sí, cuando éramos niños nos llevábamos muy bien.-A lo mejor, podemos encontrarlo, pero vamos a necesitar tiempo. Me parece que lo único que puedes hacer ahora mismo es irte de Strathcraig y yo te estoy ofreciendo el apoyo que necesitas para hacerlo.-¿Qué apoyo? ¿Te refieres al dinero? Me has decepcionado -contestó Demi viendo satisfecha cómo Joe apretaba la mandíbula ante su condena.

-Me da igual lo que creas. Estoy preocupado seriamente por ti. Si te vas, quiero que me digas adonde vas.
-¿Por qué te iba a decir adonde voy si no crees absolutamente nada de lo que te digo? -le espetó Demi-. Te estoy diciendo la verdad, yo no he robado nada, no soy una ladrona. Y te repito que no quiero ni necesito tu dinero. Ya me las apañaré yo sola. Muchas gracias. Ahora, si no te importa, me gustaría bajar del coche.

Demi necesitaba desesperad amente dinero, pero no estaba dispuesta bajo ninguna circunstancia a aceptar el dinero de Joe.
Nada más poner un pie en el suelo, corrió colina abajo sin mirar atrás, diciéndose que no debía perder el tiempo recordando lo que acababa de suceder, pues sería un desgaste mental innecesario.
¿Cómo había podido ser tan ingenua como para creer que su príncipe iba a acudir en su rescate como en un cuento de hadas?
De repente, el mundo se le antojó a Demi un lugar lúgubre e incierto y la herida que Joe le había infligido era lo que más le dolía de todo.

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