viernes, 6 de julio de 2012

CUATRO NOCHES DE PASIÓN Cap 10 Niley




El Aston Martín entró en el garaje cuyas puertas electrónicas se cerraron con un imperceptible clic.
Atrapada
«Llévame a casa». Las palabras surgieron como un grito silencioso antes de apagarse en su garganta. «Tienes que superar esto», le dijo sin piedad una voz interior. «Piensa en Alexander, en Cameron».
« ¿Y quién piensa en mí?»
Nick  sacó el neceser de viaje del maletero y a continuación la guió hacia el vestíbulo interior de la casa.
Con creciente desesperación ella contempló las amplias dimensiones de la estancia, la escalera curvada con su balaustrada de intrincado diseño que conducía a la planta superior. Una araña de cristal pendía del alto techo y las paredes estaban cubiertas con finas pinturas. Todo el conjunto hablaba de un ambiente de gran lujo y prosperidad.
Nick dejó el neceser al pie de la escalera e indicó una puerta a su derecha.
-¿Te apetece una bebida?
Miley lo vio entrar en una espaciosa sala.
El pensamiento de una amable charla fingida era más de lo que podía soportar.
Toda la velada había sido una antesala al momento en que tendría que compartir su cama. No tenía ningún sentido alargar la espera.
-Si no te importa, preferiría ahorrarme los prolegómenos.
Estaba nerviosa. Él podía percibirlo en su voz, en el pulso que palpitaba en la base del cuello y sintió placer.
-¿Prefieres subir?
-Sí.
Nick sé encogió de hombros imperceptiblemente, cerró la puerta de la sala e indicó la escalera.
Tras subir y atravesar la galería con balaustradas, Nick la condujo a una suite lujosamente amueblada.
Miley entró en la habitación y se detuvo, incierta. «Piensa. Quítate los zapatos y las joyas».
Se quitó los pendientes con facilidad, pero a causa del temblor de los dedos no pudo abrir el cierre del collar.
-Déjame a mí –dijo Nick con calma acercándose a ella.
Demasiado cerca. Casi podía sentir el contacto del cuerpo masculino a sus espaldas.
Demonios, ¿es que para facilitar las cosas no debería hacer el papel de la seductora y arrojarse en sus brazos?
Los dedos tocaron la nuca e inconscientemente contuvo la respiración. Luego se separó cuando él le puso el collar en las manos.
Miley fue hacia el neceser y colocó las joyas en una pequeña bolsa. Cuando se volvió, él estaba detrás y el estómago se le oprimió cuando empezó a quitarle las horquillas del pelo.
Los dedos de Nick recorrieron la graciosa curva del cuello y ella sintió el toque a lo largo de la espina dorsal.
-Hermosa -murmuró Nick.
Y Miley tuvo que luchar contra el fascinante tono de su voz. Sería tan fácil volverse hacia él, besarlo y dejarse llevar.
Sin embargo, hacer eso significaría que ella toleraba su actitud y no había la menor maldita esperanza de que algún día perdonara sus manipulaciones.
-No finjamos hacer de esto lo que no es.
Miley alcanzó a bajar un poco la cremallera del vestido antes que intervinieran las manos de Nick.
-¿Sexo a un alto precio?
-Es lo que querías Miley se encogió de hombros intentando que fuese un gesto negligente-. Si quieres terminar de desenvolver el paquete, puedes continuar.
Nick entornó los ojos.
-¿Cómo podría un hombre resistirse a la tentación? -preguntó con la voz enronquecida.
Entonces terminó de bajar la cremallera, luego retiró los tirantes de los hombros y el vestido se deslizó suavemente a la alfombra.
La única prenda que protegía la desnudez de Miley era una breve braguita de seda y se esforzó por quedarse inmóvil mientras él la contemplaba apreciativamente.
Los ojos despidieron llamaradas azules cuando la mirada de él se detuvo en los pechos, descendió por su cuerpo y luego alzó la vista para encontrarse con una expresión de indignado desafío.
Con una lentitud deliberada se quitó los zapatos, los calcetines, la chaqueta, la corbata, se aflojó el cinturón de los pantalones y empezó a desabotonarse la camisa.
Realmente el hombre era apuesto. Anchos hombros, caderas estrechas, estómago plano, piel aceitunada y músculos endurecidos que denotaban una fuerza innegable.
El breve boxer de seda escasamente ocultaba su excitación y Miley odió sentir que se ruborizaba.
Tras echar la ropa de cama hacia atrás. Nick se aproximó a ella. Los ojos de Nick se agrandaron un segundo cuando él trazó con el índice la curva del labio inferior.
Una oleada de calor invadió su cuerpo, el pulso empezó a latirle aceleradamente mientras él le tomaba la cara entre las manos, y emitió un gemido silencioso cuando inclinó la cabeza hacia su rostro.
Miley no esperaba el lento contacto de su boca o el modo en que la punta de la lengua se introdujo entre sus labios mientras su rostro continuaba entre las manos de Nick.
Luego sintió que los pulgares se deslizaban por sus mejillas y contuvo la respiración cuando el beso se hizo más intenso.
Nick tiraba de sus sentidos y los despedazaba destruyendo de ese modo la barrera protectora que ella había erigido contra él.
Las manos de Miley se alzaron hasta los hombros sólo para apoyarse allí, vacilantes, mientras él capturaba su nuca con una mano y con la otra recorría toda la espalda hasta la parte inferior y la atraía hacia su cuerpo.
Con un leve movimiento, Nick le quitó la braguita y ella gimió al sentir su mano entre las piernas.
Nada pudo hacer para impedir la caricia de los diestros dedos. Él sabía cómo y dónde tocar, hasta hacerla enloquecer.
Sin embargo, Miley sabía que entre su mente y su cuerpo no había sincronía. Su mente permanecía ajena a la tentación que invadía su cuerpo.
«Disimula», sintió que le decía la silenciosa voz interior. «Hazlo de una vez, y entonces todo habrá terminado». Sólo por esa noche.
Nick volvió a tomarle la cara entre las manos.
-No lo hagas -le advirtió con suavidad.
-No sé qué quieres decir -murmuró ella, con una mirada sorprendida.
Él trazó la curva de su boca con el pulgar y notó los ojos llameantes de ira.
-Sí lo sabes.
Miley pudo sentir el rubor que cubría sus mejillas. ¿Qué tenía ese hombre que podía leer sus pensamientos más secretos?
Sus otros compañeros sentimentales se entregaban de tal modo a su propio placer que nunca se habían preocupado por el de ella.
Una risa sofocada nació y murió en su garganta. Sólo había tenido dos novios que le habían declarado su devoción con un ojo puesto en la fortuna de su padre.
-No quiero estar aquí contigo.
-Tal vez no, por el momento.
-¿Estás seguro de que hay suficiente espacio en esta habitación para ti y para tu ego?
La ronca risa de Nick casi fue la perdición de ella.
-¿Dudas de que pueda lograr que me desees?
-Sería un verdadero triunfo -las palabras escaparon de su boca antes de poder impedirlo.
Nick entornó los ojos, guardó un interminable silencio y luego la soltó. Entonces fue hacia la cama.-Ven.
-¿Prefieres la cama? -preguntó ella, incierta.
-Es más cómoda -respondió él-. Para dormir -añadió tras una pausa mientras observaba la confusión que nublaba la mirada de Miley.
-¿Dormir? -ella sintió que repetía todas sus palabras.
-Por el momento. ¿Te molesta?
¿Aplazamiento de la ejecución? No estaba segura de sentirse aliviada o irritada.
-¿Un respiro antes de la ejecución? ¿Debo agradecértelo?
—No presiones, querida -dijo en un tono suave como la seda, aunque la advertencia era puro acero.
Capitular era lo más conveniente, pensó ella mientras iba hacia el neceser, sacaba una camiseta larga de algodón y se la ponía. Luego, tras un instante de vacilación se metió en la cama lo más lejos posible de Nick.
Con un mando a distancia él apagó las luces y Miley sintió que se le tensaba el cuerpo a la espera del momento en que se aproximaría a ella.
Sólo que él no lo hizo, y ella se quedó inmóvil hasta que sintió su respiración acompasada.
¡Maldición, se había dormido! Con toda facilidad y rapidez había sido capaz de relajarse y quedarse dormido dejándola allí, despierta, para que hirviera de indignación en silencio. ¡La tentación de darle un puñetazo fue tremenda! ¿Cómo se atrevía a desconectar de esa manera?
Todavía sentía las huellas de sus manos en el cuerpo y los labios levemente hinchados por el contacto de su boca.
Cielo santo, no debía sentirse desilusionada.
Nick Jonas era alguien que le disgustaba intensamente, más bien que odiaba. Y la química que había entre ellos no alteraba las cosas.
Sus extremidades y todo su cuerpo estaban rígidos. Habría dado cualquier cosa por poder estirarse, acomodar el almohadón y quedar en una posición más confortable.

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