lunes, 30 de julio de 2012

Cuatro Noches De Pasion Cap 28



Pasadas las seis de la tarde, Miley llegó a su apartamento en un taxi.
El gato la saludó con un maullido de protesta. Miley le dio de comer y luego se preparó una taza de té.
Sentía mucho dolor, así que tomó dos calmantes.
Luego se instaló cómodamente en un sofá frente al televisor con el gato en su regazo. Eligió una comedia de media hora de duración y se preparó para relajarse.
La insistente llamada del teléfono interno fue como una intrusión indeseable.
A través de la pantalla del aparato vio que era Nick.
-Estoy bien y a punto de acostarme.
-Abre la puerta.

-Estoy demasiada cansada para recibir visitas.
-Miley.
-Déjame sola, por favor -dijo y cortó la comunicación.
Minutos más tarde, sonó el timbre de la puerta. ¿La vecina?
Era el administrador del edificio acompañado de Nick.
Ella abrió la puerta.
-Su... amigo estaba preocupado por su salud -explicó, con expresión contrita.
-Como puede ver, me encuentro bien.
Nick  se volvió al hombre.
-Yo me quedaré con ella.
El administrador la miró confundido.
-¿Miley?
-Está bien.
Segundos más tarde, tras cerrar la puerta, se volvió al hombre que había trastornado su vida.
-¿Qué crees que estás haciendo?
-¿Quieres que te prepare el neceser o lo haces tú? -preguntó en un tono muy controlado.
-¿Qué has dicho?

-Lo que has oído. O vienes conmigo o me quedo a dormir aquí -dijo en un tono suave como la seda, pero con una mirada inmisericorde-. Tú verás.
-No quiero verte aquí.

La mirada de Nick se oscureció y sin decir palabra se dirigió al dormitorio.
-¡No puedes hacer esto! -exclamó Miley al ver que abría los cajones de la cómoda y empezaba a meter ropa en un bolso. Luego fue al armario y sacó unos vestidos que también colocó en el bolso. Más tarde añadió algunos artículos de aseo que encontró en el baño.
- De acuerdo, nos vamos.
-No iré a ninguna parte contigo.
-Sí que lo harás. Por tus propios pies o tendré que llevarte en brazos.
Miley quería golpearlo.

-¿Quién demonios te crees que eres?
-Necesitas descansar y recuperarte. Y necesito ver que lo haces.
-Puedo cuidar de mí misma
-Seguro que sí -replicó al tiempo que cerraba la cremallera del bolso-. La próxima semana. Hasta ese momento yo me encargaré de ti –añadió con una mirada desafiante.

No había duda de que estaba decidido a hacer lo que decía, así que lo siguió hasta el vestíbulo donde tomaron el ascensor.
El Aston Martín estaba estacionado a la entrada del edificio y Miley se acomodó en el asiento del acompañante.
Minutos más tarde se sumaron al tráfico y recorrieron la corta distancia hasta llegar a la casa de Nick en Point Piper.

Miley apenas lograba controlarse. Era el hombre más imposible que había tenido la desgracia de conocer.
Nick estacionó el coche en el garaje.
-¿Cuánto tiempo piensas estar de mal humor?
-No estoy de mal humor. Simplemente no tengo nada que decirte.
Mientras ella no tenía nada que decir, él tenía muchas cosas que decirle acerca de los riesgos que había corrido y de jugar a la heroína. Maldición, ¿tenía idea de lo que pudo haberle ocurrido?

-Eres una testaruda -dijo al tiempo que la tomaba en brazos, se inclinaba para recoger el bolso y con una cadera cerraba la puerta del vehículo.
-Te odio -dijo Miley con fiereza.
-Una emoción muy saludable.
-Bájame, puedo caminar.
Una vez en la casa, Nick cruzó la galería y por fin la dejó sobre el suelo del dormitorio principal. Luego echó la ropa de cama hacia atrás y acomodó las almohadas.
-Métete en la cama. Traeré una taza de té.
-No necesito un enfermero.

Nick se aflojó la corbata y se quitó la chaqueta.
-O es aquí o en el hospital. Y si no estás acostada cuando vuelva, yo te meteré en la cama.
Con el cuerpo muy dolorido ella entró en el cuarto de baño.
Minutos más tarde volvió a la habitación y se metió en la cama. Sería tan fácil cerrar los ojos y quedarse dormida.

Nick entró en la habitación y cerró la puerta con cuidado. El té y el bocadillo podían esperar.

Contemplar su cabeza apoyada en las almohadas y su rostro en reposo fue suficiente para dejarlo sin aliento, con el corazón latiendo atropelladamente.

Nick se sentó junto a la cama, alerta al menor movimiento, a la menor queja de dolor. Durante la noche le administró otros dos analgésicos con un vaso de agua.                   
Era allí, en ese lugar, donde ella pertenecía. Donde él quería que permaneciera.

1 comentario:

  1. ooowww LO SUPER AME♥
    aaaawwww
    VANE ♥ ME ENCANTO ESTUVO MUY LINDO :D
    AMO ESTA NOVE :)
    SUBE PRONTO PLIS ME ENCANTA
    NO TARDES EN SUBIR C:

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