domingo, 8 de julio de 2012

Cuatro Noches De Pasión Cap 15


Miley despertó temprano. La luz del amanecer se filtraba a través de las cortinas y se quedó tendida un momento antes de salir de la cama.
Con lentos y cuidadosos movimientos recogió el neceser y salió de la habitación. Se vistió en la galería antes de bajar a la cocina, donde preparó un café.
Más tarde, se sirvió una taza y salió a la terraza.
Un nuevo día, reflexionó mientras el sol empezaba a despuntar por el horizonte y se oía el débil piar de los pájaros en los árboles cercanos.
-Te has despertado temprano -dijo Nick desde la puerta abierta.
Ella se volvió a mirarlo.
Despeinado, en vaqueros, con el torso desnudo y descalzo. La imagen sofisticada había desaparecido y en su aspecto había algo de primitivo.
-No quise perturbar tu sueño.
Nick se encogió de hombros.
-Me desperté cuando saliste de la habitación.
El recuerdo de la noche pasada fue tan vivido que casi se le escapó un gemido.
—Me gustaría marcharme pronto. Tengo cosas que hacer y necesito visitar a mi padre.
—Voy a preparar el desayuno.
—No. Por favor no lo hagas por mí. Termino el café, recojo el neceser y me marcho.
Uniendo la acción a la palabra, Miley terminó el café de un trago, luego se dirigió a la puerta principal, de paso recogió el neceser y se volvió para despedirse.
Él estaba muy cerca y ella no estaba preparada para recibir el beso que le dio en la boca.
Sin poder decir una palabra mientras él abría la puerta, rápidamente fue en busca de su coche, se puso tras el volante, arrancó el motor y salió a la calle.
Una vez en su apartamento hizo las tareas habituales y pasó algún tiempo observando el correo electrónico antes de ir a casa de su padre.
La fragilidad de Alexander la dejó preocupada y no se quedó mucho tiempo. Necesitaba descansar. Luego se puso en contacto con Cameron para ver cuál de los dos hablaba con el cardiólogo del padre.
Esa noche se acostó temprano y durmió bien. Al día siguiente se levantó con el sonido de la alarma del despertador.
En la oficina, tras una breve reunión para organizar su agenda, tasar los artículos de joyería y ver las prioridades del trabajo fue a su taller y ajustó el microscopio binocular hasta quedar satisfecha.
Era casi mediodía cuando sonó el teléfono móvil. Al ver el mensaje en la pequeña pantalla, sonrió. Era Taylor.

En unos cuantos minutos organizaron la hora y el lugar de encuentro para esa noche.
De pronto, el día le pareció más luminoso y se descubrió tarareando suavemente mientras trabajaba una gema bajo una potente lupa.
Eran casi las siete cuando Miley entró en el modernísimo café, muy de moda. Allí servían comida soberbia, el servicio era excelente y era tan popular que había que reservar mesa con anticipación.
El camarero la condujo a una mesa, y tras pedir agua mineral se dedicó a estudiar la carta mientras esperaba a Taylor.

Casi fue capaz de predecir el momento exacto en que la amiga entró en el café porque todas las cabezas masculinas se volvieron hacia la puerta.
-Smiley, siento llegar tarde. No sabes cuánto me ha costado aparcar.
A muy pocas personas les permitía usar ese diminutivo, y Siobhan era una de ellas.
La ropa, la larga melena rubia, el leve y exquisito maquillaje, todo hacía de ella una mujer única en su hermosura. Cosa de genes, decía Taylor alegremente cuando alguien le preguntaba con envidia cómo se las arreglaba para tener ese aspecto.
A los quince años, una de las más prestigiosas agencias de modelos la había contratado y dos años más tarde se presentaba en las pasarelas de Roma, Milán y París.
Sin embargo, ni la fama ni la fortuna se le habían subido a la cabeza.
Tras compartir los mismos colegios privados habían trabado una sólida amistad que se mantenía hasta entonces.
Casi antes de acomodarse, llegó el camarero a su lado.
-Agua mineral. Natural.

El pobre hombre estaba tan embelesado que escasamente podía hablar y apenas se contuvo de hacer una reverencia al marcharse.
Con una leve sonrisa, Miley se reclinó en su asiento.
-¿Cómo te fue en Italia?
-¿Sobre qué quieres que te hable? ¿Sobre el trabajo de pasarela, los contratiempos detrás del escenario o la divina pieza de joyería que he adquirido?
-La joya -dijo Miley al punto, y luego dejó escapar un murmullo apreciativo cuando su amiga le indicó el brazalete de diamantes que lucía en la muñeca. Una joya verdaderamente exquisita-. Muy hermosa. ¿Un regalo?
-Sí, de mí para mí -sonrió Taylor.
Miley  rió con deleite.
-Háblame del conde italiano.
-Primero vamos a comer, Miley querida. Estoy hambrienta.
No era justo que Taylor pudiera comer de todo con tan buen apetito y conservara una esbeltez tan fabulosa que los diseñadores se peleaban para que luciera sus modelos.

Cuando apareció el camarero, ambas ordenaron lo que deseaban.
-Cenar contigo es una experiencia increíble. Los camareros se pelean por servirte.
-Muy útil cuando una tiene prisa y debe comer en cinco minutos -dijo ella.
En ese momento, su teléfono móvil empezó a sonar y ella lo ignoró.
-¿No respondes?
-No.
-De acuerdo. ¿Es porque no sueles responder o se trata de una persona en particular?
-Lo último que has dicho.
Muy pronto, el camarero puso ante ellas unas apetitosas ensaladas de pollo.    
-¿Problemas?
-Algunos.
-¿El conde italiano?
-La ex esposa del conde italiano.
-Se opone a que mantengas una relación sentimental con él.
-Has dado en el clavo. Quiere retener el título que adquirió por su matrimonio.
-Pero a ti el título no te interesa para nada, Miley afirmó más que preguntó.
-Lo que pasa es que comparten la custodia de la hija y la ex lo amenaza con cambiar los términos de la custodia.
-¿Y puede hacerlo?
-Sí, cuestionando mi capacidad para atender a la niña mientras está con el padre a causa de mi profesión y mi estilo de vida. Aparte de eso, Roma estaba maravillosa. Y, en general, el pase de modelos fue todo un éxito. Y ahora te toca a ti.
¿Por dónde comenzar? Quizá sería mejor ni siquiera empezar. ¿Cómo podía justificar circunstancias tan personales y complejas?
-Como siempre. Ninguna novedad.

-Se comenta que estás saliendo con Nick.
-Nos invitaron a una cena y asistimos juntos a una exposición de arte, nada más.
Miley, recuerda que estás hablando conmigo. Durante el año pasado también coincidiste con él en varias reuniones sociales. Pero llegar a la velada juntos y luego marcharse juntos ya es otra cosa.
-¿Otra cosa?
-Así que cuéntame.
-Me pareció que acompañarlo era una buena idea-dijo con alegre ligereza.
-Estás loca por él.
-Nunca en la vida. Te equivocas. Él es...
-Un demonio de hombre -Taylor terminó por ella.
Al instante dejó escapar una alegre risa en tanto alzaba su vaso y lo chocaba contra el de Miley.
-Buena suerte, Miley querida.

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