domingo, 8 de julio de 2012

Cuatro Noches De Pasión Cap 14


Nick, no esperaba verte aquí —se oyó una dulce voz a sus espaldas. Miley  vio que Delta Goodrem se acercaba a Nick. Y se acercaba demasiado-. Miley, no he visto a Cameron esta noche.
Cameron solía apoyarse en la presencia de su hermana a modo de cobertura, en tanto que a ella le agradaba proporcionársela. A ambos les resultaba cómodo. La experiencia de dos relaciones anteriores ya no estimulaba a miley  a tener fe en la especie masculina.
-Cameron no ha podido venir -respondió con suavidad.
El aspecto de Delta era increíble; vestida a la perfección de pies a cabeza en un estilo italiano y con un elegante peinado muy natural. Enfundada en un traje de seda negro que realzaba sus curvas, su presencia era un imán que atraía la atención de todos los hombres.
Los ojos de Delta se entornaron un segundo cuando un invitado fue en busca de Nick y lo llevó junto a un grupo de hombres.
-¿Has venido con Nick? -preguntó incrédula-. Es un hombre que no encaja con la gente de tu clase, ¿no es así?
-¿Y eso significa...?
-Es rico, salvaje y peligroso. Nunca conseguirías manejarlo.
-¿Y tú sí?
Tras lanzarle una mirada, la modeló dejó escapar una risa reprobatoria.
-Oh, por favor, querida.
-En ese caso, ¿por qué Nick me invitó a mí cuando es obvio que tú estás muy dispuesta a acompañarlo?
Los hermosos ojos azules de Delta echaron chispas de rabia.
-¿Tal vez se deba al factor novedad? -dijo en un gélido tono burlón.
-¿Lo crees así? Tal vez esté cansado de las mujeres que disputan entre ellas para atraer su atención.
Delta puso una mano en el brazo de Miley.
-Hacerse la difícil es un juego poco aconsejable. Terminarás sufriendo.
-¿Y eso te preocupa?
-No te engañes, querida.
-¿Has terminado? -preguntó Miley con una sonrisa estudiada.
-Creo que sí. Por ahora.

Cualquier cosa era mejor que cruzar espadas con la reina del glamour, así que Miley se alejó para ver el resto de la exposición.
Después de un rato, encontró a Delta sumida en una charla con Nick.
No estaba preparada para soportar el dardo doloroso que atravesó su cuerpo. Era ridículo, y odió esa reacción tanto como lo odiaba a él.

Nick Jonas simplemente era una aberración. Un hombre que cruelmente manipulaba las circunstancias en beneficio propio. Así que, ¿qué importaba si, era un amante experimentado, sensible a las necesidades de una mujer? Había otros hombres igualmente experimentados. Hombres de familias nobles, educados en colegios privados, graduados con honores en la universidad y que se desenvolvían en el campo de los negocios, de la medicina, del derecho.
Ella los conocía, había alternado con ellos... pero nunca se había encendido una chispa que la hiciera arder. Hasta que conoció a Nick.

¿Era Delta su compañera habitual? Era cierto que durante el último mes los había visto juntos en un par de ocasiones... Y no había duda de que Delta estaba dispuesta a clavarle las garras.
-Miley, querida. Esperaba encontrarte aquí. ¿Cómo estás?
Había muchas señoras de la alta sociedad, pero Annouska Pendelton era jefe indiscutible de toda esa minoría selecta.
-Muy bien, gracias.
-¿Cómo está el querido Alexander? Lamento tanto que no se encuentre bien -dijo y luego añadió, tras una breve pausa-: Veo que has venido con Nick Jonas esta noche. Un hombre interesante e influyente.
-¿Verdad que sí? -convino Miley dulcemente.
Annouska desvió la mirada
-Ah, Nick. Estábamos hablando de ti.
Él se acercó a ellas. Demasiado cerca de Miley. Tan cerca, que podía sentir la fragancia de su perfume masculino.
-¿Sí? -preguntó en un tono de seda.

-Ambos debéis venir a la velada que se celebrará el próximo mes. Os haré llegar las invitaciones en el curso de la semana. Disfrutad de la fiesta -dijo al tiempo que presionaba los dedos de Miley y el brazo de Nick.
-¿Te apetece un café? -preguntó Nick cuando quedaron a solas.
«Lo que a mí me apetecería es irme a casa y dormir en mi cama... sola», pensó Miley. Sólo que eso no iba a suceder.
-¿No? En ese caso nos marcharemos.
Intentó zafarse de la mano que oprimía la suya, pero fue imposible.
-Delta quedará desilusionada.
-¿Y esperas que te dé mi opinión?
-¿Deberías?
Les llevó varios minutos llegar a la salida y ella captó la mirada venenosa de Delta cuando abandonaron la galería.
-¿Te importa? -dijo Miley al tiempo que clavaba las uñas en la palma de Nick para soltarse-. No voy a escapar ni a gritar por la calle.
-No llegarías muy lejos.
-No necesitas recordarme mi obligación.
No cruzaron palabra durante el trayecto a Point Piper. Y apenas Nick estacionó, ella salió del vehículo.
¿Por qué estaba tan enfadada? Nick  Jonas no era suyo. Nada le unía a él. Era libre de ver a quien quisiera, y Delta Goodrem  era una tigresa en la cama.
Una risa lúgubre nació y murió en su garganta mientras precedía a Nick dentro de la casa.
-¿Te apetece algo de beber? -preguntó al tiempo que deshacía el lazo de la corbata y se desabrochaba la chaqueta.

Miley continuó su camino hacia la escalera.
-¿Para qué jugar a fingir? -dijo al tiempo que subía los primeros peldaños-. ¿Para poner en un contexto diferente la verdadera razón de mi presencia aquí?
-¿Un hombre y una mujer que se entienden en la cama? -preguntó él, en un tono suave como la seda.
-Es sexo solamente -dijo ella a sabiendas que mentía.
Y sin decir más, siguió hacia la primera planta, consciente de la anticipación sensual que invadía su cuerpo a medida que subía los peldaños.
El calor y la pasión de la posesión de Nick se habían convertido en una entidad palpable y se odió por desear lo que él pudiera darle, porque había una parte de ella que deseaba que fuese real. Deseaba todo el bagaje emocional, y no sólo la mera parte sexual.

Pero todo lo que podía haber entre ellos se remitía al sexo. Y ella debería sentirse contenta. Implicarse emocionalmente con Nick sería lo mismo que lanzarse desde un avión sin paracaídas. Sí, una locura.
Miley entró en el dormitorio de la suite, se quitó los zapatos, las joyas y bajó la cremallera del vestido.
Era consciente de la presencia de Nick y del neceser que le tendía en ese momento. Sus dedos temblaron al recibirlo y de inmediato fue al cuarto de baño.
Minutos después, se quitó el maquillaje, se soltó el pelo y deliberadamente evitó mirarse en el espejo.
Nick  estaba en la cama, con la cabeza apoyada en un codo y mirándola con una cierta ironía.
De pronto fue muy consciente de la camiseta que le cubría los muslos. La antítesis del glamour. Delta, o cualquiera de las muchas mujeres que habían compartido su cama habrían elegido una prenda transparente, tal vez negra o escarlata.
Pero ella no estaba allí para provocar. Así que se introdujo bajo la ropa de cama y se volvió a mirarlo.
Él deslizó un dedo por la mejilla y luego lo enredó en sus cabellos.
Después trazó el contorno de la piel detrás de la oreja y recorrió la base del cuello mientras la besaba.
Miley  dejó escapar un gemido cuando una mano descansó en el muslo.
¿Cómo podía sucumbir tan fácilmente? De pronto tuvo el descaro de pensar que había estado sobre ascuas durante toda la velada, esperando ese momento, deseándolo.
En ese instante, la lengua de Nick jugaba una danza erótica en su boca y ella empezó a responder.

Nick se puso de espaldas, la atrajo hacia sí y empezó a acariciar sus pechos. Los pezones se excitaron mientras él los tocaba y los besaba hasta que ella dejó escapar un breve grito mitad de dolor y mitad de placer.
La erección era una fuerza muy potente y Miley sintió que se incendiaba cuando él, dentro de ella, empezó a moverse con mucha suavidad al principio imprimiendo a ambos cuerpos un ritmo lento que fue creciendo en profundidad hasta que ella se sintió totalmente perdida, inconsciente de los sonidos que escapaban de su garganta, atrapada en el erotismo del ascenso hasta las alturas sólo para quedar suspendida en la cima... y luego volver a caer en los brazos de Nick.

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