viernes, 28 de septiembre de 2012

The Duff Capitulo 34



Saqué mi trasero de ese salón de clases en el segundo en el que la campana sonó. Mi cabeza iba a explotar si escuchaba la risa femenina de oh-estoy-tan-feliz-de-que-estés-coqueteando-conmigo- Joseph otra maldita vez. ¡Qué importaba si era tan delgada como mi dedo meñique y tenía senos del tamaño de balones de baloncesto! Apuesto a que tiene un coeficiente intelectual de veintisiete.

Deténte, me dije. Louisa nunca me había hecho algo. No tenía derecho de pensar esas cosas de ella...aunque realmente pudiera ser una idiota.
Lancé mis cosas dentro de mi casillero y corrí hacia la cafetería, ansiosa de escapar del edificio de la escuela. Estaba tan concentrada en no pensar acerca de mis celos inducidos por el SPM hasta que salté a detenerme cerca de cinco pies de él.
— ¿Estás apurada? —me preguntó.
—Algo así, —suspire—. Disculpa por casi chocar contra ti.
—No es problema. —Nerviosamente jugó con sus lentes.
— ¿Piensas que te importaría ralentizar un poco el paso? Me gustaría hablar contigo.

No estaba tan sorprendida. Logan y yo medio nos estábamos volviendo amigos durante las últimas semanas. La mayoría de las veces hablábamos en clases de de “colocación avanzada”***, pero ya saben, era una mejora definitiva. En realidad, de alguna manera empezaba a sentirme cómoda a su alrededor. Si bien mi corazón todavía revoloteaba un poco cuando entraba en la habitación, ya no me preocupa el perder la voz.
—Seguro. —Dije. Al menos me daría algo más en qué pensar por un par de minutos.

Sonrió y avanzó un paso hacia mí. — ¿Puedes guardar un secreto? —preguntó mientras alcanzábamos la cafetería, donde el cuerpo estudiantil se congregaba, esperando por el timbre final que los despediría para la tarde.
—La mayoría del tiempo. ¿Por qué?
— ¿Recuerdas cuando falté a clases un par de semanas antes? ¿El día después de San Valentín?
—Uh-huh. Creo que fue el peor día en la vida del Sr, Chaucer, —dije—. Pensé que el tipo iba a llorar cuando se dio cuenta de no había nadie allí que hiciera la mayor parte de su trabajo por él.
Logan se rió –pero solo una pequeña risa— y dijo, —Estaba faltando a la escuela...bueno, por una entrevista. —Sacó un gran sobre de dentro de su suéter y susurró—, presenté para Harvard. Estaba mañana acabo de recibir la carta.

— ¿Por qué es eso un secreto?
Sus mejillas se sonrojaron de la forma más tierna posible. —No quiero ser humillado si no entro, —dijo.
—Entrarás.
—Eso no lo sé.
—Yo sí.
—Desearía tener tanta confianza en mí mismo como tú la tienes en mí.
—Oh, vamos, Logan, —dije seriamente—.Todos los mejores políticos —como senadores y presidentes— van a escuelas geniales. Vas a ser un excelente político, así que tienen que dejarte entrar. Además, eres uno de los chicos más inteligente de la clase de graduandos. ¿Eres el mejor de la clase, cierto?

—Lo soy, —Logan acordó, con el ceño fruncido hacia el sobre—. Pero...pero es Harvard.

—Y tú eres Logan. —Me encogí de hombros—. Aún si no entraras, hay millones de otras escuelas que matarían por tenerte. Eso no importa, sin embargo, porque sé que entraste. Hazte un favor y abre la carta.
Logan se detuvo en el medio de la cafetería y me sonrió. —Ves, —dijo él—, esto es por lo que quería que fueras tú la que estuviera conmigo cuando la abriera. Sabía que serías— Lo corté. —Mientras que estoy segura de que tus próximas palabras que salgan de tu boca serán increíblemente dulces, estoy cien por ciento consciente de que estás evadiéndolo. Abre la carta, Logan. Incluso un rechazo será mejor que ponerte en este infierno. Te
sentirás mejor si solo la lees.
—Lo sé. Yo—
—Ahora.
Abrió el sobre, y me di cuenta de lo raro que era esto. Él estaba viniendo hacia mí con esta cosa tan personal. Por apoyo. Por estímulo. Atrás en Enero, nunca me hubiera imaginado ordenándole a Logan Tucker que abriera su carta de aceptación. Nunca me hubiera imaginado hablando con él, punto.

Dios, mi Dios, cuánto han cambiado las cosas.
De las mejores formas posibles, por supuesto.
Sacó el papel del sobre marrón con los dedos temblando y empezó a leer. Vi sus ojos escanear la hoja y agrandarse. ¿Era eso felicidad o depresión? ¿Sorpresa, quizás?

¿Sorprendido de que entrara o sorprendido de que no lo hiciera?
— ¿Bueno?
—Yo...yo fui aceptado. Logan  dejó caer el papel y lo dejó flotar con gracia hasta el suelo—. Demi, ¡entré! —Me agarró por los hombros y empujó hacia él, envolviendo sus brazos a mí alrededor.

Eso era otra cosa que no hubiera esperado de vuelta en enero.
—Te dije que lo harías, —dije, devolviendo el abrazo.
Sobre su hombro, divisé a Selena y Miley caminando a través de la cafetería. Me miraban mientras se movían por la multitud de estudiantes; me vieron abrazada entre los brazos de Logan. Pero por alguna razón las expresiones de sus rostros no reflejaban la felicidad que yo sentía. Miley se veía medio triste, pero Selena...bueno, se veía completamente furiosa.
¿Por qué? ¿Qué estaba pasando con ella? Con ambas.

Logan me apretó antes de dejarme ir y se arrodilló para agarrar su carta caída. —No puedo creerlo. Mis padres nunca lo creerán. 

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