sábado, 13 de octubre de 2012

Caperucita y El Lobo Capitulo 1 Jemi



—Lobo. — La abuela se apoyó en la mesa, su hígado ocasionó que se apoyara en Demi—. ¿Me oyes, Caperucita Roja? El hombre es una bestia.
—Ya lo he oído, Abuela. —Demi miró por encima del hombro al del traje de Armani que caminaba hacia las puertas de La clínica del asilo de ancianos—. Él es un lobo. Lo sé.
La palabra heló a través de su cerebro. A Demi no le gustaban los lobos o perros o cualquier cosa de cuatro patas y peludas. Expulsó las imágenes de sus pesadillas con pieles y colmillos de su mente, no era difícil cuando su cerebro tenía mejores cosas para entretenerse.

El pelo sal y pimienta que se encrespaba sobre el cuello hizo a Demi adivinar que el lobo de la Abuela-era-un-italiano de cuarenta y cinco, tal vez cincuenta. Sin ningún anillo o líneas de bronceado en los dedos, y el pelo oscuro sobre su piel sin ser besado por el sol, un contraste agradable con la blancura de los puños de la camisa.

Su suave piel tensa, en sus manos acentuaba su edad de cuarenta y cinco, tal vez cuarenta y dos. La chaqueta costosa a juego ocultaba los detalles de su trasero, aunque ella no lo estaba comprobando, era sólo estrictamente un diagnóstico. Aunque si lo comprobaba por fuera, estaría intrigada por la forma en que el corte de sus pantalones tenía una línea muy fina hasta el brillo gris de sus zapatos.
Extendió una mano para presionar la puerta hacia fuera, miró hacia atrás como si sintiera que lo estuvieran observando.

—Quien es. —Su reacción fue puramente química, el instinto, no necesitaba más de la función cerebral. El calor le llegó, quemando sus mejillas, mojando sus bragas.
El hombre podría tener un poco más que treinta y cinco años, sus ojos azules se encontraron con los de ella como si hubiera sabido exactamente dónde buscar antes de que él se hubiera volteado. Se detuvo brevemente, apoyando su mano en la puerta, y la miró fijamente.

Su reflejo lo molestó por lo que rompió el contacto visual. Ella no lo hizo. Hubo algo en la forma que la miró, como rentándolo a que su timidez la ahuyentara. La timidez no era cosa de Demi. Levantó la barbilla, sintiendo su expresión a su vez dura, y segura.
Las ventanas de su nariz se movieron, ajustándose para que su forma pareciera más delicada. Su cara era todos ángulos afilados y líneas duras, una mandíbula cuadrada y una barbilla suavemente redonda a la altura de su nariz. Sus cejas eran negras, gruesas, al igual que sus pestañas, y fijaron el contraste con esos ojos de color azul pálido.

Estaba bien afeitado, aunque probablemente se vería igual de bien con un rastro de barba. Desde esta perspectiva su pelo parecía más plateado que moteado, con ondas de espesor que rodeaban su frente con un ceño fruncido, y la frente arrugada.
Justo cuando pensaba que podría haber empujado su audaz mirada por un segundo muy largo, su frente se suavizo y en una débil sonrisa torcida, se formaron sus hoyuelos en la mejilla derecha.

Grandioso. Oh Dios su boca era demasiado perfecta. Si fuera un lobo, dejaría que me devorara. Demi se puso rígida, preocupándose si sus pensamientos pudieran mostrarse en su rostro. Se dio la vuelta, poniendo fin a la carga sexual del concurso de miradas. La parte posterior de su cuello hormigueó, como si hubiera diminutos dedos ondeando sobre sus hombros y espalda.

Todavía estaba mirándola, ella lo sabía, pero ya había tenido suficiente. No tenía ningún sentido jugar con la idea de algo que ella no tenía el tiempo para terminar. Sólo había tantas horas en un día y ya había perdido más segundos de lo que podía disponer en un hombre-lobo sexy con pelo grandioso.
Cada minuto se debió a una visita de media hora con su Abuela. Después de regreso a la tienda. Y su libido descuidado no robaría un segundo de ella.
Demi supo el momento en que se fue, el cosquilleo de su mirada cálida desapareció de su piel. Bueno. ¿Qué quería un hombre como ese con su abuelita? —Así que ¿Por qué él es un lobo?

Odiaba gastar su tiempo juntas discutiendo sobre él, pero la Abuela estaba allí, ya estaba envejeciendo y no se necesitaba mucho para confundirla, para tomar ventaja. Demi no dejaría que eso sucediera, no importaba lo atractivo que el tipo fuera.
—Porque él está detrás de la cabaña, por supuesto. —La abuela le dio un pequeño codazo al plato para acercárselo más a Demi. Ella la había estado alimentando con sándwiches de mantequilla de maní desde que tenía siete años. Ahora ella se aseguró que el personal del asilo tuviera uno listo en momento que Demi entraba por la puerta.

No importaba que ella no tuviera hambre y que la cosa tuviera millones de calorías. Mi abuelita me dijo que comiera, y comí. Un viejo hábito de obediencia de la infancia. Maizie recogió medio triángulo y le dio un mordisco. Además, los sándwiches de mantequilla de maní siempre habían sido su comida favorita.
—Nadie quiere la casa, Abuela. —La cabaña de dos dormitorios estaba sólo a una tormenta de ser un montón de escombros, cuando era una niña. Y no había mejorado en nada desde que ambas se habían mudado de ahí.

—Bah, no por supuesto. Es la tierra. Él quiere que destruir la tierra. Va a derribar todos mis árboles y construir uno de sus centros comerciales. ¿Me oyes?
—Uh, seguro, Abuela. Te oigo. El lobo feroz está detrás de la tierra. — Demi se atragantó con el nudo de emoción en su garganta y desplazó su atención a la cesta de mimbre que había en la mesa junto a ella, pretendiendo examinar su contenido. Ella no quería que la abuela viera las lágrimas en sus ojos. La casa estaba en medio de la nada. Nadie querría construir un centro comercial allí.

Ya sea que los días fueran buenos o malos, esté seguía siendo uno de los mejores días para la abuelita. Ella los llamaba "hechizos", los describía a Demi como días en que el mundo era un lugar totalmente diferente donde las cosas cotidianas se torcían en su cabeza y los recuerdos, reales o imaginarios, se mezclaban con la realidad del día presente. La peor parte era cuando los hechizos pasaban y la Abuela recordaba… todo.
—Te he traído algunas de mis galletas de chocolate, — dijo Demi, con la esperanza de sacar a la abuela de su mundo de fantasía—. Las que se mezclan con chocolate blanco y almendras. ¿Aún sobornas a las enfermeras con Ron por un tiempo extra en la terraza de atrás?
La cara de la Abuela se arrugó, sus ojos brillantes eran más amplios, confusos. Ella asintió. ¿Sabía que estaba encerrado uno de sus hechizos en ese momento?
Maizie no quería pensar en ello. Le debía a esa mujer, todo. Hacer que se sintiera lo más cómoda posible era lo menos que podía hacer.

—He traído algunos de esos trocitos de azúcar canela, a Clare, a la de recepción le gustan. Y dos cajas de las galletas de jengibre para que tengas algo que ofrecer a tus huéspedes de la habitación. —Demi se ocupó de descargar todo lo que había traído de la panadería de Pittsburgh en la mesa.

—Me dijo que vendiera la tierra. Recuerdo... —La voz de la abuelita se tambaleó—. Me dijo que yo era egoísta por no hacerlo. Que necesitabas el dinero.
Demi rompió su atención en la abuelita. — ¿Quién dijo eso?
—Yo... yo no estoy segura. ¿Patrick? Creo que fue mi Patrick.
—No, abuela. No fue papá. Patrick Lovato ha estado muerto durante veintiún años.
Murió en un accidente de coche cuando tenía siete años. Tanto él como mamá.
Te acuerdas, ¿No?

La abuela parpadeó, la piel de los párpados cayeron haciendo su expresión confusa dolorosamente adorable.
—Está bien, abuela. También a veces olvido las cosas. —Demi se deslizó más cerca y alisó los mechones de pelo blanco enmarcados en la cara de su Abuela hacia el moño pequeño y limpio en la parte superior de su cabeza. Le enderezó los bordes de su chaqueta y sujetó el botón de la perla superior.

Todo sobre su Abuela parecía tan frágil, tan diferente de la mujer que la había cuidado, levantado, y que estaba al pendiente de todo. La abuela debería haber tenido los últimos veintiún años para concentrarse en ella. La había criado como su hija. Ella había puesto sus propias necesidades a un lado y criado a Demi de todos modos. En el momento en que Demi podía valerse por sí misma, la edad había comenzado a jugar con la mente de la abuelita. No era justo.

1 comentario:

  1. hayyyyyyyy me encanto y que lastima de la abuelita de demi u.U ya quero ver que pasa xD

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