miércoles, 19 de diciembre de 2012

Seductoramente Tuya Capitulo 12






Casi habían terminado de comer cuando Joseph entró en el café con su padre.
—Hola, Demi la saludó Caleb tras acercarse a su mesa—. Clark, ¿cómo te va?
—Bastante bien, Caleb. ¿Y a ti?
—Voy tirando.
Demi miró a Joseph y vio que este la observaba con el ceño fruncido. En seguida suavizó su expresión, pero ella se preguntó a qué habría venido el gesto inicial. No imaginaba qué podía haber hecho para enfadarlo.

—Hola, Demi dijo Joseph con formalidad. Clark añadió en tono gélido.
—Joseph contestó el contable con similar frialdad.
Sorprendida por el obvio antagonismo entre ambos, Demi conjeturó qué podría haberlos enfrentado. Que ella supiera, los Jonas nunca habían tenido problemas con la familia de Clark. Debía de ser algo personal.
— ¿Qué tal los niños, Joseph? preguntó ella, tratando de distender la tensión un poco.
—Bien, gracias.
— ¿Has encontrado ya a una nueva niñera?
—Sí, tengo a una a prueba de momento.
—Espero que te salga bien.

—Gracias. Papá, será mejor que elijamos mesa antes de que estén todas ocupadas.
—Tienes razón contestó Caleb. Me alegro de verte, Demi. A ti también, Clark.
—Igualmente respondió este con una sonrisa forzada.
Joseph se marchó con solo un vago gesto de asentimiento hacia Demi.
— ¿No hace frío de pronto? preguntó ella, simulando un escalofrío.
—Joseph y yo hemos tenemos ciertas diferencias últimamente.
—Vaya, jamás se me habría ocurrido.
—Representa a mi esposa en el divorcio reconoció Clark. Creo que está llevando una línea demasiado agresiva. Pero él dice que se limita a hacer el trabajo por el que lo han contratado.
—Lo siento. No lo sabía.

—Siempre me había caído bien, aunque no lo conocía mucho. Pero eso era antes de ver su faceta de abogado sin escrúpulos.
—Joseph siempre ha sido muy ambicioso. Seguro que trata de conseguir lo máximo posible para su cliente.
—Sí, pues estoy empezando a tomármelo como algo personal. Valerie y yo estábamos llevando las cosas civilizadamente hasta que los abogados se metieron por medio... sobre todo, Joseph.
—Siempre es una lástima que se rompa un matrimonio.
—Y más cuando hay niños Clark suspiró. Lo van a pasar mal y lo llevo fatal.
—Lo siento, Clark repitió Demi.
— ¿Quieres postre? Dijo él, cambiando de tema. Cora sigue haciendo esos merengues tan maravillosos.
—Con todo lo que me gustan, me temo que voy a pasar. Estoy demasiado llena. Pero pide tú si te apetece.
—Supongo que será mejor que me abstenga m
urmuró él a regañadientes, mirando hacia su plato, relucientemente vacío. Ya he excedido mi límite por hoy.
Diez minutos después, Demi salió del café, con sus papeles bajo el brazo. No miró hacia la mesa de Joseph, pero tuvo la sensación de que la estaban mirando mientras salía con Clark del restaurante.
Estaba pintando cuando el teléfono sonó aquella noche. Sin soltar la brocha, agarró el inalámbrico con la mano izquierda y contestó:
— ¿Diga?
—Soy Joseph.
—Hola —lo saludó Demi, disimulando su sorpresa. ¿Qué pasa?
—Yo... nada, solo llamaba para charlar un rato. Supongo que he estado un tanto cortante en el restaurante.
—Te tomas tu trabajo a pecho, ¿eh? Demi se sentó en el taburete. Era como si estuvieras examinando al pobre Clark en el juzgado, en vez de en el Café de Cora.
—¿El pobre Clark? No creo que se merezca ese apelativo.

—No sé los pormenores de su divorcio, y preferiría no enterarme de ellos. Clark es mi contable y los detalles de su vida privada no me conciernen se adelantó Demi, recordando el lío en el que se había metido la última vez que había ofrecido consuelo a un actor amigo suyo, en proceso de divorcio.
—Tú solo ten cuidado. No es como pretende aparentar.
—¿Me estás diciendo que no debería fiarme de mi contable?
—No contestó Joseph tras dudar unos segundos. No tengo motivos para cuestionar su trabajo.
—Pues eso es lo único que importa, ¿no? El resto me da igual.
—Entonces, ¿la comida de hoy ha sido estrictamente profesional?
—Sí convino ella con frialdad. Aunque eso es asunto mío.
—Mira no quería entremeterme dijo Joseph. Es que... bueno, no hace mucho que has vuelto a Honoria y probablemente no seas consciente de ciertas cosas.
—Honoria no ha cambiado mucho desde que me fui. Y puedo hacer frente a los chismosos le aseguró Demi. ¿Me llamabas para eso nada más?
—No... Quiero que cenes conmigo mañana por la noche.
Casi se le cayó la brocha. Tuvo que recurrir a sus dotes interpretativas para responder a su ruda invitación:
—¿Ha sido una petición... o una orden?
—Una petición —contestó él en tono arrepentido—. Siento haber sido tan brusco. Me temo que estoy desentrenado en este tipo de cosas. Hace unos cuantos años que no invito a cenar a una mujer.
¿Cómo?, ¿acaso no había tenido una sola cita desde la muerte de su mujer? Demi, que no sabía qué sentir al respecto, consideró la invitación unos segundos.
Fuera cual fuera la razón por la que la invitaba, solo se trataba de una cena, se recordó. Por otra parte, empezaba a sentirse cómoda en Honoria y no quería arriesgarse a que los cotillas empezaran a murmurar por un experimento que probablemente no acabaría yendo a ninguna parte.

Ella había regresado para descansar, a enseñar, a enterrar recuerdos dolorosos y a decidir qué hacer con el resto de su vida una vez que había decidido que su carrera de actriz había llegado tan lejos como estaba dispuesta a llevarla. Y había tratado de convencerse de que era una mera coincidencia que hubiese aceptado el puesto de profesora al poco de enterarse de que Joseph Jonas había vuelto a Honoria.

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