domingo, 27 de enero de 2013

Seductotamente tuya capitulo 16




—Pero sí estaba, gracias a Dios. Y lo hice prometer que no volvería a hacer algo así nunca.
—Me aseguraré de que lo cumpla.
—Ya, pero...
—¿Pero qué? —Recuerda que solo tiene cinco años.
—Sé muy bien cómo educar a mi hijo — contestó con frialdad—. Gracias por rescatar a mi hijo otra vez, Demi. Parece que mi familia vuelve a estar en deuda contigo.
Por alguna razón, sonaba más enojado que agradecido.
—No seas absurdo. Solo lo he acompañado a casa.
—Y te lo agradezco. ¿Quieres que te acerque a la tuya?
—No hace falta. Tienes cosas de las que ocuparte aquí.
—¿Estás segura?
—Sí —estaba empezando a enfadarse. Joseph se había llevado un susto horrible, pero eso no era razón para que la tratara de pronto como a una simple conocida. Ella no tenía la culpa de que su hijo se hubiera escapado de casa sin pedir permiso.
—Te llamaré —dijo él mientras Demi se giraba para marcharse.
—¿Para otra cena de agradecimiento? No te molestes.
— Demi...
—Adiós, Joseph.
No intentó detenerla cuando ella echó a andar. No solo la había irritado, comprendió Demi al entrar en casa un cuarto de hora después. También había herido sus sentimientos. No se había dado cuenta hasta ese instante de que seguía teniendo poder para herirla. Y no le gustaba lo más mínimo.
Había sido una tarde muy larga, pero los niños estaban por fin en la cama y Joseph tenía tiempo para reflexionar a solas sobre lo que había sucedido. De pie junto a la ventana del salón, a oscuras, con una copa en la mano, miró el tranquilo vecindario donde había elegido vivir. Eran las diez de la noche y muchas casas estaban ya sin luz. Sus vecinos eran de los que se acostaban temprano para madrugar.
Pero estaba convencido de que Demi, al igual que él, seguiría despierta.
Demi. Solo tenía que cerrar los ojos para recordarla de pie delante de su casa horas antes. El cabello pelirrojo, más brillante que el sol. Sus ojos verdes, reluciendo como un espejo de emociones cambiantes. Esas piernas largas y torneadas, el biquini negro que se adivinaba bajo una camiseta con transparencias...
Había tenido que realizar un gran esfuerzo para ocultar la reacción de su cuerpo. Quizá se había excedido. Tenía la sensación de que Demi se había marchado disgustada con él.
Lo cierto era que lo había molestado que aquel acto de rebeldía de Sam hubiera involucrado a Demi... aunque esta no hubiera hecho nada por provocarlo. Había querido mantener lo que quiera que se desarrollara entre Demi y él al margen de sus hijos, lo que no era nada fácil con lo obsesionado que Sam estaba con ella. No sabía cómo manejar su propia fascinación hacia Demi... así que mucho menos la de su hijo.
Se alejó de la ventana, apuró la copa y la dejó en una mesa. Miró entonces al teléfono que había junto al sofá, iluminado por la única lámpara encendida del sombrío salón. Quizá debiera llamarla. Después de todo, le liaría llevado a Sam sano y salvo. Y era verdad que había sido algo cortante con ella. Tenía que darle las gracias... y disculparse.
—Me temo que no me he portado bien contigo esta tarde —le dijo Joseph en cuanto Demi contestó.
—¿Por qué lo dices? —Preguntó esta con formalidad—. Me has dado las gracias por llevar a Sam a casa y me has ofrecido traerme en coche. Has hecho todo lo que podía esperarse de ti.
— Demi...
—Si me llamas para darme las gracias otra vez, puedes ahorrártelas.
—He llamado porque quiero hablar contigo. Y porque sé que he metido la pata. Lo único que puedo decir es que estaba muy asustado por la desaparición de Sam y que olvidé mis modales. No pretendo justificarme, solo es una explicación.
—Entiendo que tuvieras miedo... Y espero que hayas podido garantizar que no vuelva a repetirse lo de esta tarde.
—He tenido una charla con Sam... Sin gritos, por si estás preocupada. Solo le he señalado que me ha dado un susto de muerte.
—¿Y la señora Brown?
—No la he despedido —contestó Joseph  tras suspirar—. Me dijo que hacía mucho que su hijo no era tan pequeño y que casi había olvidado lo rápidamente que los niños se meten en líos. Me ha asegurado que no volverá a olvidársele.
—Dudo que lo haga. Parecía realmente preocupada por Sam.
—Lo estaba —concedió Joseph. Y me llamó en cuanto se dio cuenta de que había desaparecido.
—Podrías sugerirle que tratara a Sam de un modo diferente. Me ha dicho que le habla como si fuera un niño pequeño y que no le gusta.
—Sí, a mí me ha dicho lo mismo antes. Se lo comentaré mañana.
—Muy bien. ¿Algo más?
—Creo que sigues enfadada conmigo — dijo Joseph, resignado.
—Puede que un poco sí —confesó ella en un tono de voz que sugería una disposición al perdón—. Has sido muy injusto conmigo.  
—¿Qué puedo hacer para compensarte?
—No lo sé. Me has enojado mucho — contestó Demi, ya medio en broma.
—¿Qué tal una cena? ¿Será suficiente para que me perdones?
—Puede...
—¿Y si incluyo en la oferta una película de cine?
—Si sumas una bolsa de ositos de goma puede que te perdone del todo.
—Creo que están poniendo la última de Tom Hanks en los Carrolton.
—Suena bien. ¿Cuándo?
—¿El viernes? —propuso él. No era lo bastante pronto, pero tendría que conformarse.
—Perfecto. Ah, ¿Joseph?
—¿Sí?
—Prepárate a humillarte —dijo con una risa disimulada en el tono de voz.
Tras lo cual, colgó el teléfono.
AJoseph lo sorprendió descubrir que también él estaba sonriendo tras colgar. No había esperado que aquel día terminase con una sonrisa. Y eso se lo debía a Demi.
Tal vez esa noche se acostara pronto. Estaba cansado y, sinceramente, no le apetecía sumirse en la melancolía.
Lo cual también debía agradecérselo a Demi, por supuesto.
Se estaba preparando para la cita con Demi cuando el teléfono sonó. Ya había dejado a los niños en casa de sus padres; su madre se iba a llevar a Sam, Abbie y a Clay Davenport a ver la última película de dibujos animados y luego dormirían en su casa. Descolgó con la esperanza de que no hubiera pasado nada.
—¿Diga?
—Hola, Joseph. Soy Tara.
—¡Tara! —Exclamó encantado al oír la voz de su hermana—. ¿Qué tal estás!
—¡Fatal! —respondió ella alegremente—. Estoy deseando que esto termine de una vez.
—¿Qué te dice el médico?
—Que nacerá en cualquier momento.
—¿Y cómo lo lleva Blake? —preguntó Joseph, sonriendo al mencionar a su excéntrico cuñado.
—Está hecho un manojo de nervios. Con lo frío y paciente que puede ser en el trabajo, la paternidad lo tiene desquiciado.
—Será un padre estupendo —Joseph sonrió—. Los dos lo seréis.
—Espero que tengas razón. Te tenemos a ti de modelo.
—No creo que me merezca tal honor.
—Tonterías. Estás haciendo un trabajo estupendo con Sam y Abbie. ¿Cómo están mis angelitos, por cierto?
—Bien. Mamá se los ha llevado al cine con Clay. No sé si Abbie aguantará sentada lo suficiente como para ver toda la película, pero mamá creía que sí.
—A Sam le gustará. Siempre se lo pasa bien con Clay. Es graciocisísimo cómo intenta imitar a su primo mayor.
—Sí... y me alegro de que Clay sea un buen chico y no le dé mal ejemplo.
—Clay es un cielo —convino Tara—. Y Claire es una ricura, ¿verdad? He hablado con Emily esta tarde. Estaba entusiasmada porque Claire empieza a dormir casi toda la noche del tirón.
—Sí, bueno, Abbie es un año mayor que Claire y sigue despertándose al menos una vez la mayoría de las noches, así que no te hagas muchas ilusiones: no creo que vayas a dormir sin interrupciones en un par de añitos.
—¿Anda ya?
—No —Joseph negó con la cabeza, resignada—. Da unos pasitos si se va agarrando a cosas. El pediatra dice que no le pasa nada. Simplemente, que aún no ha decidido andar. Le gusta que la lleven en brazos.
—No tardará en descubrir que es más divertido corretear por su cuenta. Y luego te quejarás porque no parará de moverse por todos lados.
—Seguro.
—Bueno, ¿qué planes tienes para esta noche?, ¿sentarte y disfrutar del silencio?
—No, de hecho... tengo... planes.
—¿Planes? —repitió Tara, intrigada—. ¿Tienes una cita?
—Pues... sí, más o menos —confesó él, sabedor de que su madre se lo contaría de todos modos—. Voy a salir al cine y a cenar con Demi Lovato.
—Demi Lovato?, ¿de verdad? Hace años que no la veo. Mamá dice que sacó a Sam de la piscina hace un par de semanas. Le estarás muy agradecido.
—Por supuesto.
—Me parece genial, Joseph. Me alegra que salgas. Necesitas algo de tiempo para ti mismo.
—Solo es una cena y una película —se sintió obligado a recordarla, para que tío se formara ideas extrañas.

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