martes, 1 de octubre de 2013

Inocencia







Prologo:

Noviembre...

-Venga Demi, ven conmigo al baile. - le suplicó Hanna con su vestido dorado que se ajustaba perfectamente a su cuerpo alto y curvo y resaltaba su melena rubia platino y sus ojos azules. Llevaba como dos horas rogándole para que fueran juntos al baile antes de la graduación. Por fin pensaba Demi después de cinco largos años estudiando cultura clásica por fin podría empezar a trabajar en la biblioteca de la avenida y encargarse de leer todos los libros posibles por el resto de su vida.



-No sé... ve tú, llévate a Simón. - le propuso está terminando de preparar el discurso de su mejor amiga para que pudiera decirlo al día siguiente. Aunque Hanna era la primera en su promoción era un poco hueca para hablar educadamente delante de millones de personas sin que le saliera un taco, así que Demi había intervenido dispuesta en ayudarla.



-No será lo mismo sin ti. - dijo la alta rubia echándose otra capa de brillo rojo putón en los labios. Demi la miró y agradeció no ser guapa. Sabía que su amiga llegaría esa noche con un resaca de muerte y en la mañana serían tres al desayuno.


 Lo último a Demi no le apetecía nada. - Bueno...- murmuró Hanna cogiendo su diminuto bolso en el que apenas cabía el móvil y las llaves. - Nos vemos luego. - Besó la frente de Demi y ella evitó hacer una mueca al comprender la enorme marca de labios que debía tener esparcida en esa parte de su cabeza.


-¡Que te diviertas!- logró murmurar y se centró de nuevo en el discurso.


A la mañana siguiente...

"Si por lo menos fueras más guapa, pero es que no lo eres. Lo siento Demi no puedo seguir contigo". Demi masculló y siguió peinándose el cabello, intentó hacerse un moño pero no lo consiguió, así que prefirió hacerse una coleta alta y algunos de sus rizos pelirrojos se escaparon así que se dio por vencida. Se miró de nuevo en el espejo.


 Llevaba un vestido de color gris que llegaba hasta sus rodillas, era suelto y muy cómodo, con una chaqueta negra y un poco de colorete en sus mejillas y cacao en los labios. Por lo menos lo había intentado. Suspiró y salió con su toga azul en un brazo y caminando deprisa al palco, se colocó la tela rápido y tomó el birrete con fuerza.


Todos sus compañeros estaban sentados en la parte delantera, Demi caminó deprisa y se sentó detrás de Henry el chico de dos metros que hacía que no se viera y que ella tampoco pudiera ver nada. Hanna salió tan guapa como siempre y todos aplaudieron. Leyó el discurso sin equivocarse ni una vez y Demi pudo suspirar tranquila, la gente aplaudió y ella se alegró. 


Luego empezaron a llamarlos por orden y al salir entregaban los diplomas. Después de terminar todo el par y pe de la ceremonia Demi se sintió mejor. No le gustaba estar tan rodeada de gente y mucho menos saber que no tenía con quien celebrar su logro, ya que estaba sola en el mundo. 

Terminó llorando en los baños como una magdalena y llamando a su tía Josefina que la odió desde que nació y le colgó cuando intentó hablar con ella. Demi no la culpaba al fin y al cabo su madre se había casado con quien quería casarse Josefina y la había dejado apestada y sola.


Salió del baño secándose las lágrimas y hastiada de la fiesta que casi se lleva un muro. Al levantar la mirada descubrió que no era ningún muro.



Él era guapísimo pensó Demi, con unos hombros anchos y musculosos, era tan alto que tenía que levantas mucho la cabeza para verlo bien. Tenía un rostro rudo con una barbilla cuadrada, una nariz griega, hermosos ojos marrones verdosos y pómulos marcados y muy varoniles. La miraba confundido, hasta impresionado.
-Lo...lo siento, no lo vi. -tartamudeó.



-Ya veo, ya.- respondió el con un tono engreído y de suficiencia que la molesto.



-Bu...bueno yo no lo molesto más...- y cuando intentó caminar resbalo y calló en su enorme y musculoso pecho.- Yo...yo...- Los escuchó mascullar algo.



-¿Es que no sabe caminar?- Demi enrojeció y quiso que la Tierra la tragara pero en vez de eso se quedó como una piedra ahí parada.- ¿Esta borracha o algo por el estilo? - preguntó el masculillos metido en un traje de marca que se apretaba perfectamente en su cuerpo musculoso y sexy. Demi se sonrojó aún más.



-No diga tonterías, es solo que estoy mareada y no acostumbro a llevar tacones. - logró decir y se alejó de él. - ahora sí, hasta luego. - Demi caminó deprisa por el pasillo.



-¡Espere!- lo oyó gritar, se giró enfadada. - Se le cayó el birrete. Demi deseaba morir o no existir directamente, cuando tomó el birrete de las manos del hombre un largo chispazo recorrió su cuerpo y la hizo jadear, levantó la vista y observó como esos ojos se tornaban más intensos y su rostro se endurecía.



-Yo... gracias...- articuló incomoda sin querer apartar su mano de la de él.



- de nada. - respondió con la voz más ronca y una sonrisa torcida de lo más sensual.



Demi no supo que ocurrió, si fue ella o el, pero terminó enredando los dedos en el cuello de ese hombre e intentando darle un beso en la mejilla de agradecimiento. La gente decía que era demasiado confiada y cariñosa, que se guiaba por instintos, pues tenían razón. Porque sus labios terminaron en los de él y una deliciosa electricidad la envolvió.



Joe apretó con fuerza el suave cuerpo hacía el y deslizo la lengua por esos labios dulces y cálidos. Saboreó el sabor a chocolate de su boca y mordisqueó su labio pequeño. Entonces un flash lo dejó sin vista e hizo que se apartara, la chica jadeo y lo miró sorprendida, luego miró al hombre que había tomado la foto y corría por el pasillo con la cámara. La joven enrojeció de sobre manera y exhaló con fuerza. Joe sintió la rabia subir por todo su cuerpo y la sangre hirviendo.
-¡Tú! - gritó furioso.

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