martes, 30 de julio de 2013

Camino A La Fama Capitulo 11




—Bien que te detuviste a mirar— Demi se volteó en tanto él decía aquellas palabras, era un degenerado, no tenía pudor ni decencia. ¿Y ella? Y ella doblemente degenerada, por haber estado mirándolo con tanto apetito —

 ¿Qué quieres? Ya te dije que si te daba ganas solo entraras.

— ¡Mierda Joseph! ¡Cierra la boca! Pues no tendré reparos en matar a tus próximas generaciones.
—Histérica.
—Idiota.

—Niñita llorona.
— ¡Asqueroso puerco!—Frente a esa frase Joseph hizo silencio, por un segundo Demi se creyó vencedora en esa disputa, una pena que el instante fuese efímero.

— ¿Qué cosa?—Él estaba detrás de ella, desnudo, reposando sus manos sobre su cadera, desnudo, hablándole al oído, desnudo y demasiado cerca para que ella lo ignorase. ¿Ya he dicho desnudo?
Joseph…

—Hmm…—Tan solo tenía que dar un paso atrás y las cosas se irían completamente de sus manos. ¿Dónde había quedado la chica tímida y recatada? ¿De aquí a cuando su mente le jugaba tantas malas pasadas?
—Suéltame.

— ¿No quieres acompañarme con el final de mi ducha?—La nota sugestiva estaba plantada, ella solo debía asentir. Tal vez él solo se burlaría de ella, diciéndole algo como 

“Ni muerto me ducho con una viuda negra” pero entonces también cabía la posibilidad de…«No, esto no podía pasar…Otra vez» ¡Ay! ¿Pero sería tan malo guardar un recuerdito de lo que sería estar con Joseph?

La Demi atrevida luchaba con la angelical, ambas presentaban tan buenos argumentos y hasta la fecha, ella ni siquiera sabía que poseía un lado tan libidinoso.
Demi.
— ¡No!—Se deshizo de sus manos en un parpadeo, no podía hacerlo. No estando en su sano juicio.

Joseph era atractivo, pero era solo eso un envoltorio de carne, bien esculpido debía admitir pero él no sentía nada por ella. Y al menos en su mundo, el sexo debía implicar un mínimo de compañerismo. Algo que entre ellos claramente no existía, no podía, así no funcionaban las cosas.
— ¿No?

—Quiero que me lleves a casa.

— ¿Qué te lleve?— Demi asintió aun de espaldas a él, pero no necesitaba verlo para sentir la nota ofuscada en su timbre—Lo siento cariño, si quieres irte deberás hacerlo por tus propios medios.
Ella no pudo más que volverse para verlo con el rostro estupefacto, Joseph sabía que no tenía como regresar.

No podía montarse en un taxi con esas ropas y mucho menos caminar hasta su casa, la única opción que tenía era llamar a Fiona pero eso también implicaba darle explicaciones a ella.

—Por favor—murmuro con los ojos fijos en esos duros y fríos orbes azules. Por un instante pensó que realmente le había molestado su negativa, pero ¿Es que acaso no comprendía su postura? Un error de ebrio era algo,

pero cometer la misma estupidez dos veces, sería igual que apretarse los dedos con la puerta por diversión.

—Estoy a mitad de mi ducha—Fue la respuesta que le soltó, antes de darse la vuelta y meterse una vez más al cuarto de baño.

A Demi se le atoro la réplica en la garganta, ese maldito hijo de p… Pero fue incapaz de dejar salir eso por su boca, se limitó a soltar un bufido y con el poco orgullo que le quedaba, salió de esa habitación como alma que lleva el diablo. Pero 

¿Quién diría que la solución a su problema se encontraría reposando tiernamente en la alfombra?


Mientras la cascada de agua fría golpeaba su espalda, Joseph intentaba apartar de su mente todo pensamiento racional. 

Era difícil pero casi lo estaba logrando, ya no estaba pensando en su cuerpo ligero descansando sobre el suyo propio, ya no estaba viéndola contonearse por su habitación cubierta por una de sus camisas, ya casi y se había quitado el aroma a melocotón que expedía su piel. Solo una o dos horas más de agua fría y él estaría como nuevo. 

En ese momento la puerta del baño se abrió y tras el vidrio templado de la mampara, reconoció su figura moverse por el lugar.

— ¿Cambiaste de opinión?—No pudo evitar que una sonrisa jugara en sus labios frente a la idea, incluso su cuerpo incremento la temperatura del agua helada que lo estaba rozando. 

Saber que solo había una puerta de cristal separándolos, activo cada uno de los sentidos que la ducha estaba intentando dormir— ¿Demi?—inquirió al notar que ella no respondía.

Entonces la puerta se cerró, pero Joseph dejo de ver la silueta de ella al otro lado.

— ¿Demi?—Con lentitud descorrió la portezuela de la mampara para encontrarse completamente solo. Frunciendo el ceño salió de la ducha dispuesto a preguntarle para qué había entrado, pero un diminuto papel pegado en el espejo lo detuvo en seco.

“Si lo quieres devuelta ven a buscarlo, gracias por el favor… Demi” Y justo debajo de su firma, dejaba una dirección que en un principio Joseph no comprendió.

El ruido en el exterior, fue todo lo que necesito para comprender la nota.
— ¡No…no, no, no!—Corrió a la ventana para verla salir a toda velocidad por los portones de su casa— ¡No mi Lexus!—Exclamo dispuesto a ir detrás de ella con lo que llevaba puesto en ese instante, O sea nada.

Era oficial esa niña no volvería a respirar, si le hacía un mísero rayón a su auto él la degollaría y gustoso la echaría a los buitres. 

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