viernes, 9 de agosto de 2013

Camino A La Fama Capitulo 21

Así lo hacen los adultos.

Demi estiró una mano para detener la alarma de su despertador, el sonido poco melodioso de la voz del locutor de radio, se coló hasta en lo más profundo de su cerebro.

 No era la clase de mujeres muy dada a despertar temprano, por eso procuraba que sus días comenzaran a las diez de la mañana. 

Cada cita la programaba para esa hora en adelante, cada compra, cada reunión, cada maldita visita al médico, cada maldita visita a su madre.

Pero no esa vez, esa vez era distinto pues ella no había planeado nada. Por eso se encontraba refunfuñando por cada esquina de su departamento, por eso maldecía a su reflejo en el espejo, por eso se duchó con agua helada, porque sabía que debía seguir los designios de alguien más. 

Y allí estaba, despierta a las siete de la mañana, guardando un calcetín en el bolso y revolviendo su café con una lapicera, por eso…o mejor dicho por él.

Salió a las corridas con la blusa a medio abotonar y un zapato en la mano, no se molestó en arreglarse en demasía, nadie podía exigirle mucho a esas horas.

 Pero maldición, iba tarde. ¿Cómo podía ir tarde si se había despertado dos horas antes? ¿Cómo? ¿¡Cómo!? Bien, era ridículo cuestionarse sobre eso. 

Ella no se despertaba fácilmente, cuando término de revolver su café notó que ya eran las ocho treinta, y debía llegar a las nueve. ¿Con qué desperdició tanto tiempo? No lo sabía.

Al alcanzar el ascensor del estudio de Joseph, tenía los pulmones en la garganta y la falda se le apretaba incómodamente en el abdomen. Aquellos pastelillos de chocolate de la noche anterior eran los culpables, esa falda siempre le había ido como un guante y ahora, ahora se sentía como una morcilla apretada por uno de los extremos.

 En cualquier momento los hilos cederían bajo la presión de sus carnes constreñidas y sus calzones de cintura alta saldrían a dar los buenos días. 

No debió ponerse eso, debió usar pantalones. Pero las faldas son más serias decía su madre, las faldas son más femeninas, sí claro como si ella supiese algo de la seriedad. 

Demi tenía una mejor definición: las faldas son unas putas prendas que te limitan en cada paso y son las responsables, de que las mujeres fuesen el sexo débil. 

Después de todo ¿Quién podría tirar una patada decente con faldas? Es más ella podría haber subido las escaleras corriendo, pero no, no usando ese tubo ajustado a sus caderas.

Las rueditas de su valija de viaje, se atoraron con un lateral de la alfombra, sacándola entonces de sus cavilaciones sobre faldas y el feminismo.

—Mierda, mierda, mierda—repitió cabreada, mientras jalaba de la manija con ambas manos, montando una encarnizada lucha con la alfombra—Puta suerte.

Y tras soltar esas hermosas palabras, la valija cedió ¿Quién dijo que la violencia no sirve para nada? 

Demi se estiró la blusa con una mano, mientras que con la otra intentaba golpear la puerta. No fue necesario, ésta se abrió al segundo que ella logró controlar su respiración.
—Llegas tarde.

—Lo siento— Joseph no la escuchó, se limitó a meterse en el apartamento para luego emerger con su bolso negro colgado al hombro.

Demi, teníamos que salir a las nueve ¿Sabes cómo estará el trafico ahora?
—Perdón.

—Pedir perdón no acelera las cosas, mueve los pies—Ella presionó la mandíbula, no tenía sentido sentirse ofendida. 

Después de todo era su culpa, había aguardado hasta esa mañana para terminar de hacer el equipaje. 

Tendría que haberlo hecho la noche anterior, pero se dijo que tenía tiempo, que el tiempo era el que siempre sobraba. Se equivocó.
—Tan solo son…—Miró el reloj—Mierda—murmuró al notar la hora.
—Exactamente.


Joseph le quitó la maleta al ver que ella jadeaba para avanzar, puso los ojos en blanco. ¡Tenía rueditas! ¿Cómo diantres la cansaba tirar algo con rueditas? La respuesta la obtuvo rápidamente, la mujer cargaba con toda su casa allí dentro. 

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