domingo, 9 de junio de 2013

Mi Adorable Rebelde capitulo 5




La idea básica es que compartimos una línea telefónica con la casa de enfrente. No estoy segura de cómo funciona desde el punto de vista técnico; todo lo que sé es que, a veces, cuando uno levantaba el tubo, en vez del tono habitual se oía al señor Jameson hablando con voz monótona sobre su úlcera con algún amigo, y entonces uno tenía que colgar y esperar que terminara. 

Y a veces, cuando era el señor Jameson quien levantaba el tubo, me oía a mí que parloteaba con Katie, diciendo: Está bien, le dije, está bien…, instante por el cual el señor Jameson irrumpía para decir: Por favor, chicas, ¿no podrían dejar sus chismes para otro momento? Tengo que hacer una llamada urgente.

Ahora bien, ¿Cuántas llamadas urgentes tenía que hacer en su vida? Seguro que no todas las veces que él decía, puedo garantizarlo. Nadie…
El teléfono me arrancó de mi ensueño.
¿Hola?
¿ Demi? era Katie. Hace media hora que llamo y la línea me da siempre ocupada.
Creo que nuestros vecinos están usando la línea conjunta contesté.
Oh, caramba dijo Katie Pensé que cuando los Jameson se mudaran terminaríamos con ese asunto.

Bueno, papá dice que, supuestamente, la compañía telefónica debe avisarnos si los nuevos vecinos quieren cancelas la línea conjunta expliqué. Hasta ahora no hemos tenido noticias.

Katie suspiró. Creo que se irrita más que yo con esto de la línea conjunta.
En fin, ¿qué vas a ponerte esta noche?
No lo sé dije. Tal vez el suéter verde.
Oh, te queda estupendo.
Dices lo mismo de todo lo que me pongo.

No es cierto protestó Katie, indignada. No lo digo de esa camisa con rayas horizontales. La que deja que se te vea con toda claridad el bretel del corpiño.
Oh, cómo me gustaría ver eso se oyó la voz de un tipo desconocido en la línea.
Tanto Katie como yo quedamos atónitas y en silencio durante un instante. Después, en voz muy baja, Katie dijo:

¿Demi?
Estoy aquí contesté en un susurro.
No va a servir de nada que hablen murmurando dijo la voz Quiero decir no es como si estuvieran susurrando al oído de la otra. Cualquier cosa que digan seguirá viajando por la misma línea telefónica.
Me puse más derecha, aunque estaba sola en la cocina.

Señor comencé con mi voz más digna. Esta es una conversación privada.
Podían haberme engañado contestó el tipo. Su voz me resultaba vagamente familiar, pero no pude ubicarla con exactitud. Todo lo que hice fue levantar el tubo y allí estaban ustedes. Eso no suena muy….
Señor, por favor, cuelgue dije con firmeza.
Vamos, todavía no me enteré de lo que se va a poner Katie se quejó él.
Suspiré exasperada.
Katie dije en voz alta , te llamo más tarde.
Esta bien dijo ella, y colgamos.
Volví a la ventana y miré con rencor hacia la casa de enfrente. Adiós a la esperanza de que los nuevos vecinos tuvieran un hijo simpático. Que detestable era ese individuo.

Cierto movimiento llamó mi atención. Una figura había aparecido en una de las ventanas de la antigua casa de los Jameson, con algo blanco en la mano. A pesar de mis esfuerzos no logre descubrir que era. Me di vuelta con rapidez y revolví uno de los cajones de la cocina hasta encontrar los prismáticos que usa mamá para observar los pájaros.

Cuando Volví a la ventana la figura seguía allí. Levanté los prismáticos hasta mis ojos, y luego las manos me empezaron a temblar con tanta violencia que casi los dejé caer.

El objeto blanco era un letrero hecho a mano que decía HOLA, Demi. La figura que lo sostenía y agitaba alegremente era Joseph Conner.
Muy bien, de modo que Joseph Conner, el tipo que de la manera más ruda y ofensiva me había caratulado como la aburrida e insignificante hija del director en el mismo instante en que puso el pie en el Colegio Knox, vivía enfrente. 

Y compartía una línea telefónica con mi familia. Pero yo no iba a permitir que esos factores arruinaran el resto de mi último año… Ni tampoco que me arruinaran esa noche en especial. Me las arreglé para borrar a Joseph de mi mente durante la cena con mi familia. Y cuando llegamos a casa después de cenar, empecé a prepararme para la fiesta de Bobby Weller. Me puse un vestido corto de encaje negro que Katie me había traído desde San Francisco. 

Por lo general, no uso vestidos, me limito a vaqueros y suéteres, pero ese vestido me gustaba y la fiesta me ofrecía una buena excusa para usarlo. Además estaba tratando de cambiar mi imagen, ¿entienden?
Por supuesto me recordé a mí misma no resultaba tan patética como para necesitar cambiar mi imagen con desesperación. Porque no es que nunca haya tenido una cita. Mi historia romántica no será lo que se dice impactante, pero algo de experiencia tengo.

 De hecho tuve mi primera a los doce años y fue con quédense sentados un marinero de diecinueve que nos estaba pintando la casa para ganarse unos dólares durante su permanencia en tierra, o como sea que lo llamen a eso. En realidad, no es tan excitante como parece porque mis padres no sabían que era una cita o no me habrían dejado ir, y yo no sabía que era una cita, o no habría ido. Tanto mis padres como yo pensábamos que el marinero su nombre era Jerry me llevaba al cine por la tarde con su hermanita menor. (En fin, sólo me llevaba a ver una película que su hermanita ya había visto).

De todos modos, Jerry parecía muy seguro de que era una cita porque, no bien llegamos al cine, me llevo a la última fila y me pasó el brazo por los hombros. Dijo:
Me gustas, de veras Demi.

Tú también me gustas de veras conteste yo, porque aquello era lo que, al parecer, había que decir por cortesía. Después, incluso antes de que empezara la película, me dio un enorme y húmedo beso. Yo quedé muy sorprendida. Creo que Jerry se dio cuenta de que había ido muy lejos y no volvió a besarme, aunque si llamó esa noche a las once y dijo:
¿Qué pensaste de mi beso?
Yo dije:
No demasiado Y él nunca más volvió a llamar.
De bodoque, básicamente, los cuatro años siguientes los dediqué a estar enamorada de Ben Crimson. Ben es el hermano mayor de Katie. Tiene tan buena apariencia y el tan popular como ella, y me gustó casi desde el momento que nos conocimos en la escuela primaria. Durante los dos primeros años del secundario trate en lo posible de que no se notara; me imaginaba que no había manera que me correspondiese, y era probable que Katie se pusiera incómodamente protectora conmigo.

Luego pasó algo increíble. Ben me invitó al baile de promoción de mi segundo año. Fue algo así como el día más grande de mi vida, dicho desde un punto de vista romántico. Ben me dio un beso de buenas noches y me dijo que hacía mucho que le gustaba, pero que se sentía raro por ser yo una de las amigas de Katie. Bueno, ¡haberlo sabido antes! En fin, Ben terminó su año dos semanas más tarde y lo mandaron a Notre Dame para un verano de entrenamiento de fútbol antes de que empezara el nuevo año escolar. Cuando lo vi, para Navidad, estaba saliendo con la mitad de las chicas animadoras del equipo y ya era demasiado maduro para una chica de colegio secundario como yo.

Después de Ben, prácticamente estuve libre de enamoramientos. Fui al baile de fin de curso con un chico llamado Jon Stillerman, cuyo padre es el profesor de química. Pasamos un buen rato en el baile e incluso salimos algunas veces después de eso, pero de alguna manera se percibía que allí no había chispas. Además. Es un poco demasiado que la hija del director saliera con el hijo del profesor de química.

Terminé de vestirme para la fiesta de Bobby y fui a la cocina. Katie ya estaba allí, hablando con mis padres. Llevaba unos vaqueros y una camisa de terciopelo rojo. Su hermoso pelo sedoso de color trigo brillaba bajo la luz.
Oh, te pusiste el vestido que te regale dijo complacida.
Me apreté los codos, súbitamente cohibida.
¿Estoy demasiado elegante y ridícula?
Estás estupenda querida me aseguró mamá.
De veras estás espléndida coincidió Katie. Salgamos.
¿A dónde van? preguntó papá.
A una fiesta… en casa de los Johnson dije eligiendo un nombre al azar. Si papá llegaba a enterarse de que íbamos a casa de los weller, podía ponerse nervioso, pues sabía que el señor y la señora Weller se encontraban en Grand Rapids.
¿Van a una fiesta a las diez de la noche? Preguntó. Esa es otra cosa que no entiende de los adolescentes… nuestra manera de ser prácticamente noctámbulos.

Por último, salimos y comenzamos a recorrer las pocas cuadras que nos separaba de la casa de los Weller. Casi no habíamos llegado a la mitad del trayecto cuando empezamos a oír la música. 

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