viernes, 8 de febrero de 2013

El Amante de la Princesa Capitulo 13





Nick se negaba a llamarla por su nombre… pero se sentía tan bien en aquel momento que le daba igual cómo la llamase. Estaba demasiado exhausta como para moverse, incluso para abrir los ojos.
—No me había pasado nunca.
—¿Qué parte no te había pasado nunca? —preguntó Nick.
—La parte… múltiple.
—¿De verdad? —había una nota de incredulidad y orgullo en su voz.
—Pues sí. Yo intento tener mis orgasmos de uno en uno.
—¿Por qué?
—Porque no quiero poner el listón demasiado alto. Así me ahorro una decepción —contestó Miley. Aunque, de hecho, seguramente a partir de aquel momento, y por culpa de Nick, estaría para siempre demasiado alto.
Estaba tan relajada, tan saciada, que podría haberse quedado así durante horas, pero se dio cuenta entonces de que estaba siendo egoísta. Ella estaba satisfecha, pero Nick ni siquiera se había quitado la ropa.
De modo que le echó los brazos al cuello.
—Te toca desnudarte.
—¿Quién lo dice?
—Yo —contestó Miley —. Ahora mismo.
Sin molestarse en discutir Nick sacó la cartera del bolsillo del pantalón y la dejó sobre la mesilla antes de empezar a desnudarse. Los calzoncillos fueron lo último en desaparecer y cuando se los quitó Sophie dejó escapar un suspiro de satisfacción. Creía recordarlo todo sobre él, pero su memoria no le hacía justicia.
—Túmbate —le ordenó—. Ahora me toca mirarte a mí.
Nick era tan implacable que Miley se sorprendió cuando la dejó colocarse a horcajadas sobre él. Y, durante unos segundos, deslizó la mirada por su cuerpo, memorizándolo para que aquella vez, cuando se fuera, no pudiese olvidar nada. Aunque siempre lo recordaría, por muy poco tiempo que estuvieran juntos.
Su cuerpo era tan perfecto… tan hermoso. Más aún por el hombre que había dentro. Y aquella noche era todo suyo.
Casi lamentaba que la aventura no pudiese durar más, aunque sabía que era mejor así.
Cuando sólo mirarlo no fue suficiente, recorrió su cuerpo con las manos. Acarició sus brazos, su torso, su estómago… al llegar a su erección se detuvo un momento antes de rodear el miembro con la mano, apretándolo suavemente.
Nick suspiró, cerrando los ojos.
—Eres precioso —murmuró—. ¿Está bien decir que un hombre es precioso? No quiero acomplejarte.
—Sigue tocándome así y puedes llamarme lo que quieras.
Miley lo acarició de arriba abajo…
—¿Así?
La respuesta fue un suspiro.
Nada le gustaba más que experimentar con el cuerpo masculino, aprender todos los trucos, saber qué lo excitaba, qué lo hacía perder la cabeza. Y durante un rato eso fue lo que hizo: acariciarlo con las manos y la boca. Pero después Nick tomó su cara entre las manos.
—Aunque eso me encanta, quiero estar dentro de ti.
—Espero que lleves preservativos —murmuró Miley. Sería una pena llegar tan lejos para después tener que parar.
—En la cartera —dijo él, señalando la mesilla.
Ah, un hombre que iba preparado. Y dentro de su cartera había no sólo un preservativo, sino varios.
Miley reconoció el paquete como norteamericano, de modo que lo había llevado con él. Lo cual no significaba necesariamente que hubiese planeado aquello. ¿Qué hombre soltero no llevaba preservativos en la cartera?
Después de sacar uno tomó un segundo, por si acaso, y luego tiró la cartera sobre la mesilla. Sonriendo, rasgó el envoltorio con los dientes y le preguntó:
—¿Quieres que haga los honores?
Nick sonrió.
—Haz lo que quieras.
Miley se lo puso, muy despacio, sabiendo por su expresión que lo estaba volviendo loco. Y eso era exactamente lo que quería.
—Hazme el amor —musitó.
No quería que supiera lo real que era esa frase para ella. No quería que supiera que era mucho más que sexo. Como le había dicho diez años antes, cuando creía tener toda la vida por delante.
Nick la sujetó por las caderas para guiarla y Miley, aún húmeda, lo recibió saboreando la sensación de tenerlo dentro.
Mientras se movía acariciaba sus pechos, pellizcando suavemente los pezones, haciéndola temblar. Y después buscó su boca para darle uno de esos besos profundos, apasionados, que casi la mareaban. Pero enseguida se dio cuenta de que no estaba mareada… no, Nick estaba tumbándola de espaldas sin interrumpir el ritmo de sus caricias. Y, de repente, estaba debajo de él.
A la porra con hacer el amor. Quería aquello. Quería dejarse ir, perder el control. Enredando las piernas en su cintura, clavó las uñas en su espalda, gimiendo de placer. No podía parar.
Perdió la noción del tiempo después de eso. Todo lo que oía, veía o respiraba era él. Y cuando creyó que no podría soportarlo más, cuando se sentía más vulnerable, Nick ún la llevó más lejos.
Miley, mírame.
En cuanto sus ojos se encontraron explotó, llevándola con él. Miley sintió que se vaciaba en su interior y seguía temblando cuando se tumbó a su lado, los dos respirando agitadamente, sus corazones latiendo con fuerza.
—No sé tú, pero yo ya no estoy tenso.
No, tampoco ella. Al contrario, estaba tan relajada que casi tenía que hacer un esfuerzo para abrir los ojos.
—Parece que ha funcionado.
Pero, de repente, hacerlo sólo una vez no parecía ya tan buena idea. La idea de tocarlo, de hacer el amor con él de nuevo era demasiado tentadora.
Quizá en lugar de una sola vez deberían limitarse a una sola noche. Y como ninguno de los tenía nada mejor que hacer…
Miley se puso de lado, pasando una pierna sobre su cadera y jugando con el suave vello de su torso.
—¿ Nick?
—¿Sí?
—Tengo un problema.
—¿Qué problema?
—Me siento tensa otra vez.
Él sonrió.
—Bueno, alteza, entonces tendremos que solucionarlo.

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