sábado, 23 de febrero de 2013

De Secretaria A Esposa Capitulo 10




— ¿Crees que trabajo simplemente porque me parece divertido? —espetó Demi. Su arraigado sentido de independencia y autosuficiencia se apoderó de sus sentidos—, ¿De qué otra manera crees que puedo ganar dinero para mantenerme?

—De ahora en adelante, yo me ocuparé de eso. Si llevas a mi hijo en las entrañas, sería justo que como su padre yo cuidara de vosotros dos. Voy a telefonear a la agencia para explicarles lo que ocurre y después organizaré todo para conseguir dos billetes de avión para mañana con destino a Milán. Sugeriría que hoy nos marcháramos de la oficina a las cinco y que nos dirigiéramos a mi casa. Podemos cenar allí juntos, tras lo cual te llevaré a tu piso para que hagas las maletas para el viaje.

Demi, que nunca antes había tenido a nadie que le dijera que se iba a ocupar de las cosas y de ella, reconoció silenciosamente lo apetecible que le resultaba el plan de Joe. ¡Aunque al mismo tiempo le asustaba un poco! Se preguntó si podía confiar en que él mantendría su palabra cuando llegaran a Milán... en que no se arrepentiría. Pero se dijo a sí misma que Joe también estaba depositando mucha confianza en ella al sugerir que ambos viajaran juntos a Italia, por lo que decidió darle una oportunidad a su proposición.

—Está bien —respondió, cruzando las manos en su regazo. Se sintió invadida por un inusual sentimiento de calma. Fue como si, al aceptar la sugerencia de Joe, hubiera permitido que el destino tomara el control de las cosas, en vez de tratar de controlarlas ella y seguir luchando constantemente. Reconoció que estaba muy cansada de luchar y de tener miedo.
Claramente sorprendido, él levantó una ceja.
— ¿Estás de acuerdo? —le preguntó.
—Sí, lo estoy.

— ¿Demetria? Son más de las cinco y tenemos que marcharnos.
Las exigencias del trabajo habían ayudado a que la tarde pasara muy rápidamente y afortunadamente Demi no había tenido mucho tiempo para reconsiderar su decisión de ir a Italia. En aquel momento, Joe estaba detrás de ella. Había tomado su chaqueta y estaba sujetándola para poder ayudarla a ponérsela.

Demi introdujo los brazos por las mangas de la chaqueta. Se sintió tan nerviosa ante la cercanía de Joe que tuvo que intentarlo varias veces antes de lograr ponerse la prenda correctamente. Al darse la vuelta para darle las gracias, él la dejó completamente asombrada al tocarle la tripa.

—Todavía casi ni se te nota —comentó en un tono desconcertante.
Ella contuvo la respiración. Parecía haberse quedado muda. El leve roce de los dedos de Luca fue suficiente para acelerarle el corazón y para que un intenso calor le recorriera el cuerpo. La necesidad que sintió de que él volviera a besarla fue muy intensa, fue como si un poderoso mantra silencioso le recorriera la sangre.

Le rogó silenciosamente que la tocara...
—Supongo que dentro de muy poco comenzará a notárseme —respondió, encogiéndose de hombros. Deseó fervientemente que él no se hubiera dado cuenta del deseo que se había apoderado de sus sentidos.

Se preguntó qué tenía aquel hombre para alterarla tanto. La absorbente autoridad que ejercía sobre su voluntad era como una poderosa fuerza de la naturaleza con la que ella jamás había tenido que enfrentarse antes.
—Pareces un poco cansada —observó Joe, estudiando las facciones de Demetria con preocupación.

Al percatarse de las leves ojeras que tenía ella, se sintió invadido por el arrepentimiento al no haberse dado cuenta antes de lo fatigada que estaba. Si había albergado alguna duda acerca de su decisión de llevarla consigo a Italia para que descansara, cualquier tipo de indecisión quedó disipada.

Los embarazos pasaban factura a los cuerpos de las mujeres, las cuales, cuando se encontraban en ese estado, se sentían más cansadas y mucho más sensibles que de costumbre. Por lo tanto, aparte de comer bien y de evitar el estrés, el descanso era algo imprescindible para la futura madre. Aquello era algo que él mismo había leído en los muchos libros de medicina que había estudiado durante los años en los cuales había intentado desesperadamente tener un hijo con Sophia. Trágicamente, su esposa no había estado destinada a experimentar el embarazo, por lo que no había tenido ninguna oportunidad de prodigarle las atenciones y el cariño que le hubiera encantado entregarle si sus esperanzas se hubieran materializado.

—Vamos... tenemos que marcharnos ya.
Tras decir aquello, colocó la mano de manera solícita en la espalda de Demetria  y la guió hacia su ascensor personal.

La calefacción que irradiaba del exquisito suelo de parqué calentó los pies de Demi, la cual no tenía puestos los zapatos, mientras se acercaba con un vaso de zumo de granada al otro lado de la sala. En el modernamente decorado salón de Joe había una impresionante colección de arte decorando las paredes.
Cuando la noche anterior ella había actuado como su anfitriona, apenas había tenido tiempo de fijarse en los cuadros ya que había tenido que prestarles toda su atención a los invitados de su nuevo jefe.

 Pero, en aquel momento, frunció el ceño al analizar un retrato que ocupaba un lugar de honor en la sala. Contuvo el aliento al percatarse de que aquel retrato no era una copia fidedigna... sino que era el auténtico. El artista era un pintor renacentista que ella había tenido que estudiar durante su último curso de Arte en el colegio. Había visto aquel cuadro en los libros, razón por la cual éste había captado su atención. Fue consciente de que el valor de aquella obra de arte debía ser incalculable.

Se sintió muy impresionada. Al haber también visitado la mansión que Joe tenía en Milán, sabía que el padre de su futuro hijo debía pertenecer a la elite de la gente extremadamente rica. Pero haber visto aquel retrato original colgado de la pared de su salón era algo casi surrealista.

—Ah... ya veo que estás disfrutando de mi pequeño museo de arte italiano.
Embelesada por aquellas obras de arte, Demi no había oído a Joe entrar en la sala ni se había percatado de que éste se había acercado a su lado.

Cuando habían llegado a la maravillosa mansión de Mayfair, él le había dado la tarde libre a su ama de llaves y le había ofrecido a Demi el zumo que ésta había pedido, tras lo cual se había dirigido a las bodegas para seleccionar una botella de vino que acompañara a la comida que les habían dejado preparada. Pero, en aquel momento, ya había vuelto de las bodegas y había captado la atención de Demetria. Ésta se quedó momentáneamente muda al verlo.

Joe se había cambiado de ropa y se había puesto unos pantalones chinos y una amplia camisa blanca. Estaba descalzo. Pudo apreciar el arrebatador y masculino perfil de él, perfil que estaba en seria competición con la deslumbrante mujer del retrato. Invadida por la sensualidad, sintió como le daba un vuelco el estómago.

—Es imposible no hacerlo —respondió por fin, agarrando con fuerza el vaso que tenía en las manos como para aferrarse a algún tipo de realidad—. Estudié este cuadro en el colegio, así que lo conozco bien. Me gustó mucho aprender cosas acerca del artista y de la manera en la que trabajaba. Si las cosas hubieran sido distintas, me habría encantado estudiar la carrera de Arte, tal vez incluso trabajar en ello.
— ¿Qué te lo impidió?

—Simplemente no pude permitirme pasar más tiempo estudiando. Me crió sólo mi madre y tuve que ponerme a trabajar para ayudar con la economía familiar.

— ¡Qué pena! —comentó Joe—. Pero también es algo digno de elogio. Por el tono de tu voz, sé que claramente te apasiona el arte. Debió haber sido todo un sacrificio tener que renunciar a estudiar lo que querías.

—En realidad, no. He aprendido que la vida no siempre resulta ser como esperamos que sea... pero eso está bien. No considero que yo esté en desventaja en ningún aspecto. Pude ayudar a mi madre cuando me necesitó y eso es todo lo que importa. Si Dios quiere, en el futuro tendré otras oportunidades.
—No lo dudo.

—Este retrato... ¿no tienes miedo de que alguien entre en tu casa y lo robe?
—Me impresiona, Demetria, que te hayas percatado de que es el auténtico y no una copia —dijo él, sonriendo. Sus azules ojos brillaron como dos preciosos zafiros—. Pero no temas la posibilidad de que alguien entre para tratar de robarlo. Tengo instalado un excelente sistema de alarma que probablemente sea más seguro que el que protege las joyas de la Corona.

 Tengo expuesto el cuadro porque creo que el arte que es tan maravilloso debe verse, ¡no creo que deba estar escondido en algún sótano! De esta manera, mis amigos pueden disfrutar de su belleza al igual que yo.

—Me alegra que pienses así. ¡La mujer del retrato es completamente cautivadora! —comentó Demi, sintiendo una gran apreciación al darse la vuelta y observar a la sensual mujer morena del retrato.

—Tiene el cabello tan negro como una despejada noche de invierno, los ojos del color del chocolate más delicioso del mundo... y los labios... son unos labios hechos para amar. Es una combinación sensual y conmovedora que es bastante irresistible. Me recuerda a alguien que conozco —comentó Joe.

La voz de éste se había tornado cálida y ella sintió como todos sus sentidos afloraban. Fue como si aquellas palabras la hubieran acariciado físicamente.
— ¿De verdad? —contestó, dando un sorbo a su zumo para aliviar su repentinamente reseca garganta.

— ¿No sabes que estoy hablando de ti, Demetria? Eres tan encantadora como la bella Margherita.

— ¡Estás burlándote de mí! —exclamó Demi, sintiendo como un vergonzoso acaloramiento se apoderaba de su cuerpo ante los elogios de Joe.

Hacía muchos años, cuando había visto por primera vez una copia de aquel cuadro, se había quedado cautivada por el retrato... y el hecho de que él hubiera sugerido que ella se parecía a la preciosa criatura allí pintada no era otra cosa que pura fantasía.
Pero el padre de su futuro hijo estaba mirándola como si estuviera sinceramente perplejo.

—No te he comparado con ella por palabrería, ¡y no estoy burlándome de ti! Todo
 lo que he dicho, lo he dicho en serio —insistió Joe.

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