lunes, 5 de agosto de 2013

Camino A La Fama Capitulo 18




—Tuviste suerte de que pude arreglar eso que habías enviado, le añadí un pequeño resumen, para que estuviesen al tanto de cómo continuaríamos la historia…

— ¿Continuaríamos…?—repitió sin sentido.
—Es un poco de lo mismo, pero supongo que es exactamente lo que quieren—Miró el monitor—Parece que lo trillado, vende.
— ¿Cómo…?

—Eso son detalles, mejor mira el resumen— Demi lo detuvo en seco.

—No, dime ¿Cómo fuiste capaz de enviarle mi capítulo arreglado? Yo no te lo envié a ti— Joseph se encogió de hombros.
—Detalles.
—Dime.
—No.
— ¡Dime!
—Bien—suspiró cancinamente—Los emails que tú envías, viajan a mi casilla antes que a su verdadero destino. Yo lo intercepté, lo arregle y lo envié— Demi se quedó muda por un largo segundo, luego todas las fichas comenzaron a caer en su lugar.

—Tú…—Pero a la primera no le salió nada— ¡Tú! — Joseph retrocedió un paso, alzando las manos en paz—Eres… ¡Dios! ¡Eres un puerco! ¡Fuiste tú!

Demi… 
— ¿¡Cómo pudiste!? ¡Invadiste mi privacidad! ¡Podrías ir preso por eso!

—Estas exagerando, de no haberlo hecho ahora ambos estaríamos en problemas por la estupidez que enviaste.

— ¡Prefiero eso a trabajar con un malnacido como tú!—exclamó encolerizada—Encima lo dices tan suelto de lengua, como si todo esto fuese mi culpa. ¡No tienes moral!

— ¡Tú robaste mi auto!—contraatacó él. Demi puso los brazos en jarra y con una irónica mirada, lo disuadió de ir por ese camino.
—Es todo, te largas de aquí.

—Vamos Demi, lo solucione ¿o no?
— ¿Cuándo? Cuando yo creí que perdería mi carrera, cuando ya todo estaba echado a la suerte. Cuando ni siquiera tuviste la decencia de responder un puto email. ¡Sí! ¡Claro que lo arreglaste! Siempre cuando a ti se te pega la regalada gana, pero no amigo, así no son las cosas. ¡Renunciaste!

— ¡Yo no renuncie! —La miró severamente—Y te merecías estar sola, porque te pasaste de la línea. Tal vez para ti no sea importante, pero era mi auto ¡Mi auto!

—Una mierda de auto ¡Métetelo en el cu…!— Joseph estiró una mano rápidamente para cubrirle la boca, Demi casi se muerde la lengua en el instante en que él la detuvo por la cintura para que no se le escapara.

—Cuidado Demi, hasta cierto punto te lo permito. Pero no creas que no responderé…—Ella lo observó decidida, no le importaba cuan amenazante luciera—

Te hablo enserio—Apartó la mirada reacia — Demi, no lo hagas más difícil. Podemos seguir bien a partir de ahora, hablamos de la historia y como personas civilizadas escogemos la manera de proceder con los capítulos. Ninguno puede renunciar, tenemos un contrato…—Ella siguió mirando hacia abajo—

Mírame—No lo hizo—Mírame Demi —Y tras un segundo completo de no hacerlo, termino por fulminarlo con sus ojos chocolate—Buena chica.

Tal vez no tenía la boca libre, pero si las manos. Por lo que con un gesto de su dedo mayor, le mostro que tan buena era.

—Eso no es necesario, cariño—La rabia se le escapó por la tangente frente a esa única palabra, Joseph la observaba fijamente y el tono sugerente de su voz, la transporto a un lugar del que creía haber escapado. Las imágenes de la semana anterior invadieron su mente de a tropel. Recordó a Joseph bajo su cuerpo, cubierto por las sabanas, completamente delicioso en esos bóxers ajustados.

Se sonrojó, no…peor aún, su corazón comenzó a bombear como loco y la mano con la que tapaba su boca empezó a verse demasiado tentadora. ¿La apartaría si ella le pasaba la lengua por la palma? ¿Cómo reaccionaría él? ¿Estaría sintiendo esa electricidad que despertaban ambos?
Demi…—Oh sí, él también lo sentía.

Su voz ligeramente ronca, le dejaba claro que aquella situación lo incomodaba tanto como a ella. 

Quitó su mano. Joseph esperaba su respuesta, la mente de ella tan solo le decía que lo olvidara todo. Podían reconciliarse de la forma clásica, un beso furtivo y cada uno dejaba sus pesares perderse  entre las sabanas. Al menos ahora lo recordaría, valía la pena el intento. Pero ¡No! ¿En que estaba pensando? «Quítate esas ideas, él no es para ti»

—No— ¿Se lo decía a Joseph o a ella misma? No lo sabía, pero que importaba. Funcionaba—Es diferente, tú has irrespetado mi intimidad…yo no fui tan…

—Sí, lo sé…lo siento—Ambos se quedaron callados. Demi no podía creer lo que había oído, seguramente él tampoco.
— ¿Qué cosa?
—Vamos.
—No, quiero oírlo—insistió, Joseph chasqueó la lengua.
—Venga, lo siento ¿sí? Estuvo mal y le quitare el maldito bloqueo ¿Estas feliz?

—La verdad es que no, pero es un inicio—Le sonrió, pero su interlocutor al parecer no compartía su dicha—Tan serio.
— ¿Podemos hablar ahora?

—No—respondió limpia y llanamente. Joseph rió sin gracia, ella lo ignoró tomando una vez más su camino, lo apartó a un lado y salió al pasillo.
— ¿Por qué no?
—Porque tengo que tomar un helado.
—Me estas jodiendo…—Lo observó un segundo antes de encaminarse al ascensor.
—Cree lo que quieras.
Joseph puso los ojos en blanco antes de salir tras ella, esa mujer estaba loca.

Mientras saboreaba su helado sentada en una banca de madera, él miraba degustando por sí mismo cada paso de esa lengua sonrosada. Iba y venía, como si intentara encontrar un gusto más debajo del ya conocido. Joseph seguía cada movimiento, no hablaban, no era necesario. Ambos estaban disfrutando, a pesar que él no había tomado ni siquiera un bocado.

 Pero el simple hecho de mirarla tan enfocada en su tarea, relamiéndose los pequeños vestigios que quedaban en sus labios, era suficiente. Aquí, allá, tenía ganas de decirle que dejara un poco que él lo limpiaría, pero no se atrevía. Era mejor mirarla, era mejor que pensara que no le ponía atención.

Demi tenía los ojos puestos en la calle, miraba a unos niños discutir por algo. A Joseph no le importaba eso, tenía mejores cosas en que enfocarse. Pero entonces ella le devolvió la atención, se apresuró a recuperar la compostura y al parecer Demi no notó su pequeño carraspeo.
— ¿Y bien?
No tenía idea que le estaba preguntado, pero si hablaban se sacaría todas esas sensaciones que venían atormentándolo en la última media hora.

— ¿Qué cosa?—instó evasivo. Demi dio otra lamida a su conito de helado, mierda no podían hablar en esa situación.

— ¿De qué va el resumen?—Joseph observó a los niños, tenía que aplacar de alguna forma toda esas ansias reprimidas.

—Lo mismo de siempre—musitó, viendo como el pequeño rubio le daba un coscorrón al más grande. Demi se movió a su lado, no supo que hizo exactamente hasta que la espió por el rabillo del ojo. Ella estaba enfrentando su perfil, una forma indirecta de reclamar su atención.
— ¿Y qué es eso? —Otra lamida. Joseph presionó las manos en puños y contó hasta diez.


¿Sabría ella lo delicioso que hacia lucir a ese helado? Seguramente que no, era demasiado inocente para esas cosas. Incluso tal vez pensara que su atuendo la desmerecía, cuando solo despertaba más de una fantasía.

 ¿Cómo se le ocurría salir a la calle en pijamas? Los pantalones de chándal se ajustaban demasiado a su trasero y esa camiseta de tiras, invitaba a más de uno a jugar a descorrerlas, para ver que tanto soportaban sobre sus hombros blancos y desnudos. 

El dibujo de la ovejita le otorgaba un toque infantil, pero dulce. Y la frase que quedaba sobre su abdomen “Meeee…voy a dormir” parecía decirle ¿Quieres venir conmigo? 






Camino A La Fama Capitulo 17




Verdaderos Escritores.

Si la incertidumbre pudiese pesarse, la de Demi ya estaría catastrófica mente obesa. No importaba en qué posición se colocase, parecía que la visión de su computador completamente estático, la atormentaría por cualquier flanco.

Esperar la llamada de Joseph había sido tan desilusionarte  como aquella vez en que descubrió a Papá Noel enfundado en una de las batas de su madre, mientras le enseñaba una sonrisa cómplice y le susurraba en la penumbra del pasillo «Yo también recibo obsequios en navidad» En esa ocasión se había limitado a asentir, pues nunca había tenido el coraje de contarle a su madre esa experiencia.

No importaba cuanto intentara disfrazarlo, el mismo Papá Noel llegaba incluso en fechas en que no tocaba festejarlo. Si bien aquello había sido bastante chocante para su infantil inocencia, ahora ya no le cabía duda de lo que ese hombre hacía con su madre. Por lo que no tenía sentido mostrarse indiferente a la respuesta muda de Joseph, las pruebas estaban a la vista. Él le estaba aplicando la ley de hielo y por primera vez ella no sabía cómo reaccionar.

Con las esperanzas nunca resignadas, había aguardado pacientemente hasta las siete de la tarde. Pero llegado ese momento, no había podido mantener ni siquiera su propio engaño. Él no le respondería. Y ella con la decisión tristemente aceptada, envió el único email que fue capaz de redactar. 

Con las ideas contraídas a meros versos improvisados, le dio un acabado mediocre a aquel capítulo imberbe. No había nada allí que aportara algo a la historia, ni una palabra, ni un párrafo u oración. A decir verdad, parecía el lamento patético de alguien que se vio en un enorme apuro y sin posibilidades de salir airoso, término por abrazar la más penosa de las oportunidades. La resignación.

Eso había enviado, ahora se arrepentía. Incluso estúpidamente, abrigaba la esperanza de poder retractarse. Decir que todo había sido una broma o una equivocación, algo que simplemente la excusara por un segundo. Pero ¿Qué? ¿Cómo?

No es que no se sintiera capacitada, sabía que como escritora no tenía nada que envidiarle a Joseph (aunque lo hacía en lo más profundo de su ser). Pero su mente se había cerrado, bloqueado; y cualquier escritor sabe que no hay peor estadio, que ese que te roba las palabras. 

Se encontraba en disconformidad con su alma y en esos momentos, no existía estimulo o amenaza suficiente que lograra robarle una frase coherente. Ella lo sabía y no podía negarlo, el capítulo apestaba tanto como las manos y mente que lo habían redactado.

Era tan frustrante, Joseph incluso le dinamitado su única vía de expresión libre. No tenía palabras, éstas la habían abandonado a su suerte y

sin ellas se sentía al borde de un abismo. ¿Y por qué? ¿Por qué? No podía comprenderlo, no sabía decirlo, simplemente… no sabía.

Tenía que salir de allí, si continuaba mirando el computador sus ojos estallarían, tal como ocurre en los cuentos que los padres sueltas a sus pequeños, con el estúpido propósito de demostrar su superioridad.

Llevaba dos horas sin noticias, ya no pestañaba eso lo dejaba para momentos de pereza. No podía apartar la vista, los editores normalmente no demoraban tanto en responder. Y ella no pedía mucho, solo el maldito mail de recepción avisándole que ya podía volver a respirar, que ya podía pestañar. Pero nada.

La mente le daba brincos, diciéndole: o te tiras conmigo por ese balcón o lo hago yo sola. Demi intentaba ignorarla, no era el fin del mundo. Tal vez solo de su carrera, pero no es como si no pudiese cambiarse el nombre y comenzar todo de cero ¿verdad?

Había sido una estúpida, por supuesto que ella no podría imitar el estilo de Joseph. Tendría que haberse mantenido firme, dejar que los editores pensaran que solo ella trabajó en el capítulo. 

Pero no pudo, porque sabía que aquello solo le acarrearía problemas a él y por extraño que sonase, no quería que Joseph tirara su gran carrera al traste por incumplir ese estúpido contrato. Estúpido, estúpido, estúpido el momento en que decidió plasmar su firma en la línea punteada.

—Basta Demi, no te obsesiones —Se susurró mansamente, mientras se propinaba ligeros masajes a sus sienes.

Estaba decidida, no iba a continuar esperando. Saldría a beber un té, a oler las petunias (aunque no sabía dónde hallarlas), a correr, a nadar en el río o…a tomar un helado. Sí ¿Por qué no? Un helado la calmaría y la heladería, estaba justo enfrente de su edificio. Ni tendría que cambiarse, solo reemplazar sus pantuflas por unos tenis y asunto resuelto.

Mientras pensaba aquello, iba concretando las acciones. Pantuflas fueras, tenis atados, llaves en la mano y dinero en el brasier, en una última inspección al espejo se dijo que no podía lucir más horrible. Pero le dio igual, no es como si esperara que ante sus pies se abriera una pasarela. 

La idea la hizo sonreír y fue exactamente de ese modo, en que la recibió la persona que la aguardaba en el pasillo.

—Hola Demi —Con las manos en los bolsillos y una sonrisa decorando sus cincelados labios, él le cubría el único camino hacia su helado de tranquilidad.

Allí estaba el muy desgraciado, después de una semana completa de ignorarla con la menor de las delicadezas. Demi sintió la necesidad de borrarle aquella sonrisa de una cachetada, pero se contuvo, no supo como pero lo hizo. Lo observó con el veneno pugnando por salir de sus ojos. ¿Cómo se atrevía a presentarse cuando ya todo estaba perdido?

 ¿Cómo se atrevía a sonreírle con tanta calma? ¿Cómo la miraba de ese modo después de abandonarla a su suerte? ¡Ah no señores! Ella no estaba preparada para verlo, lo único que cruzaba su mente, eran las ansias irrefrenables de arrancarle esos ojos de modelo. 

— ¿Hola Demi? ¿Hola Demi?—repitió como si aquello fuese el peor de los chistes— ¿Es todo lo que dirás?

—Bueno…la última vez te quejaste de que no soy muy protocolar, así que decidí empezar con lo que la gente normal llama: saludo.
—Vete al infierno—masculló empujándolo para que la dejara pasar—Estoy de salida.

—Qué pena, porque tenemos que hablar— Joseph la arrastró del brazo de nuevo al interior.

—Oye, suelta—Lo miró, para remarcar su desagrado. Él no le puso atención, se limitó a colarse en su casa como si le perteneciera de todo la vida—Toda esta semana busque hablarte y tú no hiciste más que ignorarme…—Plantó los pies en el piso—Sabes ¿Qué? Ahora yo no quiero hablar.
—Es importante—insistió él.

—Me importa un bledo—contrarrestó ella.
Demi.

— Joseph —Y con un ademan le apuntó la puerta.
—No me iré, hasta que hablemos.

—Perfecto—Aceptó dirigiéndose a la salida—La basura se recoge los miércoles, procura esperarlos 
en la puerta así no los haces subir por ti.
—Muy graciosa—Él avanzó hasta bloquearle una vez más el camino—Intento ser paciente.

—Pues intenta en otro lado.
— ¡Bien! ¡Es todo! Eres una mujer insoportable, vine aquí para pactar contigo pero tú no tienes caso.

—¿¡Yo no tengo caso!?—Exclamó, incapaz de contener el sarcasmo— ¿Y qué me dices tú amigo? Me abandonaste, tuve que escribir todo el capítulo sola y…

—Y fue lamentable—Argumentó Joseph, dejándola pasmada ¿Cómo la sabia? —De eso quiero hablarte.
— ¿Cómo…?—empezó pero él pareció no oírla.

—Tienes suerte de que pude solucionarlo, es que… ¿En qué pensabas? Ese capítulo no sirve para nada, las frases son incongruentes y los personajes parecen muertos en vida. ¿Cómo se te ocurrió enviar eso?
— ¡Oye! ¡Todo es tu culpa!

— ¿Mi culpa? ¿Y porqué me culpas a mí por tu falta de talento?
—Yo podría haber hecho algo mejor, pero no podía concentrarme… ¡Porque me dejaste sola! Se supone que somos un equipo ¿En dónde estuviste toda la semana? ¿Con quién se supone que discuta las ideas? ¿Con tu maquina contestadora?

—Oh vamos Demi, no eres tan mediocre como para no poder concretar por ti misma una idea…—Suficiente, ella no continuaría esa conversación.
—Eso ya no importa—Lo esquivó.

—Claro que sí, porque tienes que saber de los cambios.
—¿Cambios?—instó súbitamente interesada, en ese preciso momento el monitor de su computador se iluminó anunciando la llegada de un nuevo mail. 

Demi se olvidó de Joseph, de sus palabras, de su presencia incluso de su colonia… ¡Rayos! porque debía de usar una, nadie podía oler tan adictivamente delicioso. Es decir, nada…ella se había olvidado de eso también, bien…no tanto, un poco, quizás de eso no después de todo.

Sacudió la cabeza, en un intento de aclarar sus ideas ¿Realmente estaba pensando en el aroma de ese idiota? 

Tendría que hacerse revisar, eso era masoquismo y estupidismo en su máximo exponente. Fue hasta su computador, la respuesta la aguardaba atrapada en un pequeño sobre de color amarillo. Se imaginaba que diría algo así: Señorita ¿Acaso esto es una broma? Atentamente, sus ex editores.

No debió enviarlo ¿En qué estaba pensando? Bueno ya era tarde, mejor saber la respuesta de una vez por todas, siempre podía añadir la experiencia a su curriculum.

Pero algo no iba bien, cuando la página se desplego frente a sus ojos, las palabras que leyó una y mil veces no le entraban en la cabeza. ¿Les había gustado? 

No era posible, al menos que sus editores estuviesen ebrios o demasiado desesperados, ella sabía que el capítulo había sido patético. ¿Cómo podía haberles gustado? ¿Y qué era eso del resumen? ¿Qué resumen? Si ella no había enviado ninguno.

Soltó un bufido de incredulidad, allí algo no cuadraba. Hasta que…por supuesto, tenía que ser él.

—Era de lo que te quería hablar—musitó a sus espaldas, también inclinado en dirección del monitor. Demi lo miró por sobre el hombro y Joseph volvió a sonreírle con completa docilidad. Pero ella no estaba dócil ¿Qué demonios significaba todo eso?

—No comprendo. 

sábado, 3 de agosto de 2013

Camino A La Fama Capitulo 16





Joseph no respondió, ni el lunes, ni el martes, ni los días siguientes a esos. La mañana del viernes, ella estaba tan estresada que ni había podido concluir el capítulo. 

Debía enviarlo a los editores antes de las nueve de la noche, momento en que no recibirían más partes hasta el lunes. Si pedía una extensión hasta el inicio de la semana, solo hacía que se retrasaran todas las fechas ya programadas y eso no entraba entre sus posibilidades. 

La idea era tener el libro completamente editado en enero, abriéndole la chance de que ingresara en la nueva carrera de nominados. Era una apuesta grande, ellos lo sabían, pero no era imposible. 

Demi había escrito libros en menos de seis meses y ellos podrían hacerlo en cinco, dando un mes de margen para posibles contratiempos.

Pero a ese ritmo no llegaría lejos, un escritor solo no podía pensar como ambos; teniendo en cuenta que un personaje no le pertenecía. Quisiera o no admitirlo, necesitaba a Joseph. Y solo por esa razón volvió a intentar una últimas vez.

Primer timbrazo, nada. Demi cerró los ojos rogando en su fuero interno, segundo timbrazo, nada. Ella comenzó a pasearse por el departamento con el aparato colgado de su oreja, tercer timbrazo...alguien contestó.
—Hola Jo…

—Soy Joseph en este momento no estoy, deja un mensaje y te contactare a la brevedad— «Bip»  Demi soltó un sonoro bufido, era un maldito mentiroso. Su contestadora debía estar repleta de sus mensajes y él no se había dignado a responder ni uno.

—Joseph, soy yo…otra vez—Controló su temperamento, en su interior sentía que debía arreglar las cosas y si no lo hacía entonces, ya nada importaría más adelante—Yo…tan solo te llamaba…

—«Eso es Demi, solo discúlpate» —Quería recordarte que hoy es nuestro día limite…—«¡No, no seas cobarde! ¡Discúlpate por robarle el condenado auto!» 

—Te envié mi parte…no sé si la has visto…—«Bien, ahora la disculpa» —Eso es todo… —« ¡Cobarde, cobarde, cobarde!» Su conciencia tenía razón, lo era y no podía hacer nada al respecto «Dile adiós a tu carrera» —

Y… disculpa por robarte el auto…—Soltó en un exabrupto, sintiendo al instante como su mente le aplaudía por aquella magnánima proeza.

Demi tiro el teléfono a un lado como temiendo que este le pegara una mordida, no había sido tan difícil. Sonrió ampliamente, aun respiraba, aún estaba completa. 

Sí, al menos había sido lo suficientemente madura como para disculparse ahora todo dependía de él. Con una miradita de soslayo observo su computador, si Joseph no llamaba hasta las nueve debería enviar a los editores solo su parte.


—Dios Joseph, no me abandones ahora…—susurro alzando su teléfono del piso. Fue con él hasta el sofá y lo abrazo a su cuerpo esperando, tarde o temprano sonaría y ella no se perdería esa llamada. 

Había intentado arreglar las cosas, correspondía que de una vez todo volviese a su cauce común ¿verdad? 

Camino A La Fama Capitulo 15





— ¡Oye!—Lo cortó, sintiéndose verdaderamente amenazada en ese punto. ¿Era su impresión o acababa de darle un ultimátum?
— ¡Cierra la boca!

— ¡Ni creas que puedes venir a mi casa a decirme que hacer! ¡O…o a amenazarme! Eres un engreído, cavernícola…

— ¡Sigue! Dame una maldita razón…—Espeto entre dientes, ella se silenció. No le gustaba lo que veía reflejado en sus ojos, él estaba verdaderamente molesto, incluso más…estaba…

Bien, no sabía cómo definirlo pues nunca antes lo había visto de ese modo.

Demi respiro profundamente, los gritos no iban a servir de nada. Uno de los dos debía actuar con sensatez y por supuesto que Joseph, no sería el elegido.

—Tu auto está bien…—Instantáneamente al hombre le volvió el color, ella tuvo que contenerse para no rodar los ojos. ¿En serio? ¿Por un estúpido

auto? —Nada de esto hubiese ocurrido si te dignaras a actuar como un ser humano normal…

— ¡Ni creas que vas a culparme a mí! Si no te he puesto una denuncia, fue porque no quería iniciar una persecución. ¡Maldita mujer estúpida!—A Demi se le atoro el aire en los pulmones 

¿Dos veces? ¿Iba a dejarlo llamarla estúpida dos veces en una misma discusión? Sacudió la cabeza con frustración, tendría que haberle dicho que su auto estaba esperándolo panza arriba en un barranco. ¡Arr! Ese hombre la exasperaba.
— ¡Tú eres un idiota! ¡No me grites!

— ¿Qué no te grite?—exclamó con un tono por demás sarcástico — ¡Agradece que no te retuerzo el pescuezo! ¡Si te vuelves acercar a mí o mi auto…

—No concluyó pero ella no lo necesitaba tampoco, sus emociones se habían caldeado a tal punto que ya no se distinguía quién era el acusado y quién el acusador.

— ¿Y quién demonios te quiere cerca? ¡Vete tú y llévate ese asqueroso cacharro! ¡No vuelvas a poner un pie en mi casa!

— ¡Por supuesto que me voy! ¡Ni creas que me hace alguna gracia ver tu horrible rostro!

—¡¡Idiota!!—escupió con ira, pero para entonces Joseph ya había abandonado el lugar. Demi sentía el corazón bombeándole a mil por hora, la frustración que sentía en ese momento intentaba manifestarse en forma de lágrimas y ni siquiera comprendía porque.

 Ella ya sabía que él no la soportaba, pero ¿Por qué le dolía tanto cuando se lo decía sin tapujos? Tan solo había tomado prestado su auto, no planeaba robárselo y sabiendo que era costoso, lo condujo con todo el cuidado del mundo.

Él no tenía razones para gritarle aquellas cosas, no después de que ella se lo hubiese pedido de buena fe. No cuando había despertado abrazada a su cuerpo ¿Cómo podía haber cambiado tanto en solo un par de horas? 

En ese instante si se sentía capacitada para ser llamada estúpida, porque en algún momento mientras observaba la puerta y se debatía internamente, las lágrimas rompieron su resistencia.

— ¡Te odio!—Y lo decía muy enserio, ella era una chica de llanto fácil ¿Para qué iba mentirse? Lloraba con películas, con libros y de tanto en tanto lo hacía en la soledad de su cuarto. 

Pero nunca, nunca había llorado por un hombre… a no ser por su padre. Que Joseph fuese capaz de lastimarla con tanta letalidad, debía significar algo, pero estaba demasiado cansada como para analizarlo. Y su condenado teléfono no tenía mejor idea que interrumpirla.

— ¡Diga! —Sí, la persona del otro lado no tenía la culpa de nada. Pero nadie puede controlar la ira, esta se dirige sola y en ese momento la receptora había sido nada más y nada menos que Ann.
Sus palabras fueron simples y rápidas, al parecer había notado que el horno no estaba para bollos.

Demi tirada en su cama aun le daba vueltas a sus palabras «Nuevo capítulo…editores…siete días» Podría haberle dicho al finalizar “morirás” y el mensaje habría sido igualmente difícil de digerir.

 En teoría tenía que ponerse en contacto con Joseph y plantear un esquema para el siguiente capítulo. Pero Joseph había sido bastante claro con sus palabras “no te acerques a mi” ¿Acaso esa era su manera de decir que renunciaba? 

Si así lo fuese ¿Por qué se sentía responsable? Ellos no trabajan bien juntos de todos modos y era cuestión de tiempo para que las cosas estallaran. Sí el dilema del auto lo había desencadenado, pero de no haber sido ella, habría sido él.

Demi estaba segura de eso, aun así no podía borrarse de la mente esa nube de incertidumbre.

Lo había molestado a tal punto que lo había hecho renunciar, debería sentirse feliz pero no lo hacía. Porque aun estando de malas e incluso con una evidente renuencia, ellos parecían estar comenzando a ponerse de acuerdo en el proyecto. 

Eso era todo, tal vez él no lo decía en serio, seguramente si ella le telefoneaba acordarían un día para encontrarse y seguir con la historia. Habían peleado antes y eso no había logrado que ninguno se bajara de la competencia.


Desafortunadamente los días fueron pasando y las llamadas nunca eran contestadas, Demi sentía vergüenza de decirle a Josh sobre su disputa. Sabía que si hablaba con su agente, él la pondría en contacto con Joseph. Pero esto era algo que ella misma había causado e implicar a Josh parecía una cobardía. 

¿Pero qué podía hacer? Le había enviado emails, lo había llamado a su celular, a su casa y al estudio. En todos los sitios solo obtenía una voz electrónica que le pedía cortésmente, dejar su mensaje.

 En cada mensaje ella procuraba mantenerse calma y hablarle con todo el profesionalismo del mundo, le contaba de su idea para el capítulo y antes de cortar le recordaba la fecha límite.