jueves, 21 de noviembre de 2013

Camino a la Fama Capitulo 43

Tres consejos para la cita perfecta.

—¿Qué tal luzco?—Demi se volvió en dirección a Fiona, quien la observó críticamente desde el sofá.

—Nada mal—respondió con un leve asentimiento—¿Cuándo debes colocarte la venda?—Ella frunció el ceño de manera interrogante.
—¿Qué venda?—No recordaba ningún accidente, pero tal vez Fiona veía algo en ella que valía la pena ser cubierto.

Pensaba que su falda celeste cubría lo suficiente de sus piernas y que su camiseta si bien enseñaba algo de escote, parecía bastante recatada y correcta para una primera cita.

—Bueno ya sabes—dijo su amiga poniéndose de pie y haciéndole una seña para que se diera vuelta.

Demi obedeció a tiempo que sentía las manos de Fiona tomando los mechones de su cabello, para darle un acabado ligeramente decente a sus bucles. Ese día no lo había planchado, Joseph en más de una ocasión le había mencionado que le agradaba su cabello al natural, por lo que estaba dispuesta a lucir sus rulos con orgullo. Al menos esa vez, no prometería nada de las próximas veces. El asunto con su cabello era algo que tomaría años de terapia, para poder aceptarlo tal y como es. Pero era un buen primer paso.

—¿Qué sé?—inquirió aplacando una mueca, cuando Fiona “accidentalmente” le volvió el rostro hacia adelante.

—Una cita a ciegas—informó como si con eso dejara todo claro.
—No te entiendo. —Fiona bufó.

—Si serás tonta, es una cita a ciegas lo que significa que uno de ustedes dos no debería ver al otro. Joseph conducirá así que supuse que tú serias la de la venda. —Su amiga finalmente liberó su cabello y Demi tuvo que volverse para mirarla con el mayor de los desconciertos. No podía estar hablando en serio. Pero un vistazo a su rostro lo confirmó, ella realmente creía que así funcionaban las citas a ciegas.

Un recuerdo muy fugaz golpeó su mente y fue entonces que no pudo aguantarlo un segundo más, rompió en una profunda y llorosa carcajada ante el serio semblante de su amiga. Fiona se cruzó de brazos bastante molesta y esperó hasta que a ella se le pasara la pataleta, pero por más que lo intentaba la risa volvía a burbujear en su interior hasta liberarse por sus labios intensamente. Entonces su amiga le dio un golpe en la cabeza y todo en ella se silencio abruptamente.

—Eso ha sido grosero—Se quejó arreglándose nuevamente el peinado—Sabes que no es fácil trabajar con esto.

—Pues no te rías de mi, mocosa. —Demi se mordió el labio para contenerse. —Tú me hiciste ir así a una cita a ciegas.

—Es que…—Las lágrimas de risa humedecían sus pestañas, esto iba a ser más duro de lo que pensaba—Aquella vez que te mande con una venda en los ojos, era porque sabía que tú no querías salir con Fred y los dos nos habíamos devanado los sesos pensando una manera. Entonces se me ocurrió que si te decía que era una cita a ciegas y que debías llegar al restaurante, y colocarte una venda en los ojos tú le darías tiempo suficiente para que él hiciera lo suyo—Se silenció al ver las chispas que saltaban de sus ojos verdes. —Lo que si me preguntas, funcionó de las mil maravillas.

—¿O sea que me hiciste sentar como una idiota con los ojos vendados, sólo porque él es un idiota inseguro?—Demi sonrió asintiendo con cuidado.

—Es el idiota inseguro que amas ¿no? ¿Cuál es el problema?
—¡El problema es que voy a patearte en cualquier momento y tal vez termines necesitando un lazarillo que te lleve a tu cita!

—Eres demasiado agresiva, amiga, yo intentaba hacerte feliz—Fiona la miró con ojos en rendija, esa era su señal para “corre o esto terminara mal”

Afortunadamente golpearon la puerta y Demi salió disparada a abrir, olvidándose momentáneamente del artículo que había leído el día anterior, en donde se aconsejaba tener al hombre esperando en el umbral algunos segundos, de ese modo una no se mostraba tan desesperada por verlo. Era una ley universal para las mujeres, en donde se estipulaba claramente que: “Jamás debes contestar la puerta, al primer timbrazo” conocimiento de secundaria, según remarcaba la escritora.

Ella estaba segura que debía seguir esas palabras, pues una columnista de una prestigiosa revista femenina no hablaría porque si. Seguramente estaría más que calificada para afrontar una cita, al menos más que ella. Pero en ese instante, tuvo que desecharlo todo pues el instinto de supervivencia apremiaba. Y Fiona no se veía muy dispuesta a perdonarle la pequeña broma.

—Hola Demi, hola Fiona—Ella lo jaló del brazo y cerró la puerta encaminándose apresuradamente por el pasillo—Adiós Fiona. —susurró Joseph quizás algo confundido por las corridas.
—No preguntes—Lo silenció Demi y él asintió, caminando detrás de ella como era su costumbre. Una miradita a su atuendo, le dijo que esa costumbre se estaba volviendo una de sus favoritas.
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Una vez que sortearon a los reporteros y hallaron el deportivo de Joseph, estacionado a dos tortuosas calles de distancia, Demi se sintió tranquila de poder arrebujarse en su interior. 

Él colocó esa música suave de pianos y violines, haciéndola comprender lo poco que sabía de Joseph. No tenía idea cuales eran sus gustos musicales o el por qué de escuchar clásicos mientras conducía, tampoco sabía nada de su vida antes de ser escritor o para el caso si había hecho algo mas en sus veintiséis años. Él llevaba cuatro años en el negocio, pero ¿Y antes? Eran preguntas que estaba dispuesta a descubrir ese día, la cita había comenzado temprano por lo que ella descartaba una cena romántica a la luz de las velas. A menos que él estuviese pensando en llevarla en su jet privado a alguna isla tropical, donde fuese de noche o mejor aun, a una función de opera como en Mujer Bonita. Ella no conocía la opera, sería un detalle por demás encantador y podría poner en practica eso de las reacciones. O la amas y te emocionas, o la odias y jamás te llega al corazón.

Pero apresuraba conclusiones, quizás él ni tenía un jet privado. ¿Para qué lo querría? No es una estrella de rock.

—¿Tienes un jet privado?—Se volvió para mirarla un instante, tal vez cerciorándose de que ella había soltado esa pregunta tan poco común.
—¿Un jet privado?—Asintió esperando a que respondiera—¿Para qué querría un jet privado?

—No lo sé ¿Qué ustedes los ricos no tienen lujos innecesarios?
—Creo que estas pensando en un escalafón más alto del mío. Eso de los jet privados, se reserva para los empresarios ¿no?—Volvió a mirarla en un intento de confirmar su punto—Ya sabes, los magnates de los negocios que siempre tienen un jet privado, para sacar a su chica de turno a una sorprendente cita romántica…—Él se silenció abruptamente, como si una idea acabara de tocar su puerta neuronal—No estarás pensando que te montare en un avión, para llevarte a la opera o algo así ¿verdad?—Demi se sonrojó sin negar o afirmar nada, Joseph sacudió la cabeza sonriendo—Tranquila, no es tu culpa…al parecer Julia Roberts y su cuento de hadas, alteró el cerebro de varias generaciones.


—Oh no seas idiota, sólo me estoy preguntando a dónde vamos. No es como si al finalizar esto, me recompensaras con tres mil dolores. —Él la miró de soslayo, sonriendo socarronamente. 

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