miércoles, 28 de agosto de 2013

Camino a la Fama Capitulo 29










Evento parte 2

— ¿A quién votaste como mejor en ciencia ficción?
—A nadie—Ella lo observó de soslayo sin comprender del todo su respuesta.
— ¿A nadie?—repitió incrédula.

—Pienso que nadie se merece el premio—Demi rodó los ojos incapaz de seguir su razonamiento, e intentando parecer normal alzó una mano para saludar a alguien en la mesa de junto. No que lo conociera pero sin sus lentes, esa persona podía ser un desconocido como también podía ser uno de sus hermanos.

 Y como bien dice el dicho: mejor prevenir que...bueno, lo que sea. Ella sabía que no podía “curarse” la vista, así que ese estúpido dicho, no cuadraba en esa escena.

—Había muy buenas historias nominadas en esa categoría ¿Cómo es que ninguna consiguió tu aprobación? — Joseph se encogió de hombros, volviendo el rostro unos milímetros para murmurarle la respuesta.

—El mejor era Donelly, pero como ser humano me desagrada y no pienso darle mi voto a un idiota egocéntrico como él—Tuvo que ahogar una carcajada irónica al oír aquello.

—Claro, tú solo aceptas que tu ego sea el que se infle por los aires, pero no el de los demás.
—Exacto.

—Estúpido— Joseph la miró frunciendo el ceño.
— ¿Acaso esperas que lo ayude a ganar un premio? Él no va a votarme a mí.
— ¿Cómo lo sabes?

—Solo lo sé —Eso no era una respuesta. Demi se cruzó de brazos indignada por lo lento que avanzaba todo, por la horrible comida que les habían servido y porque Joseph no estaba siendo amable con ella— ¿Tú votaste por mí?—Ella no respondió.

No le daría el gusto de oírla admitir que sí lo había hecho. Pues sí, podía haber ciento de disparidades entre ellos, pero ella aun pensaba que era un excelente escritor y sabía que ganaría aquel evento. Sabía que no era competencia para Joseph, quien tenía más premios que la selección brasileña de futbol.
—Estos mariscos huelen raro.

—Es pescado ¿De aquí a cuando el pescado huele bien? —De acuerdo, el cambio de tema había sido patético. Hablar de comida o del clima, es como caer en el más ridículo de los cliché cinematográficos.

Pero no es como si su coprotagonista se la estuviese haciendo fácil, Joseph se había comportado extraño todo el camino al gran salón de eventos. Y una vez que ocuparon su mesa, no dejo de mascullar comentarios mal logrados para cada escritor que veía. “Ese se acostó con la mujer de aquel” 

“Esa le robo la idea a su hermana…ahora es tan rica que da asco y su hermana está desaparecida o muerta” Y así fue toda la maldita velada, era como si necesitara llenar el silencio entre ambos con sandeces. Ella sabía que Joseph no quería contarle aquellas cosas, pero no encontraban nada más que decirse. Como si de alguna forma cualquier otro tema que tocaran, pudiera ser potencialmente peligroso.

Para cuando Ann y Josh dejaron de repartir besos y halagos, ellos dos parecían niños impacientes por comer algo de azúcar. Sacudían las piernas por debajo del mantel, golpeaban cucharitas y bebían agua con excesiva urgencia. Estaba fluctuando entre ellos esa necesidad invisible de mantenerse ocupados, pero ¿Para qué? ¿Para no mirarse? ¿Para no decir algo que los comprometiera? ¿Para no despertar al fantasma de la carretera?

Cuando había aceptado dejar todo en el olvido, no reparo en el detalle de que debería pasar los siguientes meses de su vida, padeciendo el recuerdo de algo que tenía enfrente. Era como darle una botella de vino a un alcohólico y golpearlo en las manos, cada vez que intentara bebérsela.

En este caso Demi se sentía como la persona en abstinencia, mientras que su Cabernet Sauvignon cosecha 1986, parecía ponerse más delicioso conforme pasaban los segundos.

— ¡Esto se pone mejor cada año!—Ni ella ni Joseph, fueron capaces de añadir algo a esa aseveración. Ann se dejó caer en la silla junto a él y lo miró con una enorme sonrisa en sus labios rebosantes de carmín—Aunque no se vería mal, que salieras a socializar un poco—Ahora la sonrisa se posaba en ella.
Demi frunció el ceño, pero no replicó. Prefería dejar las tonterías de falsas amistades a Ann, ella era perfecta fingiendo admirar a alguien, parecía que en la escuela de agentes la materia “besar culos” se dictaba en tres niveles distintos. Y ella se había graduado con honores.
—Joseph nunca ha sido muy dado a hablar con otros escritores—Ambos miraron a Josh, quien siempre parecía hablar de Joseph como si se tratara de un pequeño mimado y consentido.

—No se me dan las adulaciones—Corroboró éste, mareando a su bebida dentro de la copa. Demi seguía los movimientos de sus manos como hipnotizada, estaba segura que en cualquier instante le fallaría y terminaría volcándola sobre el mantel.

—No por supuesto, algunos escritores solo esperan recibir halagos hacia su trabajo. Es comprensible que alguien con tu talento, se reserve dar a conocer sus gustos específicos.

Ella miró a su agente tratando de cuadrar aquel comentario. ¿Qué se suponía que significaba? ¿Si se poseía el talento de Joseph uno tenía derecho a ser desdeñoso? Demi no estaba segura de que él hubiese aceptado las palabras de Ann, pero como siempre fingía ante ella le obsequio una sonrisa cortes, antes de volver su atención a la copa.


Lo que había podido deducir de ese intercambio; fue que era correcto ser antisocial e incluso algo antipático, si eres un gran escritor que no necesita de la aprobación del resto del mundillo literario para sobresalir. Pero en cambio, si eres una escritora que apenas llega a pagar la renta de su departamento en el centro y que aun esperas por ganar la lotería para poder comprar tu primer automóvil, entonces tu anti sociabilidad es una patología que debe ser curada. 

Curioso que dicho razonamiento, haya sido traído a colación por su amigable agente. Seguramente también había sobresalido en la clase “Como hacer sentir igual que una mierda a tu escritor de turno”

Las risas pululaban en el ambiente, las palabras trilladas parecían estar incluidas en la carta y la voz maltratada por el cigarrillo del locutor, no hacía más que taladrarle los tímpanos. Como las diez veces anteriores, Joseph junto sus manos en un aplauso mientras el galardonado le dedicaba su victoria a Dios, sus padres y a quien sabe que otro método de inspiración de moda. Demi sentada a su derecha, sonreía y aplaudía con verdadera entrega.

Donelly había ganado en la categoría de mejor ciencia ficción. Era un premio cantado, todo el mundo sabía que ese tipo se la tenía en la bolsa. No solo por su estupendo último libro, sino también por su “fabulosa” personalidad. Mike Donelly tenía carisma, talento y un ego que necesitaba de su propia silla en la mesa. 

Y ella lo admiraba.
Por supuesto Demi no tuvo que decírselo, Joseph podía leerlo en sus ojos. Incluso se atrevía a decir que lo había votado a él como mejor escritor del año. No es que le interesara el premio, pues le daba exactamente lo mismo ganar o no. 

Pero estando allí presente, no tenía mucho interés de ver pasar a Donelly una vez más al escenario, para vanagloriarse de su insospechada fama. Lo único que lo fastidiaba es que ese reconocimiento interno, ayudaba a Donelly a posicionarse mejor frente a los del nobel. 

Era el problema de ser escritor anónimo, si bien frente a los otros era reconocido como parte del mundo literario. No podía sumarse puntos, con su rostro o su capacidad de llenar una librería en una firma de autógrafos. 

Joseph no tenía la posibilidad de hacerse propia publicidad y ahí Donelly le sacaba ventaja. Pero no por eso cambiaría su modo de presentarse al público, había decidido que sería su talento el que le granjeara la fama, no su rostro o una imagen creada por un profesional.

—Suerte—Una mano se aferró a su antebrazo izquierdo, y al reaccionar se dio cuenta que Ann le estaba sonriendo.

 Le correspondió por mera diplomacia y entonces obligo a su distante atención a dirigirse hacia el escenario.

En ese momento el adicto a la nicotina, también conocido como “el locutor”, anunciaba los nominados para la categoría de escritores de series. Escucho su nombre, el de Demi y el de otro tres nominados. Joseph observo hacia su derecha, a la joven de cabello ondulado y rostro pétreo, casi sonríe al verla tan concentrada. Y mientras él se dedicaba a capturar en una fotografía mental su expresión, el locutor anunciaba al ganador. Pero algo no fue como lo esperaba, aun así…
Demi Manfory.
La respiración se le atoro en una parte que desconocía de su anotomía, sus piernas se volvieron pesadas, más pesadas que todo su cuerpo en conjunto.

 Alguien la llamó por su nombre, alguien agitó una mano delante  de sus ojos, pero ella no reaccionaba. ¿Acaso el hombre del escenario la había nombrado? ¿Acaso esa luz blanca no era Dios y solo se trataba de un reflector? ¿Debía moverse? ¿Se despertaría si lo hacía?

— ¡Demi ganaste!—Ann la sacudía por los hombros, tratando de despertarla de su repentino estado autístico— ¡Sube! ¡Anda!

De alguna forma logró incorporarse y fue cuando se topó con unos ojos azules, fijos en su anonadada figura. Joseph se puso de pie para darle paso y ella incapaz de decir nada, tan solo camino al mejor estilo Terminator. Mirando a todos a su alrededor, sintiendo que parte de su cuerpo volaba hasta el escenario. 

No se concentró en nadie, tan solo recibió su primer y único premio, con rostro de quinceañera a la que le plantan su primer beso de amor. Podría parecer una estupidez, pero ni en sus mejores y más fantasiosos sueños, habría imaginado ganarle a Joseph en algo. Y allí estaba él, observándola desde la mesa con un gesto que no podría considerarse feliz, pero tampoco triste. 

Era difícil leer sus emociones, tal vez con eso encontraba una razón más para odiarla, tal vez encontraba una razón para admirarla. Estaban al fin y al cabo en un mismo nivel, y ahora los escritores ingleses pensaban que ella era mejor que él en algo. 

¿Estúpido? Sí tal vez, pero es que ganar tiene un sabor demasiado irresistible. Estando de pie en el escenario, solo hizo lo que le dicto su alegre espíritu. Agradecer, sin importarle a quien podía molestar con ese acto. Después de todo era su momento de gloria.

Besando dos de sus dedos lo apunto justo a él, como diciendo “Toma parte de mi amor, hoy puedo ser generosa”
………………………………………

— ¡Eres estupenda Demi! ¡Mira que monada este librito!—Ella sonrió tomando el premio de las manos de su agente.


Tan simple como eso, ella había ganado. No el premio a mejor escritor del año, pero había ganado en la categoría que estaba nominada y eso era digno de alabanzas. Se sentía un poco mal, por no haber recibido ni una palabra de Joseph.

 En el momento en que se anunció al gran “escritor del año” y su nombre no era pronunciado por el locutor, él se puso de pie y se volvió un extraño entre las cientos de personas que se alzaban de sus asientos, para ovacionar a Mike Donelly.

Ella no supo determinar si estaba molesto, puesto que luego de bajar del escenario lo había mirado esperando algo y a no ser por un impersonal apretón de manos, no recibió mucho más. Él se concentró en el locutor todo lo que resto de la velada—que no fue mucho tiempo— hasta que finalmente desapareció sin dar explicaciones.
Mientras Ann y ella se bebían una copa en su honor, Demi no podía dejar de darle vueltas al asunto de Joseph. ¿Estaba o no enfadado? ¿Acaso él quería ganar? Cuando hablaron de eso, una semana antes del viaje —ahora olvidado por ambos— él había admitido que no tenía interés en la premiación. 

Incluso le había contado que los premios que ganaba normalmente se los enviaban a su casa, porque él ni se molestaba en ir a recibirlos. Debía de sentirse un poquito mal, después de haberse presentado por primera vez y no haber ganado nada.

—Este es un estupendo gran paso—Decía su agente, completamente ajena a sus pensamientos—Significa que finalmente estas obteniendo reconocimiento de tus pares. 

Claro esto tiene mucho que ver con la fusión de las historias…de alguna forma sabía que asociándote con Rhone lograrías despegar tu carrera—En ese instante no pudo evitar, regresar su mirada hacia Ann tratando lo humanamente posible de no sentirse ofendida.

Le fastidiaba que hablara de ella de esa forma, no es como si no existiera para el resto de los escritores antes de relacionarse con Joseph. Si bien su fama estaba más ligada a la fidelidad de sus lectores, también tenía algo de peso en el mundo literario. 

De apoco se estaba ganando el respeto que sus escritos merecían. Tal vez no al mismo nivel que Joseph o incluso Donelly, pero tampoco era tan patética como para no haber ganado sin esa asociación ¿verdad?
—Espero que Joseph no este molesto.

—No digas tonterías, es perfecto para ambos—La acalló Ann sonriendo casi con diablura—Josh hará que esta derrota, se vuelva algo como… una muestra de caballerosidad—Una vez más Demi tuvo que sostenerse de su silla, para no mandar a su bocona agente al demonio—Esto nos sirve a ambos, te lo aseguro.

—Si…supongo—Sabia que si cedía a esa charla, terminaría diciendo una grosería y luego se vería en la embarazosa tarea de disculparse por algo en lo que llevaba la razón. Era irónico, pero así funcionaba la relación entre ella y su agente. 

Demi era consciente de que Ann le tenía mucha paciencia, pues había que ser atrevido para mancharse las manos con sus escritos. Algo que ya de por si era difícil de vender, incluso a las feminista más orgullosas de todo Inglaterra.

Ann la había rescatado del poso de los don nadie, Ann le había abierto las puertas a su sueño. Por eso Demi podía pasar por alto, tonterías como comentarios que solo parecían ataques continuos a su escaso talento.

—Tenemos que avanzar lento, pero pienso que la presentación a la prensa será todo un éxito. Si tan solo pudiésemos lograr que Joseph se presentara…

—Él es un escritor anónimo, sabes que no da conferencias o lecturas…—Ann sacudió una mano en el aire, como si ese detalle fuese ínfimo para sus maquiavélicos planes.

—Oh no creo que este feliz con la victoria de Donelly, seguramente después de esto Josh lo hará entrar en razón.

— ¿A qué te refieres?—instó confusa. Ann se inclinó ligeramente, como si estuviese por compartirle el secreto de su sonrisa eterna y ese carmín a prueba de licores.

—Joseph ha cosechado fama con todo el asunto de Sir Rhone, pero con esto vera que el anonimato solo lo está limitando. Admito que en parte es culpa de Josh, siempre lo deja hacer lo que quiere…como agente debe mostrarle cual es el camino correcto hacia la fama—hizo una mueca

desdeñosa, antes de continuar—Pero en fin, es un escritor demasiado bueno como para vivir en la sombras. Si tan solo fuese más dado al contacto con otros seres humanos, seria nominado al nobel de literatura, al de medicina, al de la paz. Te lo aseguro…solo necesita del estímulo adecuado.

Por alguna razón no le gusto la malicia que decoraba los ojos pardos de Ann, a veces podía ser bastante obstinada cuando se le metía algo en la cabeza. Un rasgo estupendo en un agente que busca una editorial para vender una obra, pero no tan bueno cuando se trata de inmiscuirse en la privacidad de las personas.

—Entiendo lo que dices, pero eso es asunto de ellos—Ann la miró con la sonrisa helada en el rostro, seguramente no se esperaba una respuesta…o al menos no esa.

—Por supuesto que lo es—rió brevemente—Yo solo digo lo que me parece seria lo adecuado. Ya sabes, tú también podrías intentar mostrarle a Joseph el camino…

— ¡No!—La detuvo, cuando hubo conectado cada pieza de ese puzzle—No pienso interferir, si Joseph es escritor anónimo sus razones debe tener y eso no nos concierne.

Demi ¿Acaso no lo ves? Podrías llenar Waterstone's, si tan solo lo instaras a que te acompañara en la promoción del libro.
—Yo no necesito de él, para promocionar el libro. Además así lo habíamos acordado desde el principio—replicó algo afectada por sus argumentos—Ann, nunca necesite de alguien más para llegar a mis lectores.

—El problema es que ya no te dirigirás a tus lectores, te dirigirás a los de él también. Sus fanáticas, están comprando tus libros porque esperan conocer a la perfección a la mujer que ganara el corazón de James.

— ¿Qué demonios estás sugiriendo?—La increpó exaltada.
—No te alteres Demi, solo estoy señalando lo obvio. Desde que el rumor corre en la red, las ventas de tus libros han ido en aumento. Esto no tiene nada de malo…

—Claro—Interrumpió con sarcasmo—Solo me aconsejas sabiamente, el camino que debo tomar para colgarme de la fama de alguien más.
—Yo no…
—Déjalo Ann, simplemente dejémoslo ahí—Se puso de pie y tomo su premio con las manos temblorosas.
Se sentía insultada en su gran noche, Demi sabía que había ganado porque lo merecía y no tenía nada que ver con una estrategia publicitaria de Ann y Josh. Al menos quería creer con todas sus fuerzas que así había sido.

Caminó por los pasillos abrazada a su pequeño libro de bronce en su delicado pedestal. Se dijo una y mil veces que no debía dejarse afectar por lo que dijera Ann, seguramente no intentaba ser malvada. 

Eso era algo que le salía tan natural como respirar, o las flatulencias. Sus palabras apestaban como las ultimas y aun así, nadie podía condenarla por ello. Pues al fin y al cabo era algo involuntario.

—Ese es el rostro de una campeona—Demi dio un respingo buscando al emisario de ese comentario.
Y tras escudriñar el pasillo en penumbras, logro divisarlo de pie junto a la puerta de las escaleras de emergencia.
—Hola…—Saludo, tratando de no hacer evidente su malestar en su rostro.
—¿Qué pasa?—Joseph avanzó hasta detenerse a pocos centímetros de ella, por un instante Demi pensó que la tocaría, pero su mano termino por caer a un lado de su cuerpo como un peso muerto.
—Nada…—mintió con poca convicción. La idea de que no hubiese sido por su talento y que solo había ganado por mera planeación, le estaba estrujando las entrañas.

—Ok, ahora vamos con la verdad— Ella sonrió muy a su pesar.
—No importa…esto, no es importante—Se evadió, pidiendo en silencio que no la interrogara.

—Bueno, si no me quieres decir lo comprendo—Demi clavo la vista en uno de los botones de su camisa, incapaz de mirarlo a la cara—Pero… ¿Qué te parece si festejamos?
— ¿Qué festejaremos?
—Tú victoria.

—Pero…—Se detuvo un segundo, cualquiera creería que para pensar sus siguientes palabras, obviamente ese cualquiera no conoce muy bien a Demi—Te gané —Joseph sacudió la cabeza y al mirarla nuevamente, una centellante sonrisa decoraba sus labios.
—Sí, creo que eso lo sabemos todos.
— ¿Y no estas molesto?

— ¿Molesto?—Si estaba actuando, ella iba admitir que el tipo la tenía bien ensayada. Pues por un instante, realmente se creyó que él no comprendía la razón de su pregunta— ¿Por qué iba a estar molesto?

—Bueno…—Lo miró con cierto grado de desconfianza—Estábamos nominados para el mismo premio—Realmente la risa de Joseph podía curar el cáncer, en eso iba darle un punto a Ann. Si lo escucharan reír, seguro le dan el nobel de medicina.

—Soy consciente de eso y creo que ha ganado el mejor—Admitió sofocando aun su risilla.

— ¿Estas drogado?—Debía preguntar, una nunca podía descartar ninguna hipótesis.

—Vamos Demi, intento ser un buen perdedor ¿Por cuánto tiempo seguirás humillándome? —Poniéndolo de ese modo, ella casi se sintió como el lobo que se comía a Blanca nieves. Aunque…el lobo, se comía a la de vestido rojo ¿o esa era la de la manzana? ¡Demonios! Debía darle una repasada a sus cuentos de princesas.
—Ok…—Y hasta ahí llegaba su raciocinio, más cuando cierto escritor de ojos azules ponía carita de cachorrito regañado.

—Entonces…tengo un Champagne en mi habitación—Con un ademan de su mano le apunto el elevador. Ella dudo un segundo, solo un segundo antes de seguirlo.
—Soy más dada al Cabernet.

—Veremos que podemos conseguir—Las puertas del elevador se cerraron y ella se permitió analizar aquello un instante.

¿Estaría bien subir a su habitación? ¿Los dos solos? ¿Otra vez? Demi sabía las respuestas a todas esas preguntas y aun así, no le importó. Quería

en su noche de victoria, ganar de todos los modos posibles. Y con todo el calor del momento por la discusión con Ann, la presencia de Joseph en ese diminuto ascensor y la promesa de su vino 1986 a punto, esperando ser puesto en la mesa. 

Ella no sentía que algo estuviese mal, aunque muy probablemente las cosas cambiarían cuando las puertas del cuarto 38B la transportaran a un mundo solo habitado por ellos. Pero ¿Para qué cuestionarse antes de tiempo? Todavía quedaban seis pisos, antes de llegar a destino. 

jueves, 22 de agosto de 2013

Un Tío Malo Capitulo 10












Demi no se le pudo resistir. No a él. Instintivamente cerró los ojos y rodeo su cuello con los brazos.

 Harry profundizó el beso pegándola más a su cuerpo, demostrándole así lo duro que ya estaba. Ella gimió sobre sus labios.

- Mmh….- gruño Joseph.- estoy muy duro.

- Entonces… haz algo al respecto.

Y por supuesto que lo iba a hacer. Incapaz de soportar por mucho tiempo más, acunó con las manos su trasero y la levantó, obligándola a que envolviera sus piernas en las caderas de él. 

En poco tiempo ya estaban en la habitación de su hermana. 

Aun besándose, Joseph la dejo encima de la cama matrimonial y le desabrochó los primeros botones de la blusa, dejando ver así sus pechos cubiertos por un atractivo sostén negro.

- Tío.- gimoteó.- hazme el amor…
- Con una sola condición.

- ¿Cuál?- pregunto con desesperación, dispuesta a hacer cualquier cosa.

Joseph deslizo su mano por su seno derecho. Lo acaricio sobre la tela del sostén y aun así, pudo sentir lo duro que estaba su pezón. Ella volvió a gemir.

- Por favor, haré lo que tú quieras.- dijo ella. - ¿Lo que sea?
- Si.
- Entonces… dime que no vas a volver a ver a Mark.

Demi lo miro, esta vez con el ceño fruncido. Se incorporó mejor en la cama e iba a hablar, pero él se le adelantó.

- Prométemelo.

- Ya te dije que no.- dijo segura, y es que no pretendía ceder.

Y eso basto para que a Joseph se le fuera la excitación de golpe, substituyéndolo por odio.

 Apretó los puños tan fuertes, que las manos le comenzaron a temblar y se levantó de la cama para dirigirse hacia Demi.

 Sus músculos se tensaron, y mientras le hablaba, la estaba apuntando con el dedo índice, como si se tratara de un padre llamándole la atención a una hija fastidiosa.

- Si no lo haces…

- ¿Y si no lo hago qué?- dijo firme, desafiándolo.
- Llamaré a tu papá.- le amenazó.

Enseguida Demi se tensó. Su pulso se aceleró, y comenzó a respirar agitadamente. Su tío estaba jugando sucio con ella, y de la peor manera.

- No te atreverías a llamarlo.- le dijo, ahora mirándolo con terror.
- Claro que sí. Y tenlo por seguro que lo haré si no me obedeces.
- Tío, por favor, no llames a mi papá.- le pidió.

- Entonces prométeme que no lo volverás a ver.

Demi solo bajo la mirada y, despacio, negó con la cabeza.

- Vale, tú lo quisiste. Llamaré a tu padre.- y se giró con la intención de irse.

Pero ella lo siguió.

- Tío, no lo llames.- suplico al borde del llanto.- por favor, ¡Por favor!- gritó, pero Joseph la ignoró, y para entonces él ya se había encerrado en su cuarto, y coloco seguro a la puerta, para que ella no pudiera entrar.

Pero Demi no se movió de allí. Apretó los labios, mirando la puerta y sintió sus ojos arder por las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos. 

Tragó saliva bruscamente, para desatar el nudo en su garganta y abrió la boca para hablarle, porque sabía que aunque no la viera él aun la escuchaba, pero lo único que consiguió fue que sollozara. Tapo rápidamente su boca con las manos y ya no aguantó, varias lágrimas deslizaron por sus mejillas.

Y fue ahí cuando entendió que Joseph no la escucharía. Lentamente, se giró y camino hacia su habitación para tirarse a su cama y llorar en silencio.

Un Tío Malo Capitulo 9









Joseph levanto un dedo.

- Regla número uno: desde ahora en adelante, me avisaras a donde y con quien deseas salir. Yo decidiré si vas o no.

- ¿Qué? ¡No! ¡Yo puedo salir con quien quiera y cuando sea!
Él continúo como si ella no hubiese hablado.

- Dos.- dijo.- podrás salir todo lo que quieras, siempre y cuando llegues a la hora acordada que, será hasta las 10. 

Ni una hora más, o serás severamente castigada.

Demi abrió la boca para protestar, pero la volvió a cerrar al darse cuenta de que sus berrinches no servirían para nada. 


Relajó su postura y se obligó a seguir escuchándolo.

- ¿Y la tercera?

Otro dedo.

- No volverás a ver a ese tal Mark.

Demi abrió los ojos a tope. Vale, era capaz de soportar las dos primeras reglas, ¿Pero la tercera? ¡Jamás!

- ¡Estás loco!- exclamó eufórica.- Mark es como mi hermano, y te guste o no, seguiré viéndolo cuantas veces se me plazca.

Mientras ella hablaba, Joseph le echó una rápida mirada a la pared que estaba tras ella e imaginó lo magnifico que sería apoyarla contra aquella y penetrarla una y otra vez. 

Humedeciéndose los labios con la lengua, Joseph se volvió a dirigir a ella.

- Vas a cumplir con todas las reglas te guste o no.

- Pues no estoy de acuerdo.- levanto la barbilla, desafiándolo.- me niego a cumplir con la tercera regla.

- Lastima, porque vas a tener que hacerlo.
- Oblígame.

Lejos de intimidarlo, sus palabras lo incitaron a hacer con ella lo que hace segundos antes se imaginó. 

La acorralo contra la pared y apoyo sus manos a su costado, prohibiendo así de que escapara.
- Tu no… tú no eres mi padre.- susurro ella, ignorando la mano de Joseph que empezaba a recorrerle el muslo.

- Es verdad, pero tengo toda la autoridad sobre ti. Y puedo hacer contigo lo que sea.- enterró su nariz sobre su pelo, aspirando ese exquisito olor a rosas.- cumplirás con esa regla. Prométemelo.
- No.- su voz sonó entrecortada. Ella maldijo por lo bajo.

- Si lo harás.- y la beso, tan intensamente, que ella sintió sus rodillas temblar.